viernes, 3 de julio de 2026

La visita a la ciudad de Curitiba

Otro día me llevaron de paseo a Curitiba, había pasado tiempo y todavía no la había visitado. Es una ciudad moderna y ordenada, la 6ta de Brasil, capital de Paraná, al sur de Sao Paulo. Fue un día precioso de intenso sol. Estuve en un gigantesco mirador (en Brasil todo lo hacen a lo grande) desde donde se veía toda la ciudad, también llena de rascacielos, hay un edificio que está construido en medio de la calle, por debajo de él pasan los carros y los peatones. 

El alcalde de esta ciudad ha sido genial con el transporte público, los ómnibus tienen las puertas elevadas a una altura determinada, solo se puede subir a ellos desde las plataformas que están en los paraderos. No hay manera de subir o de bajar en cualquier sitio. Además con un solo pago se puede ir a cualquier sitio de la ciudad. 

Del mirador nos dirigimos  al museo para ver algunas obras de los famosos artistas brasileños. El edificio del museo es espectacular, parece un ojo humano gigantesco que está rodeado de jardines y de piletas. Lo diseñó el famoso arquitecto Oscar Niemeyer, que acaba de morir a los 105 años de edad. Como era lógico ese día se estaban exhibiendo sus obras en un amplio salón, que es independiente de las 7 salas que tiene para exhibición. En una de las salas estaban las obras del famoso pintor brasileño Di Cavalcanti y en las otras salas distintos pintores y escultores. 

No había mucho tiempo para verlo todo. Era ya tarde y la hora del almuerzo, de allí nos dirigimos  a un enorme parque dedicado a Juan Pablo II. En ese lugar, había una heladería, que tenía una hermosa pérgola, ideal para nuestro almuerzo, al final compramos unos helados y tomamos un exquisito café.  Terminando de almorzar dimos unas vueltas por los barrios residenciales de Curitiba, me enseñaron la plaza donde está el palacio de gobierno (cada Estado tiene su palacio y su congreso), y la avenida gigantesca que se utilizó para las multitudes que recibieron al Papa Juan Pablo II cuando vino a Curitiba en la visita que hizo a Brasil.

Por la tarde fuimos a visitar un colegio que se llama «El Bosque» porque está en un auténtico bosque metido en medio de la ciudad, tiene además una colina que separa el colegio de hombres del de mujeres. Ahora la educación diferencial vuelve a ponerse de moda. El portero, que tenía bien puesta la camiseta del colegio (era un hombre contratado) hizo de cicerone con un entusiasmo desbordante y nos lo explicó todo; apareció también el director de unos 45 años que es astrónomo de profesión, muy hablador y divertido, se ve que es un extraordinario pedagogo, dicen que tiene un sistema muy bueno para que sus alumnos puedan conocer mejor las constelaciones del espacio: por las noches manda apagar todas las luces y sale con la gente al jardín para dar lecciones de astronomía. Todos están esperando ese momento porque  da sus clases con verdadera pasión y resultan muy interesantes. No se queda atrás el profesor de bilogía, que se maneja con un grupo bastante numeroso de niños en el laboratorio y a todos los tiene embelesados e hipnotizados con lo que les enseña. No se cansa y está feliz con su curso y el colegio. Me explicaron lo complicado que fueron las gestiones para las aprobaciones del colegio por parte del Estado, que como en otros sitios, en vez de ayudar pone trabas. Del colegio regresamos a «Sitio dos Pinhais» donde nos esperaba una agradable piscina después de un día trajinado y de calor.

Como suele suceder en estas ocasiones de descanso, los días se pasan a unas velocidades vertiginosas y el tiempo se va entre las reuniones, los paseos y el deporte. Las noches también tienen su encanto con las gratas tertulias después de la hora del Jantar donde salen temas muy interesantes de los distintos lugares. Uno de los temas que estuvo bastante tiempo sobre el tapete fue la Jornada Mundial de la Juventud, que el próximo año será en Río de Janeiro con la asistencia del Papa Benedicto XVI.

Río de Janeiro tiene 6 millones de habitantes, es una de las ciudades más famosas por su belleza y también porque hace muchos años fue la capital de Brasil. Es una ciudad que mezcla lo tradicional con lo moderno, conocida por sus famosas playas como Ipanema Copacabana, también por el tradicional carnaval y el inmenso Maracaná que ahora lo están refaccionando para el próximo mundial de fútbol del 2014. Para la Jornada Mundial de la Juventud se espera que lleguen 3 millones. Los organizadores están en pleno trabajo para que todo quede muy bien y pueda ser, como dicen ellos mismos: la Jornada de la Juventud más grande del mundo.

Mientras estuve en Brasil hubieron dos acontecimientos deportivos que hicieron noticia y salieron en primera plana en los periódicos: la final de la Fórmula 1 y la final de la copa mundial de clubes de fútbol que ganó el Corinthias con los goles de Paolo Guerrero. Hubo prácticamente un carnaval en São Paulo, un mar de gente por las calles recibió al equipo que llegó del Japón. Todo lo vimos por la televisión y también lo celebramos.

El «Sitio do Pinhais» hay un silencio encantador, solo se oye el canturreo de los pájaros, el viento cuando sopla fuerte y por las tardes el sonido de los aviones que están por aterrizar (el aeropuerto está cerca), también de vez en cuando el sonido de los truenos cuando hay tormenta (no existen discotecas cercanas que emitan sonidos perturbadores). Los sonidos de la naturaleza tienen su encanto y combinan muy bien con el silencio necesario para el descanso y la reflexión.  Los que no vemos llover nunca en Lima podemos quedarnos horas contemplando la lluvia  que cae con fuerza golpeando sobre el suelo empedrado y sobre las hojas de los árboles. Es una naturaleza recia que no daña al hombre.

La experiencia brasileña ha sido interesante, después de 20 días de estar escuchando portugués el oído se acostumbra y se entiende mucho mejor. Ahora puedo repetir frases enteras y con un poco más de esfuerzo podría encontrarme en condiciones de manejarme solo por las ciudades y pueblos  de este país. Los peruanos, sin querer, le damos las espaldas a Brasil. Es un país que vale la pena conocer por su potencialidad, su trabajo y su gente.

En la mentalidad y los modos de ser hay bastante similitud con los peruanos. Creo que el idioma ha sido el factor que ha impedido un mayor acercamiento entre peruanos y brasileños, aunque en los últimos tiempos ha aumentado el número de peruanos en las universidades brasileñas. Es un país incomprensiblemente caro, creo que se debe a las políticas socialistas de sus últimos gobiernos: todo tiene impuesto y son muy altos, luego, como siempre, no se sabe dónde va el dinero recaudado. A un brasileño le resulta más barato viajar para comprar en el Perú o en los Estados Unidos que comprar en su propio país. A pesar de todo Brasil es la 7ma potencia económica del mundo. (P. Manuel Tamayo. Página Web: alpakana.org).

jueves, 25 de junio de 2026

 Un día de playa en Ilha del mel, Brasil, 2012

 En estos días de curso todas las semanas había un día libre para salir a conocer algún lugar que nos apeteciera, podíamos escoger entre varias opciones. El primer día hice un viaje hasta la costa, aquí le llaman el litoral, recorrimos 140 km, como de Lima a Cañete, para los brasileños no es nada esa distancia. Fuimos a una playa que está en una isla. El recorrido de la sierra donde estábamos hasta la costa duró dos horas, fuimos por una gran autopista y luego empalmamos con una carretera pequeña que recorría en la misma dirección del mar pasando por pequeños balnearios y alguna que otra caleta.

Llegamos a un muelle costero de un lugar llamado Paranaguá y alquilamos un barco pequeño, llamado Cair do sol, para ir hasta la isla en un viaje de media hora por el mar. Mis compañeros de excursión llevaron de todo: chalanas pequeñas para el mar, bicicletas, pelotas…y cuando llegamos a la orilla de la isla el organizador nos dijo: «cada uno puede hacer el plan que quiera, quedamos en vernos aquí a las 5.00 pm». 

El lugar, que también era paradisíaco, se llamaba «Ilha de mel», un islote bastante grande cubierto de vegetación. Para ir hasta las playas había que entrar por unos caminos estrechos, que iban surcando los árboles y matorrales, era tan tupido que parecía estar en la selva.

Daba la impresión de estar en un lugar inhóspito y salvaje, sin embargo todo estaba indicado con carteles pintarrajados de un modo rústico para no perderse, el paisaje que uno se iba encontrando en esos corredores parecía sacado de un cuento infantil: casas de madera, que eran estancias para  turistas que venían los fines de semana, restaurantes de comida campestre y tiendas minúsculas de abarrotes con lo justo para abastecerse y lo que no podía faltar: una capilla para la Santa Misa muy bien puesta. Todo eso estaba metido debajo de los árboles y funcionaba con el orden de las grandes ciudades, es que también había luz eléctrica, agua potable y una tienda que alquilaba películas.

Con los que me acompañaron recorrimos un buen trecho andando unos 20 minutos antes de llegar a la playa. La vegetación tupida continuaba casi hasta la orilla del mar donde había un peñón alto con un faro en la cima para orientar a los barcos.

La playa de arena blanca y fina, aparecía esplendorosa como un tesoro que se acaba de descubrir, llegar a ella era producía conmoción. Era algo semejante a la impresión que se lleva el que está perdido en el desierto y se encuentra con un oasis.

El descubrimiento del mar después de estar encerrados en esa selva era como la llegada de la libertad, por fin podíamos disfrutar del mar y de la arena blanca.  Esa playa era un verdadero paraíso. Rápidamente dejamos las cosas en una cueva bajo el peñón y corriendo entramos al Atlántico para darnos un buen chapuzón, se podía nadar bien en el agua tibia y cristalina que reflejaba el azul del cielo. Después de estar un largo rato en el agua, regresamos a la «selva» para almorzar y tener una buena tertulia bajo los árboles, sin nada de calor…todo gratísimo.  Nos quedamos en la playa hasta la puesta de sol, el barco nos devolvió al litoral y emprendimos el viaje de retorno por las carreteras. Como era de esperar empezó a llover y llegamos a la casa a las 9. 30 pm. 

Cada día que pasaba iba creciendo la confianza y la amistad con los demás participantes del curso. Como el trato de los brasileños es súper amable, no existe para ellos la ironía sarcástica criolla, las bromas que se hacen tienen otro matiz, se toman el pelo cariñosamente, son muy histriónicos y artistas, en sus expresiones resultan graciosos.

En las celebraciones intervienen todos, no tienen la menor vergüenza para contar un chiste, cantar o recitar una poesía, tampoco para actuar. En la celebración de los cumpleaños, que llaman aniversario, al homenajeado se le desean parabienes y se le prepara la comida que le gusta.

También hay que anotar que los brasileños tienen un «nacionalismo» simpático, que causa a la vez gracia y admiración. Es un orgullo con fundamento in re, por los logros que han alcanzado en los distintos Estados, se sienten los grandes diplomáticos del mundo y extraordinarios anfitriones, en cambio se avergüenzan de la corrupción que hay entre políticos y funcionarios. Todos los días en los periódicos aparecen casos de corrupción que son verdaderos escándalos y a ello se suma una preocupante delincuencia con muertes diarias. Ellos dicen que los periódicos exageran para darle una mala imagen a las autoridades actuales. También es verdad que en un país que tiene casi 200 millones de habitantes, los números de los muertos por violencia no son tan grandes.

En algunas tardes solariegas, aproveché la ocasión que me daban los grandes espacios de tiempo libre, para dar un paseíto por los jardines de la casa y leer un libro plácidamente, sentado en un banco en medio del verdor de la naturaleza o en mi habitación que tiene una gran ventana (janela en portugués) desde donde se contempla un bosque tupido de araucarias que se mezclan con árboles de todo tipo y se siente el canturrear de los pajarillos.

Ahora estoy leyendo una novela interesante de Mercedes Salisachs, que ha sido premio Planeta, se llama: «Entre la sombra y la luz» título adecuado para resaltar las variaciones en las tonalidades de los bellos paisajes que se pueden contemplar desde los balcones y terrazas de la casa, cuando el sol juega con las nubes y poco a poco se va apagando la luz.

También se puede ver desde mi cuarto una ermita de madera construida en el jardín y escondida entre los árboles. La visita a la Virgen no puede faltar cuando se contempla con agradecimiento la maravilla de la creación a través de la belleza natural de los paisajes. Era necesario detenerse unos minutos en la ermita para decirle ¡Gracias! a la Madre de Dios. (P. Manuel Tamayo, Página Web: alpakana.org).

 

 

domingo, 21 de junio de 2026

El viaje a Curitiba, 2013

Al día siguiente por la mañana seguía lloviendo. Pensaba que por ese motivo mi avión para Curitiba no iba a salir. Me explicaron que rara vez se paraliza el aeropuerto y que existen los instrumentos necesarios para poder viajar con tormentas o con el cielo cubierto. Mi amigo Kuk me llevó nuevamente al aeropuerto, almorzamos en una pizzería y antes de dejarme me dio una serie de instrucciones. No tuve ningún inconveniente y pude tomar el vuelo 3331 de TAM que me llevaría a Curitiba. El avión estaba lleno, nos sirvieron un lonche y enseguida llegamos a nuestro destino. El vuelo duró solo media hora.

Esta vez todas las indicaciones eran en portugués. Menos mal que al entrar al hall del aeropuerto había un grupo de profesionales que iban al curso internacional donde yo estaba invitado. Conecté con ellos enseguida, no tuve problemas con el idioma porque había uno que hablaba castellano. Entre varios tomamos un taxi y nos dirigimos a la dirección de la residencia que nos iba a hospedar durante 20 días.

Resulta que la residencia estaba a 30 kilómetros de Curitiba en pleno campo.  Durante el viaje pude ver la belleza de un paisaje encantador y cautivante. Ya me habían explicado que la zona era lluviosa cien por ciento, por ese motivo todo era de un verdor espectacular que combinaba todo tipo de plantas y flores con grandes árboles.

La residencia donde íbamos se llamaba «Sitio dos Pinhais» (el lugar de los pinos), la carretera asfaltada se perdió enseguida y entramos a una afirmada de donde se podían ver los parajes más increíbles, se veía el horizonte con pequeñas colinas llenas de árboles, en el fondo el cielo celeste con gruesas nubes blancas que cambiaban de color por el sol y creaban un paisaje distinto cada vez. Los pinos gigantes combinaban con las araucarias que eran más numerosas y le daban al lugar una tonalidad propia; se podría decir que la araucaria es el árbol típico del lugar. En el camino hacia la residencia pasamos por una colonia de Polacos que han construido unas casas estilo alemán en medio del campo y una iglesia tipo europeo que lucía bonita en medio del verdor.

En “Sitio dos Pinhais”

Llegamos a «Sitio dos Pinhais» a las 7.00 pm, había sol todavía y una temperatura de 19 grados, la casa es muy grande y espaciosa, tiene para alojar a 40 personas con habitaciones y baños individuales,  a un lado de la puerta de los cuartos hay un pequeño cuadro con el escudo y el nombre de alguna ciudad brasileña, el living es amplio con una buena chimenea y una vidriera al fondo desde donde se puede observar un horizonte que combina el jardín con las colinas, la exuberante vegetación y una variedad de colores que cada día trae el cielo, la casa también cuenta con un oratorio bastante amplio y con aulas, elegantemente decoradas, para las clases o conferencias con todas las comodidades para poder pasar allí muchos días sin tener que salir: calefacción para el invierno, aire acondicionado para el verano, una tienda con útiles de aseo y de escritorio, un buen proyector para ver películas y unas buenas instalaciones deportivas: piscina de 20 mts, cancha de fútbol, dos de tenis y una de frontón.

Los jardines amplios con alamedas para pasear y contemplar los hermosos paisajes que desde allí se pueden apreciar. La puesta de sol se ha convertido en una actividad que nadie se pierde. Cada día hay una variedad de colores y figuras distintas que surgen de la combinación de los rayos solares con enormes nubes que se van desplazando a distintas velocidades por el horizonte. Este espectáculo gratuito que nos regala la naturaleza, empieza a las 8.00 pm.

La naturaleza varía tanto que en minutos se puede pasar de la luminosidad del sol a la oscuridad de la tormenta. Los termómetros también varían y obligan a sacar chompas el pleno verano. El clima es realmente grato porque no se pasa ni calor ni frío, no existen agobios ni sudores, solo la placidez de estar, tal vez, en algún paraíso terrenal.

En «Sitio dos Pinhais» estábamos 30 personas asistiendo al curso internacional de humanidades, había médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, economistas, administradores de distintos lugares del Brasil, había también uno de origen polaco, otro italiano y tres japoneses que hablaban perfectamente el portugués.

Las primeras reuniones fueron para conocernos bien. Me hice pronto con una lista de todos y a los pocos días ya podía llamarles por su nombre. No es tan fácil porque los nombres en portugués no se retienen con facilidad y mucho menos cuando hay apelativos. En Brasil se suele llamar a las personas por el apelativo familiar en diminutivo, por lo que se hace más difícil retener los nombres y apellidos oficiales.

Para mi intervención sobre el Perú me hice, con la ayuda del internet, un power poínt, con fotos de Lima y de ciudades del interior, conseguí unos buenos mapas y así pueden explicar en una reunión de una hora, cómo era nuestro país.  Les llamó mucho la atención la Cordillera de Los Andes, las grandes alturas de la sierra y la escasez de lluvias en Lima.  No se lo creían cuando les conté lo que pasó con Yungay en el terremoto de 1970.

En otras reuniones surgieron temas de la política internacional, como los factores que determinaron la crisis económica en Europa, o la cuestión árabe y la proyección de los países de oriente en la cultura occidental.

Se pasaron algunas sesiones de cine con películas interesantes como «La gran prueba» que se llama también «sublime tentación», «Kiseki» del director japonés Hirokazu Koreeda y dos mexicanas: «El estudiante» y «La Cristiada»

En los tiempos libres jugué unos buenos partidos de tenis, uno de fútbol, que me fue muy bien porque pude meter un gol y cuando apretaba un poco el calor tenía la piscina a mi disposición para refrescarme un poco. Tampoco pude resistir a la tentación de salir a pasear por el contorno. Hice unas caminatas por los terrenos de cultivo que pertenecen a las casas de campo vecinas, anduve entre vacas y caballos, escuchando los ladridos de los perros y el canto de los «queros queros» unos pájaros que abundan en esta zona, y aparecen de improviso entre los árboles y matorrales.

Me llamó mucho la atención ver desplazarse a velocidad por los jardines de las casas de campo a las gallinas de Angola, con un correteo alocado, como si alguien las estuviera persiguiendo. Son de color gris y tienen un aspecto voluminoso. Los entendidos dicen que son comestibles y que su carne es muy grata. Para mí era una novedad.

En Brasil hay una variedad de comidas típicas muy agradables. Se suele comer mucho en las tres comidas que se hacen en el día y al final se remata con el café, que no puede faltar. También hay variedad de chocolates y helados, pero no tienen la calidad de los peruanos.  (P. Manuel Tamayo. Página Web: Alpakana.org).

jueves, 11 de junio de 2026

En Wanderley, una residencia de Sao Paulo

En el aeropuerto de Sao Paulo, después de las gestiones de rigor para recibir la maleta y poder entrar al país, pude salir al hall donde me estaba esperando Kuki, un ingeniero japonés nacido en Brasil que hablaba solo el portugués y un poco de japonés. Le habían dado mis datos para que me recoja y me lleve al hospedaje donde me iba a quedar. No era tan difícil dar conmigo porque era el único sacerdote que viajaba en ese vuelo. Él pensaba que yo dominaba el portugués, me saludó y empezó a preguntarme muchas cosas que yo no podía entender. Nadie le había dicho que yo no conocía el idioma. Verse con alguien que no le entendía le puso un poco nervioso. Hicimos lo que había que hacer: ir al carro y trasladarnos al alojamiento.

Al subir al automóvil me hace entender que demoraríamos cerca de una hora antes de llegar a la casa. El tiempo fue suficiente para hacer intentos de entendernos mejor. Procuramos hablar despacio en nuestros propios idiomas y así conseguimos una aceptable comunicación.

El portugués es muy claro y fácil cuando se lee y si alguien se esmera en pronunciarlo despacio se puede entender bastante bien; a ellos les pasa igual con el castellano. Ambos hablábamos en cámara lenta, casi en infinitivo sin usar artículos y pronombres, y así pudimos entendernos mejor, él me pudo contar algo de su familia y de su trabajo y yo también le dije quién era, de dónde venía y dónde estaba trabajando. De vez en cuando me interrumpía para que viera algo en el camino. Casi no pude ver, porque estaba pendiente de mi primera conversación en portugués y porque traía encima el peso del viaje.

Después recorrer algunos kilómetros por una buena autopista, con un tráfico fluido, entramos en la ciudad y enseguida llegamos a una residencia de profesionales situada en un barrio residencial llamado Perdices. Allí me esperaban para alojarme unos días antes de mi partida a Curitiba.

La casa era un edificio de cinco pisos muy bien puesta, tenía una buena biblioteca, un oratorio y varias salas de estar. Se llamaba Wanderley, que era el nombre de la calle. La frecuentaban profesionales de distintas carreras para asistir a clases o conferencias de formación humana y profesional. Cuando llegué era la hora de la comida. En la mesa conocí a los que vivían allí, lógicamente todos querían informarse sobre el Perú y se armó una larga tertulia de sobre mesa acompañado de un exquisito café brasilero. Todos eran de una amabilidad impactante, se preocuparon de darme los datos necesarios para mi estancia en Brasil y me contaron de la situación política y social de su país.

Lo del idioma no fue problema porque en esa casa la mayoría sabía castellano. Allí me di cuenta que los brasileños saben más castellano que los peruanos el portugués. Ellos consideran al castellano la lengua más importante después del inglés y me atrevería a decir que en Brasil hay más gente que habla castellano que inglés. Uno de ellos decía que muchos brasileños entienden mejor el castellano que el portugués que se habla en Portugal.

Junto a los chocolates que había comprado les deje algunas publicaciones mías. Celebraron mucho cuando les enseñé el libro que había escrito sobre la corrupción, uno de ellos me lo pidió con la intención de sacar una edición en portugués; era el tema del momento, al día siguiente pude leer en los periódicos los escándalos de corrupción de varias autoridades de São Paulo; creí que todavía estaba en el Perú.

En Brasil hay 3 periódicos importantes que son equivalentes a «El Comercio» e incluso tienen el mismo formato, “O Estado de São Paulo», «O folha de São Paulo» y » O Globo» de Río de Janeiro.

Los Estados, como el de São Paulo, son autónomos y tienen sus legisladores. Brasil más que un país parece un continente, tiene 8 millones de kilómetros cuadrados y aunque el terreno es accidentado hay pocos cerros, el monte más alto está en la Amazonía y mide 3,000 mts de altura sobre el nivel del mar. São Paulo está a 800 mts. Es una ciudad tropical y calurosa, aunque no tanto como Río de Janeiro y muchas otras que suelen tener una temperatura más elevada. Esa noche dormí como un niño.

 

Un paseo por Sao Paulo

Al día siguiente salí a conocer la ciudad con Alfredo, un español que lleva más de 40 años en Brasil, está atravesando la década de los 70 años, pero se le ve muy saludable y animoso. Desde el primer momento se ofreció para sacarme a pasear.

Por la mañana me llevó en su carro por los barrios residenciales. Me impresionó ver la cantidad de edificios metidos entre árboles y calles empinadas, como las de San Francisco. El tendido eléctrico va por fuera como en el Perú y desde cualquier sitio se ven las antenas de los canales de televisión y de las empresas de telefonía.

Todo en su conjunto hacen una bonita ciudad donde parece que los arquitectos están en plena competencia, porque los modelos y diseños de los edificios resaltan por su originalidad. Mi viaje coincidió con el fallecimiento de Oscar Niemeyer, uno de los arquitectos más renombrados del país, que tiene obras por todas partes con un estilo modernista bastante atrevido y muy suyo. Él es uno de los creadores de la moderna Brasilia.

El recorrido por los barrios residenciales me llevó casi toda la mañana. Entre las grandes avenidas y hermosos parques me llamó la atención una calle donde están las tiendas que venden los carros más lujosos y más caros del mundo. Hay que tener en cuenta que Brasil es un país con un régimen de izquierda donde hay unos impuestos fuertes para ayudar a los más pobres y a la población indígena.

También en Brasil existen varias fábricas y ensambladoras de vehículos que luego exportan a los demás países de Sudamérica. Por las calles se ven carros nuevos de todas las marcas y modelos, aunque no están de moda las 4 x 4 que se ven en las calles de Lima. La gente tiene su automóvil, pero la mayoría utiliza los transportes públicos para ir a sus trabajos. Los carros los sacan para hacer alguna gestión, o para los paseos familiares de fines de semana o días de fiesta. El metro es limpio y moderno, hay varias líneas que atraviesan la ciudad, los vagones son bastante cómodos y cualquiera puede viajar en ellos.

Terminamos esa mañana visitando el instituto Superior de Ciencias Sociales, donde se dan clases de humanidades a estudiantes universitarios y profesionales jóvenes. Hay un curso muy interesante para periodistas; nos contaron que por allí han pasado prestigiosos comunicadores del país.

Tienen también en proyecto unas actividades para administración de empresas. Todo en su conjunto es una obra corporativa del Opus Dei que tiene convenio con ese Instituto Superior de Investigación de empresas de Barcelona IESE, de gran prestigio internacional. El ISCS es un moderno edificio de 10 pisos con excelentes instalaciones, parecido al PAD de la Universidad de Piura en Lima. 

Desde que llegamos nos atendieron muy bien y nos explicaron el trabajo que se hacía allí con alumnos brasileños y sudamericanos, entre ellos había algunos del Perú. En Brasil llama mucho la atención la gran variedad de extranjeros que viven y trabajan en el país. Hace muchos años un tercio de la población de São Paulo eran italianos, también existen colonias alemanas, holandesas… En Curitiba, donde es el curso al que voy a asistir, hay todavía una numerosa colonia de polacos.

También me explicaron allí que en Brasil es casi imposible fundar una universidad porque las leyes son muy complicadas, en cambio sí era fácil poner una facultad que puede dar títulos de maestría y doctorado. A eso apuntan los del ISCS. Nos hicimos unas fotos y nos despedimos de ellos.

Por la tarde dejamos el carro estacionado y tomamos metro para ir al centro. Fue una experiencia muy interesante.  Es moderno, lleno de escaleras mecánicas y muy bien iluminadas y señalizadas. En general puedo decir que me sorprendió lo ordenado y limpio que está todo y la amabilidad de trato que tiene el brasileño en general, siempre están dispuestos a darte una mano en lo que haga falta y se expresan con mucha delicadeza.

En São Paulo a toda hora se ve gente circulando por las calles, igual que en Europa caminan rápido, en las estaciones del metro todo el mundo corre de un lado para otro en todas las direcciones, tratando de llegar a sus destinos.

Conocí la Catedral de estilo gótico, hermosa y gigantesca; muy cerca de allí visité en convento de San Benito que tiene una iglesia con adornos y muchas pinturas orientales tipo bizantino, a las horas litúrgicas los monjes cantan los salmos y la Iglesia se llena de gente, también cuando cantan gregoriano en las Misas.

Muy cerca de ese convento están los edificios del Poder Judicial que tienen una historia peculiar. Son dos edificios gemelos, en el primero se empiezan los procesos y en el segundo se hacen las apelaciones.  En el centro antiguo combinan muy bien los edificios de los años 30 y 40 con los modernos rascacielos. En uno de ellos, que está muy cerca de la catedral, y que debe ser de los más antiguos, el propietario mandó construir en el último piso una casa estilo Luis XV, desde abajo se ve el contraste de la originalidad. No queda mal.

Tomamos nuevamente el metro para salir del centro, al entrar en la estación me enseñaron una nueva línea, recién instalada, que no tiene maquinista. Las máquinas las manejan desde una oficina con los datos que envían las cámaras que están en todas las estaciones. Uno no se lo cree hasta que lo ve. También me explicaron que las personas que tienen más de 65 años no pagan en los medios públicos, (se llaman Idosos). A mí me faltaban unos pocos años para tener ese derecho.

Nos bajamos en la vía paulista, que podría ser la principal de São Paulo, estaba repleta de gente. Nos detuvimos en la librería La Cultura, que es inmensa, como todo Ripley de Lima, pero solo de libros. La librería tenía expertos en cada tema y salas de lectura para los clientes, además un café muy bien puesto.  Estuvimos un buen rato viendo los libros y aprovechamos para descansar del trajín que traíamos de las caminatas por el centro.

Al salir de la librería dimos una vuelta por el centro comercial mirando el gentío y las enormes tiendas, después pasamos por una calle donde pude ver un enorme rascacielos construido sobre una casa antigua con jardín. El edificio podría tener unos 40 pisos y está apoyado en los costados de la casa como si fueran los muros del contorno. Cuando se pasa por esa calle se ve la residencia con un jardín elegante y una enorme mole encima.

Regresamos a Wanderley a la puesta del sol. Eran las 8.00 pm, la hora del Jantar, que significa la hora de la comida. No existe traducción para la palabra desayuno, le llaman: el café de la mañana. Gracias a Dios hubo sol todo el día y no había nada de calor, el termómetro marcaba 23 grados. Al terminar de comer empezó una tormenta de padre y señor mío, con rayos y truenos, algo habitual en São Paulo. Abrí la ventana y la contraventana de mi habitación para ver el espectáculo, pero como estaba tan cansado me acosté y enseguida me quedé seco. (P. Manuel Tamayo. Página Web: alpakana.org).

jueves, 4 de junio de 2026

Viaje a Brasil, Una convivencia en Curitiba

El 2012 tuve la oportunidad de asistir a una Convivencia de profesionales en una casa de retiros del Opus Dei en Curitiba.

Raúl, un chofer conocido y de confianza, me recogió de mi casa a las 6.00 am en punto para llevarme al aeropuerto Jorge Chávez. Unas horas después un avión de TACA me trasladaría a la ciudad de Sao Paulo, donde debería permanecer unos días antes de mi traslado a Curitiba para asistir a un Curso Internacional de Estudios Humanísticos al que estaba invitado.

Raúl es un taxista afortunado, tuvo una vida muy difícil y alterada, pero gracias a la providencia se encontró con un buen magistrado que le abrió las puertas de un mundo honesto lleno de valores. Dentro de ese nuevo derrotero, que desconocía por completo, conoció a un sacerdote por obra y arte de un atrevimiento suyo que parecía más un asalto que una presentación.

Eran así las maneras que tenía Raúl, que ahora, después de su conversión, las empleaba para conseguir mejores caminos. Oyendo por la radio al sacerdote quedó impresionado del tema que trataba y decidió abordarlo. Estacionó el taxi en la puerta de la emisora y en cuanto lo vio salir lo invitó a subir poniéndole el carro por delate. El sacerdote desconcertado pensó que se trataba de un secuestro y alejándose emprendió otro camino. 

Raúl con toda la emoción que traía encima fue tras él y consiguió aclararle las cosas con sus buenas intenciones convenciéndolo para que subiera al carro. Estaba dispuesto a llevarlo gratis donde quisiera. El sacerdote accedió y en el trayecto fue contándole su dramática historia de final feliz, su convicción y actitud hicieron que se ganara la amistad y la confianza del presbítero, que quedó impresionado con el relato. 

Nuestro amigo taxista le había contado los pormenores de su conversión mostrándole al mismo tiempo un interés grande por acercarse a la Iglesia. No es fácil hoy que un sacerdote se encuentre con una persona tan dispuesta y tan decidida. Así son los conversos y éste llegó en la víspera del año de la fe.

Raúl en el camino al aeropuerto me mostró una surtida colección de CD con temas religiosos grabados de algunos programas de Radio María. Igual que otros conversos solía oír esos programas y no se saturaba con ellos.

Él me contaba sus avatares para que yo aplaudiera sus méritos y quedara admirado de las circunstancias que le llevaron a cambiar de vida. Relataba sus vivencias con pelos y señales afirmando con certeza que se trataba de auténticos milagros, que muchos, y especialmente los sacerdotes, deberíamos conocer.

Aunque parecía que exageraba la nota, no reflejaba ningún síntoma de fanatismo en sus expresiones, eran más bien respuestas entusiasmántes, de un hombre que había sido golpeado por unas manifestaciones especiales de la gracia de Dios, que cambiaron una vida disipada por otra mucho más ordenada.

Son los caminos que utiliza la Providencia con algunos, que también motivan en él, en su familia y en quienes podemos advertirlo, una acción de gracias perenne. A Raúl le faltó tiempo para hacerme escuchar, mientras viajábamos al aeropuerto, el audio de un padre agustino que estaba exaltando la figura de San Josemaría Escrivá, «le prometo entregarle una copia cuando usted regrese de Brasil» afirmó rotundamente antes de bajar la maleta cuando llegamos al aeropuerto.

Aeropuerto y viaje

A las 6.30 am ingreso al Jorge Chávez. No había mucha gente; me acerco de inmediato a counter de TACA, paso la maleta y me entregan el boarding pass.  Aprovecho la generosidad del tiempo para ir a la capilla del segundo piso y hacer un rato de oración frente al Santísimo, saqué la agenda para rezar por mi gente y los éxitos del viaje que emprendería en unos minutos. Cuando estaba por terminar escucho por los auto parlantes la invitación para que pasara a la sala de espera.

Después de unos rigurosos controles y de comprar unos chocolates peruanos para regalar en Brasil, ingresé al avión que estaba repleto de pasajeros. Apagamos todos los celulares y empezó el decolaje. En el aire, cuando la nave se estabilizó, nos invitaron un almuerzo tempranero, mi reloj marcaba las 12.30.

Brasil está 3 horas adelantado con respecto al Perú; el viaje duraría unas 4 horas.  Si todo iba bien llegaríamos a Sao Paulo a las 6.00 pm. Antes de salir de Lima había visto en el internet que nos esperaba un cielo cubierto con algunas precipitaciones leves. Efectivamente cuando estábamos en el aire sobre Bolivia, el capitán de la nave nos informó que el avión se movería un poco. A partir de allí fue como el carnaval, fuimos danzando prácticamente hasta Sao Paulo.

A las 5.15 pm anuncian la llegada y el consiguiente aterrizaje en el aeropuerto de Guarulhos. Oteo el paisaje por la ventanilla y empiezo a ver una seguidilla interminable de rascacielos. Pensé que aterrizaríamos enseguida pero no fue así, estuvimos volando durante 40 minutos encima de São Paulo, no era que el avión estuviera dando vueltas, era que estábamos sobre una de las ciudades más grandes del mundo.

Brasil tiene casi 200 millones de habitantes y São Paulo es la ciudad más poblada del país, tiene en total 16 millones. Del aire es muy difícil distinguir los distintos tipos de construcción y los diferentes barrios, todo parecía igual. A las 6.00 pm, como estaba previsto, el avión tocaba la pista de aterrizaje. (P. Manuel Tamayo. Página web: alpakana.org).

 

 

viernes, 29 de mayo de 2026

 

MIS CLASES EN LA UDEP CAMPUS LIMA

El año 2011 hubo elecciones presidenciales en el Perú y ganó Ollanta Humala. Yo seguía viviendo en la Residencia Universitaria Tradiciones. Vivían con nosotros varios chicos de diversas universidades. Por la noche, después de una jornada de trabajo nos reuníamos todos en la cena y en la tertulia. En la casa vivíamos tres sacerdotes, conmigo estaba el Padre Alberto Clavell y el Padre Juan Buendía, también Pablo Ferreyros, Luis Eguiguren, José Fernández. Primero estuvo de director Alejandro Fontana y luego Ernesto Guevara.

Yo era uno de los capellanes del Campus Lima de la Universidad de Piura. Me encargaron la facultad de administración de empresas, tenía también una oficina en el segundo piso. Me indicaron que debía hacerme unas vestes académicas para las grandes ceremonias de la universidad. Fui al sastre que me aconsejaron y en unos días recibí el paquete con las vestes. 

Con los alumnos tenía dos horas de clases, era un curso de teología elemental. A la universidad acudían alumnos de todos los ambientes de Lima y provincia. El nivel de formación religiosa, salvo excepciones era bastante bajo, había que enseñarles el catecismo. Aprovechaba los últimos minutos de la clase para pasarles un video motivador.

En los años que estuve como capellán del Campus Lima hice varios amigos entre profesores y alumnos. Los chicos iban a conversar a mi oficina y también los atendía en el confesionario antes de la Santa Misa, que era al mediodía. En aquellos años también eran capellanes el P. Alberto Clavell, el P. Juan Armas y el P. Alberto Garnique.  

En la capellanía, encargada del oratorio estaba la Sra. Mariella Echecopar y del coro se encargaba Rosa La Rosa. Luis Eguiguren que vivía en Tradiciones, era también catedrático en el Campus Lima, pero estaba muy unido al coro de Piura y alguna vez hizo gestiones para que vinieran a cantar a Lima, con todo lo que eso supone de trabajo y esfuerzo.

El año 2012, organizamos con el Centro de Estudios y Comunicación CDSCO, un curso Internacional de Actualización Teológica, para sacerdotes en la parroquia de Nuestra Señora de la Alegría en Lima. El título del curso fue: “Creo en la Iglesia” y sacamos un libro con las clases de los ponentes. Aprovechamos la ocasión para realizar un evento para familias en el coliseo de la Universidad.

El año anterior Roland Joffé había estrenado en España la película “Encontrarás Dragones”, sobre la vida de San Josemaría. Se puso también en los cienes de Lima y se organizaron algunas funciones para poder verla. No estuvo mucho tiempo en cartelera.

El 2012 organizamos una proyección en el colegio de La Reparación que está frente al campus Lima y pudimos llenar el auditorio con invitados y amigos. Los residentes de Tradiciones y algunos alumnos de la universidad nos ayudaron en la organización. La película, a nivel mundial, no tuvo mucho éxito.

Ya se había anunciado la próxima Jornada Mundial de Jóvenes, JMJ, que tendría lugar en Río de Janeiro. Propuse a algunos alumnos para preparar un trabajo para asistir a la JMJ. Varios se apuntaron. Les conversé de la idea de hacer un libro sobre la juventud del Papa. Las respuestas fueron distintas, a unos les parecía muy difícil y otros veían que lo podían hacer. Tuvimos algunas reuniones de preparación y poco a poco se fueron animando todos. A cada uno se le dio un tema y empezaron a escribirlo. Había que apurarse porque el año siguiente era la Jornada Mundial de la Juventud. (P. Manuel Tamayo. Página Web: Alpakana.org).

 

domingo, 24 de mayo de 2026

EL MATRIMONIO DE JUAN DIEGO

Estaba en el Centro Cultural Tradiciones cuando me llamó el Cardenal Juan Luis Cipriani para pedirme que le ayudara en la preparación del tenor Juan Diego Flores y su novia que iban a contraer matrimonio en Lima.

A Juan Diego no lo conocía personalmente. Sabía quien era por el prestigio y la fama que ya había alcanzado y que había estudiado en el colegio Santa Margarita. Sabía también que le gustaba mucho cantar valses peruanos y que alguna vez había participado en una peña criolla familiar.

El Cardenal me pidió si le podría dar alguna clase de preparación, pero sobre todo que conversara con él y si era posible con su novia. Yo no sabía si la novia hablaba castellano.

Llegó la fecha indicada y el lugar era el colegio Montealto que estaba situado en San Isidro. Llegue temprano y al poco rato llegó la movilidad con los novios. El carro ingresó al patio del colegio y allí tuvimos el encuentro. Después de los saludos les hablé un poco del matrimonio y de la gran oportunidad que tenían de recibir el sacramento. Después hable a solas con Juan Diego paseando por el patio. Estaba muy bien dispuesto y consciente del paso importante que daba en su vida. También pude conversar con Julia, su novia, que estaba bastante entusiasmada y feliz de haber venido al Perú para su boda.

Al terminar la preparación, que no duró más de una hora, nos hicimos unas fotografías. Debo añadir que ellos ya venían preparados para la boda. Aquí era solo ver algunos detalles complementarios.

Cuando ya estaba todo listo Juan Diego se casó en la Catedral de Lima con Julia Trappe (Austriaca). El cardenal Juan Luis Cipriani, realizó el sacramento. El tenor escogió personalmente la música que se tocaría en su boda, donde la pieza más destacada fue la Misa en do Mayor de Beethoven, tema que interpretó en la Basílica Catedral de Ayacucho en 1993. Todo estaba muy bien pensado y la ceremonia fue realmente bella y grandiosa.

Los principales invitados fueron el presidente Alan García y su esposa Pilar Nores; el cantante canadiense Bryan Adams y los embajadores de Alemania, Austria e Italia.

Ésta ha sido una de las contadas veces que la Catedral de Lima abrió sus puertas para celebrar una boda. La última vez fue el 12 de febrero de 1949, cuando la princesa Hilda Marie Gabrielle de Baviera y Luxemburgo y el limeño Juan Bradstock Lockett de Loayza contrajeron nupcias.

El Estado, por su parte, justificó el uso de la televisora nacional basándose en que esta boda era un acontecimiento que promovía la cultura musical y la peruanidad, pues Juan Diego siempre manifiesta públicamente su orgullo de ser peruano.

El viernes previo a la boda se realizó un ensayo general con el coro donde se ultimaron los detalles. El sábado, el novio llegó, apenas pasadas las cinco de la tarde, junto con su madre, María Teresa Salom. La novia arribó pocos minutos después en un Cadillac blanco y de la mano de su padre, Wilhelm Trappe. La emotiva ceremonia oficiada por el cardenal Juan Luis Cipriani destacó por la decoración y por la cuidada selección de las canciones que interpretó el coro, realizada por Juan Diego y su primer maestro Andrés Santa María.

Al finalizar la misa, que duró una hora y diez minutos, el tenor y su esposa se dirigieron a las afueras de la Catedral y ambos, entre pétalos de papel de seda, agradecieron al público y a la prensa. Luego, siguieron camino a pie, y con dificultad, dados los seis metros de cola que tenía el vestido de Julia, hasta la Municipalidad de Lima, donde los esperaba el alcalde Luis Castañeda Lossio. Allí se realizó el cóctel de saludo a los recién casados. Cabe destacar la imponente cantidad de flores blancas que adornaron el recinto.

Para nosotros fue un acontecimiento muy grato de recordar por la valía de esta prestigiosa pareja que eran magníficos profesionales y magníficas personas (P. Manuel Tamayo. Página web: alpakana.org).

La visita a la ciudad de Curitiba Otro día me llevaron de paseo a Curitiba, había pasado tiempo y todavía no la había visitado. Es una ciu...