lunes, 13 de julio de 2026

JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD, Río de Janeiro, 2013

A mi me tocó alojarme en un departamento que nos dejaron unos supernumerarios jóvenes. Ellos se fueron a casa de sus padres y nos dejaron su departamento con todas las comodidades y en refrigerador lleno. Conmigo se alojó el P. Ricardo Hage y mi sobrino José Luis Figuerola. Al departamento íbamos solo para dormir, comíamos algo antes de acostarnos. Por las mañanas tomaba el tren para ir al colegio donde estaban los chicos para predicarles una meditación y celebrarles la Santa Misa.

Después del desayuno salíamos corriendo para alguna actividad y por las tardes eran las reuniones con el Papa en la playa de Copacabana. Almorzábamos donde podíamos, algo ligero y rápido. Había que salir temprano porque había más de un millón de jóvenes que se dirigían al mismo lugar. Los medios de comunicación colapsaron, se pensaba que vendría muchos menos.

Las autoridades de Brasil calificaban de fenómeno sociológico a esta multiplicación de jóvenes imprevista para ellos en los días anteriores. Eran horas de desplazamiento y teníamos que andar en volandas y en una misma dirección, no se podía regresar porque eran miles caminando apretujados para llegar a la playa de Copacabana con horas de anticipación.

El millón de jóvenes ocupaba toda la playa, eran kilómetros, habían puesto varias pantallas electrónicas para poder ver el estrado donde iba a estar el Papa. Mientras nos instalábamos en el lugar donde nos correspondía, los grupos musicales y un maestro de ceremonias amenizaban el ambiente. Hasta que se anunciaba la llegada del Papa en medio del alboroto la muchedumbre, la gente corría para acercarse al Papa Móvil y algunos, más atrevidos están dispuestos a saltarse los cordones de seguridad para darle la mano al Santo Padre.

El entusiasmo y el cansancio se juntaban, las hurras y los aplausos se multiplicaban, los conjuntos musicales alternaban con alguna representación y las palabras del Papa Francisco quedaban grabadas.

Yo estuve en Copacabana cuando el Papa se reunió con los jóvenes y el día de la Santa Misa cuando pude concelebrar con 15,000.00 sacerdotes. Fue algo impresionante. Nos regalaron unas casullas color crema con sus estolas del mismo color.

La JMJ de Río fue una magnífica experiencia para los jóvenes. Los que fueron con nosotros recuerdan con mucho cariño esos días intensos vividos al lado de jóvenes de distintos países que querían escuchar al Papa y renovar su compromiso como cristianos, auténticos seguidores de Nuestro Señor Jesucristo.  

También participé en la Santa Misa que el Papa Francisco celebró en la Catedral de Río. Éramos miles de sacerdotes. Fue una ceremonia inolvidable y muy conmovedora. Era también la oportunidad de rezar junto al Santo Padre.

Uno de esos días se organizó una tertulia de jóvenes que frecuentan los centros del Opus Dei.

Seis mil jóvenes de todo el mundo que participaban en la JMJ 2013 se dieron cita en el Centro de Convencoes Sul America di Rio para hablar con el obispo prelado del Opus Dei, Javier Echevarría. La cantidad de jóvenes —universitarios y bachilleres, fieles de la prelatura y amigos suyos— obligó a los organizadores a duplicar esa misma mañana la disponibilidad de sitios (la sala tenía capacidad para 3.500 personas) y, de este modo, se verificó de nuevo una de las constantes de estos días: la multiplicación de números.

Obviamente, eran numerosísimos los brasileños y los argentinos (800), pero también se hicieron notar representantes de otros continentes: desde Oceanía hasta Europa y desde África hasta Asia.

El hilo conductor fue la invitación a seguir haciendo diariamente lo que el papa Francisco pidió el día de su elección a la Sede Pontificia: rezar por su persona y por sus intenciones. Además, a Mons. Echevarría se le preguntó sobre el valor de la amistad, la importancia de la confesión, el sentido del pudor y, especialmente, acerca del cuándo y del cómo descubrir la propia vocación.

El 26 de Julio del 2013 cumplía 65 años de edad y estaba en Río de Janeiro. Ese día hubo una tertulia del Obispo Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, con numerarios, en un Centro de la Obra. Como era mi cumpleaños me sentaron al lado del Padre y allí estuve toda la tertulia. Fue un gran regalo de cumpleaños.

Fueron días intensos y de mucha emoción los que pasamos con el Santo Padre y más de un millón de jóvenes. Un compañero de colegio quería asistir a la JMJ con su esposa y una hija, la menor, que todavía estaba con ellos.  Yo no sabía en qué grupo podría encajar para que puedan participar de la JMJ y los conecté con una parroquia.

Cuando estaba en Río pregunte sobre la suerte de esa familia y me dijeron que les había tocado como alojamiento una casucha en una Favela. Me preocupé mucho por esa noticia. Pensé que mi amigo me reclamaría al terminar la JMJ. Ya en Lima, unos días después, mi amigo me llama por teléfono y me dice que estaba agradecidísimo, porque le había tocado estar en casa de una familia sencilla y pobre pero que valían oro. Estuvieron sin comodidades compartiéndolo todo. Para ellos fue una experiencia inolvidable. Hasta ahora se comunican con esa familia carioca; hicieron una buena amistad. (P. Manuel Tamayo. Página Web: Alpakana.org).

 

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