viernes, 3 de julio de 2026

La visita a la ciudad de Curitiba

Otro día me llevaron de paseo a Curitiba, había pasado tiempo y todavía no la había visitado. Es una ciudad moderna y ordenada, la 6ta de Brasil, capital de Paraná, al sur de Sao Paulo. Fue un día precioso de intenso sol. Estuve en un gigantesco mirador (en Brasil todo lo hacen a lo grande) desde donde se veía toda la ciudad, también llena de rascacielos, hay un edificio que está construido en medio de la calle, por debajo de él pasan los carros y los peatones. 

El alcalde de esta ciudad ha sido genial con el transporte público, los ómnibus tienen las puertas elevadas a una altura determinada, solo se puede subir a ellos desde las plataformas que están en los paraderos. No hay manera de subir o de bajar en cualquier sitio. Además con un solo pago se puede ir a cualquier sitio de la ciudad. 

Del mirador nos dirigimos  al museo para ver algunas obras de los famosos artistas brasileños. El edificio del museo es espectacular, parece un ojo humano gigantesco que está rodeado de jardines y de piletas. Lo diseñó el famoso arquitecto Oscar Niemeyer, que acaba de morir a los 105 años de edad. Como era lógico ese día se estaban exhibiendo sus obras en un amplio salón, que es independiente de las 7 salas que tiene para exhibición. En una de las salas estaban las obras del famoso pintor brasileño Di Cavalcanti y en las otras salas distintos pintores y escultores. 

No había mucho tiempo para verlo todo. Era ya tarde y la hora del almuerzo, de allí nos dirigimos  a un enorme parque dedicado a Juan Pablo II. En ese lugar, había una heladería, que tenía una hermosa pérgola, ideal para nuestro almuerzo, al final compramos unos helados y tomamos un exquisito café.  Terminando de almorzar dimos unas vueltas por los barrios residenciales de Curitiba, me enseñaron la plaza donde está el palacio de gobierno (cada Estado tiene su palacio y su congreso), y la avenida gigantesca que se utilizó para las multitudes que recibieron al Papa Juan Pablo II cuando vino a Curitiba en la visita que hizo a Brasil.

Por la tarde fuimos a visitar un colegio que se llama «El Bosque» porque está en un auténtico bosque metido en medio de la ciudad, tiene además una colina que separa el colegio de hombres del de mujeres. Ahora la educación diferencial vuelve a ponerse de moda. El portero, que tenía bien puesta la camiseta del colegio (era un hombre contratado) hizo de cicerone con un entusiasmo desbordante y nos lo explicó todo; apareció también el director de unos 45 años que es astrónomo de profesión, muy hablador y divertido, se ve que es un extraordinario pedagogo, dicen que tiene un sistema muy bueno para que sus alumnos puedan conocer mejor las constelaciones del espacio: por las noches manda apagar todas las luces y sale con la gente al jardín para dar lecciones de astronomía. Todos están esperando ese momento porque  da sus clases con verdadera pasión y resultan muy interesantes. No se queda atrás el profesor de bilogía, que se maneja con un grupo bastante numeroso de niños en el laboratorio y a todos los tiene embelesados e hipnotizados con lo que les enseña. No se cansa y está feliz con su curso y el colegio. Me explicaron lo complicado que fueron las gestiones para las aprobaciones del colegio por parte del Estado, que como en otros sitios, en vez de ayudar pone trabas. Del colegio regresamos a «Sitio dos Pinhais» donde nos esperaba una agradable piscina después de un día trajinado y de calor.

Como suele suceder en estas ocasiones de descanso, los días se pasan a unas velocidades vertiginosas y el tiempo se va entre las reuniones, los paseos y el deporte. Las noches también tienen su encanto con las gratas tertulias después de la hora del Jantar donde salen temas muy interesantes de los distintos lugares. Uno de los temas que estuvo bastante tiempo sobre el tapete fue la Jornada Mundial de la Juventud, que el próximo año será en Río de Janeiro con la asistencia del Papa Benedicto XVI.

Río de Janeiro tiene 6 millones de habitantes, es una de las ciudades más famosas por su belleza y también porque hace muchos años fue la capital de Brasil. Es una ciudad que mezcla lo tradicional con lo moderno, conocida por sus famosas playas como Ipanema Copacabana, también por el tradicional carnaval y el inmenso Maracaná que ahora lo están refaccionando para el próximo mundial de fútbol del 2014. Para la Jornada Mundial de la Juventud se espera que lleguen 3 millones. Los organizadores están en pleno trabajo para que todo quede muy bien y pueda ser, como dicen ellos mismos: la Jornada de la Juventud más grande del mundo.

Mientras estuve en Brasil hubieron dos acontecimientos deportivos que hicieron noticia y salieron en primera plana en los periódicos: la final de la Fórmula 1 y la final de la copa mundial de clubes de fútbol que ganó el Corinthias con los goles de Paolo Guerrero. Hubo prácticamente un carnaval en São Paulo, un mar de gente por las calles recibió al equipo que llegó del Japón. Todo lo vimos por la televisión y también lo celebramos.

El «Sitio do Pinhais» hay un silencio encantador, solo se oye el canturreo de los pájaros, el viento cuando sopla fuerte y por las tardes el sonido de los aviones que están por aterrizar (el aeropuerto está cerca), también de vez en cuando el sonido de los truenos cuando hay tormenta (no existen discotecas cercanas que emitan sonidos perturbadores). Los sonidos de la naturaleza tienen su encanto y combinan muy bien con el silencio necesario para el descanso y la reflexión.  Los que no vemos llover nunca en Lima podemos quedarnos horas contemplando la lluvia  que cae con fuerza golpeando sobre el suelo empedrado y sobre las hojas de los árboles. Es una naturaleza recia que no daña al hombre.

La experiencia brasileña ha sido interesante, después de 20 días de estar escuchando portugués el oído se acostumbra y se entiende mucho mejor. Ahora puedo repetir frases enteras y con un poco más de esfuerzo podría encontrarme en condiciones de manejarme solo por las ciudades y pueblos  de este país. Los peruanos, sin querer, le damos las espaldas a Brasil. Es un país que vale la pena conocer por su potencialidad, su trabajo y su gente.

En la mentalidad y los modos de ser hay bastante similitud con los peruanos. Creo que el idioma ha sido el factor que ha impedido un mayor acercamiento entre peruanos y brasileños, aunque en los últimos tiempos ha aumentado el número de peruanos en las universidades brasileñas. Es un país incomprensiblemente caro, creo que se debe a las políticas socialistas de sus últimos gobiernos: todo tiene impuesto y son muy altos, luego, como siempre, no se sabe dónde va el dinero recaudado. A un brasileño le resulta más barato viajar para comprar en el Perú o en los Estados Unidos que comprar en su propio país. A pesar de todo Brasil es la 7ma potencia económica del mundo. (P. Manuel Tamayo. Página Web: alpakana.org).

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