viernes, 17 de abril de 2026

LA VISITA DEL PRELADO DEL OPUS DEI

Estaba en Tradiciones cuando recibimos la noticia de la visita del Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, al Perú.

En el campus Lima de la Universidad de Piura empezamos a trabajar los preparativos para recibirlo. Algunas tertulias serían en el campus Universitario.

Habían pasado 14 años desde su última visita. La ilusión era grande, la región había crecido y era una nueva oportunidad para estar con el Padre, manifestarle nuestro cariño y recibir todo lo que él nos traía. El año 1996 vino con Don Joaquín Alonso y ahora, en el 2010, con Don Fernando Ocáriz.

El Padre llegó a Lima y se alojó en la casa de la comisión regional en la calle General Varela de Miraflores. Allí tuvo las primeras tertulias con los que vivían allí, otras se realizaron en el campus Lima de la Universidad de Piura y una muy grande y general en la cancha de fútbol del colegio Alpamayo.

Como siempre fueron días inolvidables y de un impulso grande por parte del Padre que venía a visitar a sus hijos. Le alegraba mucho vernos y a nosotros también. Su presencia era una motivación constante para ser más santos. Rezamos junto a él al terminar las tertulias y nos llenaba de esperanza para seguir creciendo con el amor de Dios.

Un día encontró un espacio para ir a Costa a visitar al Padre Javier Cheesman, que estaba en silla de ruedas por un derrame cerebral que había tenido y que lo había dejado bastante disminuido.

El P. Cheesman y Mons. Javier Echevarría son compañeros de ordenación. El encuentro fue muy emotivo. El P. Cheesman no podía expresarse, pero en ese encuentro le salieron unas lágrimas de emoción. El Padre le dio la bendición y le dijo que estaba rezando por él.

En la casita del Campus Lima de la UDEP el Padre recibió a los obispos de Ica, Tacna, Chiclayo, Huancavelica, Yauyos y Abancay, en una pequeña tertulia a primera hora de la tarde, Cada uno le pudo contar alguna anécdota de sus circunscripciones eclesiásticas.  El Padre les agradeció y les dio la bendición.

La tertulia con sacerdotes, en el coliseo de la Universidad, fue muy grata. El Padre se volcó con ellos. Estuvimos los sacerdotes numerarios y los socios de las distintas diócesis y prelaturas. De la diócesis de Lima fue un grupo bastante numeroso junto a su obispo, el Cardenal Juan Luis Cipriani..

El coliseo se llenó en la tertulia con los jóvenes. Había chicos del Saeta, Tradiciones, Los Andes y el Sama. El Padre respondió con gracia y simpatía las preguntas que le hicieron los chicos.

La gran tertulia para familias se organizó en la cancha de fútbol del Colegio Alpamayo. Eran muchos miles. Antes el Padre recibió a algunas familias que esperaban en los ambientes del colegio. Gracias a Dios acompañó un buen clima y el Padre pudo llegar a todos, grandes y chicos. Las preguntas fueron muy variadas. Nos pareció que el Padre se despedía del Perú y que ese sería su último viaje. El ambiente de unidad y de cariño familiar era impresionante. A la salida hubo un tráfico inusual en aquella zona, por la cantidad de carros que habían llegado con ocasión de la tertulia.

En el Santuario de la Madre del Amor Hermoso de Cañete hubo otra tertulia general, en algunas zonas de la carretera Panamericana que venía de Lima había personas, con letreros que saludaban al Padre mientras pasaba. Los de Chilca consiguieron que el carro se detuviera un poco y pudieron saludarle más de cerca.

En Cañete, antes de empezar la tertulia el alcalde le entregó una medalla. Fue ocasión para recordar la visita que hizo San Josemaría a Cañete el año 1974. La tertulia que tuvo en el auditorio de Valle Grande recorrió el mundo. San Josemaría decía que Cañete era un Valle Bendito. La devoción privada por el “santo de lo ordinario” como le llamó el Papa Juan Pablo II, aumenta de día en día.

Hay una imagen procesional que sale todos los años por las calles de Cañete en la fiesta del 26 de junio. En el Colegio “Mater Admirabilis” de Chilca se celebra a San Josemaría toda la semana, alrededor del 26 de junio. Los niños se saben de memoria la oración de la estampa y lo invocan con frecuencia.

Otro día el Padre viajó a Piura y tuvo en el campus de la Universidad una tertulia General muy simpática y emotiva. Fue la última vez que Mons. Javier Echevarría estuvo en el Perú. Cada tertulia parecía una despedida en la forma cómo nos hablaba como dejándonos un legado. (P. Manuel Tamayo, Página Web: alpakana. org).

 

viernes, 10 de abril de 2026

EL FALLECIMIENTO DE MI HERMANA

Cuando estaba en Abancay me llaman de Lima para decirme que mi hermana Teresa no estaba bien de salud. Ella tuvo, años atrás un cáncer y estuvo en tratamiento con radioterapia.  El cáncer hizo metástasis y le complicó la vida y a nosotros también. En esos días le habían hecho unas pruebas y los resultados estaría pronto. No pintaba bien y nos preocupó mucho.

Mi hermana tenía 55 años, Había estado el año pasado en la ordenación diaconal de su hijo José Luis, mi sobrino. Este año empezó a sentirse mal, pero nunca nos imaginamos que vendría lo peor, al contario pensábamos que ya había superado el cáncer. No fue así,  solo quedaba rezar y esperar un milagro.

Mis hermanas me estaban preparando todo para celebrar mi 60 cumpleaños el 26 de julio. La noticia de mi hermana nos afectó a todos.

En Lima la acompañamos al médico en la clínica Ricardo Palma. El oncólogo, sin “pelos en la lengua” y con mucha dureza le dio el veredicto: “ya no se puede hacer nada” Salimos muy mortificados de esa consulta y buscamos las facilidades para que mi hermana tenga un tratamiento adecuado en esas circunstancias. Se trataba de los cuidados paliativos para que pueda tener calidad de vida hasta el final.

Los días fueron pasando entre entradas y salidas de la clínica, las oraciones se intensificaron. Le llevaba a diario la comunión y ella estaba tranquila, resignada a lo que Dios le pidiera. Estaba contenta porque su menor hijo, José Luis, recibiría la ordenación sacerdotal a fin de año.

Mi hermana Teresa frecuentaba la parroquia de la Medalla Milagrosa que estaba a unas cuadras de su casa, le habían encargado los acólitos. Ella también participaba de los retiros mensuales del Opus Dei y era una mujer muy piadosa. Sus sobrinos pequeños la querían mucho porque siempre estuvo pendiente de ellos, les hacía jugar y les contaba cuentos. Su hijo mayor Gerardo mandó imprimir, a todo color y empastados, unos cuentos que mi hermana había escrito: “El hada azul” y que fueron la delicia de los niños.

Su salud se fue deteriorando de día en día. Como ya no había sitio para ella en la clínica Ricardo Palma, la llevamos a la clínica Vesalio. El 9 de agosto de 2008 mi hermana Teresa me llama por la mañana temprano para que le lleve la comunión. Comulgó con mucha piedad en su habitación, a las pocas horas la pasaron a cuidados intensivos. Le avisé a las enfermeras para que le pongan calmantes y quizá que la hagan dormir y así evitar el sufrimiento.

Al atardecer el médico nos informó que acababa de fallecer. Fuimos a cerrarle los ojos y a rezar delante de su cama. Era ya de noche y nos fuimos a cenar a un chifa cercano. Al día siguiente la llevamos a la Medalla Milagrosa donde fue el velorio. Después de la Misa de sufragio, la llevamos al crematorio. Al día siguiente fuimos al Mausoleo que tenemos en el Presbítero Maestro y allí dejamos sus restos.

Los acercamientos a Dios de muchos, que ocurrieron con el fallecimiento de mi hermana le dieron un matiz distinto a la ordenación sacerdotal de José Luis unos meses después. Recordar la vida de mi hermana con la certeza de su intercesión desde el Cielo, agrandaba la esperanza de cada uno, la fidelidad del José Luis en su vocación sacerdotal que fortalecía a toda la familia y a muchas amistades.

El salto al Cielo de mi hermana dejó una huella imborrable en todos y un compromiso de unidad y fidelidad, que, gracias a Dios, perdura en nuestra familia. (P. Manuel Tamayo; Página web: Alpakana.org)

 


miércoles, 1 de abril de 2026

 UN VIAJE A ABANCAY, 2008

En las vacaciones del 2008 viajé hasta Abancay con Alejandro Fontana, fueron además tres chicos de Tradiciones con nosotros. Alejandro, que era director en Tradiciones, se consiguió una camioneta de doble cabina y partimos para Nazca.

En un automóvil hicieron un viaje paralelo Hugo Esquivel, su esposa Lucía Bobbio y su hijo Jaime. Ellos viajaban para Abancay para visitar al obispo y a los sacerdotes que habían conocido cuando hicieron sus prácticas médicas hace muchos años.

Salimos temprano de Tradiciones y por la Costa Verde y Huaylas conectamos con la carretera Panamericana. La primera parada la hicimos en Cañete, pasamos un rato por Valle Grande y enseguida continuamos nuestro camino. Nos quedaban muchos kilómetros por recorrer.

En hora y media estábamos en Ica, dimos una pequeña vuelta por la ciudad para comprar las famosas tejas de manjar blanco y pecanas, que son las originales y las más ricas. No podíamos quedarnos mucho tiempo para que no nos agarrara la noche en el camino. Continuamos hacia Nazca y llegamos a  la puesta del sol.

Tuvimos suerte en encontrar un hotel con playa de estacionamiento privado. Nos quedamos allí justo para dormir una noche y salimos a buscar un restaurante para comer algo. En viaje desde Lima había sido largo y estábamos con bastante hambre. Además tendríamos que acostarnos temprano para dormir bien y poder salir a primerísima hora de la mañana, antes del amanecer.

Enseguida se hizo de noche, dejamos la camioneta en el hotel y fuimos caminando hacia la plaza principal, la plaza se encontraba bien iluminada y llena de gente; nos sentamos en unas bancas a observar el paisaje urbano. Nos llamaba la atención la vida que había en esa provincia iqueña; la plaza era como una gran sala de estar de varios grupos en torno a las bancas. El barullo de las conversaciones se confundía con el ruido que hacían los carros y alguna bocina de algún conductor apurado que contrastaba con el ambiente tranquilo y sosegado de la mayoría.

En un pequeño restaurante comimos algo y nos fuimos rápido a dormir al hotel. No fue fácil conciliar el sueño después de una jornada de viaje bastante intensa.

Estaba todavía oscuro cuando nos levantamos para continuar nuestro viaje. Ya en la camioneta, Alejandro y yo nos turnábamos al volante. Alejandro quería manejar más rato y no me dejaba terminar con mi turno. Los chicos se reían.

Durante el viaje conversamos de mil cosas, unas divertidas y otras serias, también había tiempo para rezar.

En poco tiempo empezamos a subir hacia la sierra, hasta que llegamos a Puquio, que corresponde al departamento de Ayacucho. En ese tramo la carretera estaba rota y había que ir despacio para sortear los baches, y los aniegos. 

Un poco más arriba en Pampa Galera, el paisaje hermoso nos llenó de vitalidad y alegría. Además era un día de sol esplendoroso, que a esas alturas de la sierra no quemaba pero sí conseguía calentarnos un poco y olvidarnos del frío que habíamos pasado en Puquio; mientras íbamos felices en el carro escuchando música podíamos ver correr a las vicuñas en unos campos extensos que combinaban el verde con el dorado en una vegetación exuberante que terminaban en unas montañas que a lo lejos parecían dibujadas por algún artista de polendas; era un espectáculo realmente impresionante.

Pasado el mediodía llegamos a Chalhuanca, que pertenece al departamento de Apurímac y que fue zona roja, años atrás, en la época de terrorismo.

Chalhuanca es la capital de la provincia de Aymaraes. Está situada en el sur del país a 2897 m s. n. m. en la vertiente oriental de la cordillera de los Andes, a orillas del río Chalhuanca, afluente indirecto del río Apurímac. Tiene una población de 27 857 habitantes, dedicados en su mayoría a las actividades agropecuarias y a la minería.

Los sacerdotes de la Diócesis de Abancay recuerdan al Padre Pepiño, un gallego que fue muchos años párroco el Chalhuanca y que era un excelente pescador de truchas. Durante la guerra de Sendero Luminoso, el padre Pepiño tuvo que esconderse en su propia casa para que los terroristas no lo mataran. Contaba unas historias increíbles.

No pudimos parar el Chalhuanca como nos habría gustado porque nos esperaban en Abancay para almorzar y ya era un poco tarde. Llegamos a Abancay a la 1.00 pm., corriendo fuimos al Seminario, allí nos esperaba el rico almuerzo que nos habían preparado para nosotros.

Por la tarde me alojé en el Obispado, estaba Mons. Isidro Sala, obispo de Abancay, Mons. Gilberto Gómez, obispo Auxiliar de Abancay, los padres Doroteo, Miguel Ángel, Mario, entre otros. Alejandro y los chicos se fueron hasta el Cuzco.

Los Esquivel habían llegado también; las religiosas de la Divina Providencia consiguieron alojamiento para ellos.

No había vuelto a Abancay desde hacía 20 años, el 2003 pasé de largo, sin parar, cuando me dirigía al Cuzco con unos seminaristas para la toma de posesión de Mons. Juan Antonio Ugarte como arzobispo del Cuzco.

Me impresionó lo grande que estaba la ciudad, con nuevos edificios y repleta de tiendas con avisos luminosos. Antes era todo campo, no había ciudad, Abancay era un pueblito pequeño con una catedral grande. 

Esta vez me enseñaron los nuevos edificios del obispado y un colegio que era atendido por los sacerdotes de la diócesis, en un terreno bastante amplio y una construcción que se veía moderna y práctica. Me gustó mucho.


El ambiente de la diócesis

Daba gusto y era un motivo de acción de gracias a Dios ver que los sacerdotes de Abancay estaban unidos a su obispo y entre ellos. Había un ambiente de fraternidad sacerdotal francamente bueno.  Conversando con ellos recordábamos los inicios de la diócesis, cuando fue nombrado obispo Mons. Enrique Pélach. Ahora el padre Miguel Ángel era el postulador de su causa de beatificación. Me contaron que estaban recogiendo testimonios para su causa.  Me acerqué a su tumba, en la catedral, para rezar un responso.

Fue realmente admirable la labor pastoral y apostólica que hicieron el obispo y sus sacerdotes durante la guerra de sendero luminoso y lo más grandioso fue que el seminario estuviera lleno y que en esas circunstancias difíciles se pudieran ordenar cerca de un centenar de sacerdotes.

Fue lamentable cuando la comisión de la verdad que se formó para informar sobre las consecuencias de la guerra, cerró los ojos y no quiso ver, ni reconocer la magnifica labor de la diócesis de Abancay con su obispo y sus sacerdotes.  

Les animé para que escribieran la historia de esos valerosos sacerdotes que dieron su vida para lograr elevar el nivel cultural, familiar y formativo en todo el departamento de Apurímac.

Esta vez nuestra estadía fue muy corta, cuando Alejandro y los chicos retornaron del Cuzco continuamos el viaje de regreso a Lima. Ese mismo día regresaron los Esquivel, después de haber disfrutado al ver a los sacerdotes y a las religiosas que habían estado con ellos cuando hacían sus prácticas médicas en Abancay. (P. Manuel Tamayo, Página web: alpakana.org)

 

sábado, 28 de marzo de 2026

DE COSTA A TRADICIONES

Estaba feliz con los chicos de Costa y del Colegio Los Álamos.   Tuve la oportunidad de hacer muchos amigos con los padres de familia, profesores del colegio        y los alumnos; y organizar actividades extracurriculares como el teatro, la música y las sesiones de Cine Forum que habían crecido considerablemente en el colegio. Sin embargo, había que estar siempre listo para cualquier cambio, como había sucedido antes en Chiclayo.

Los cambios no se deben a éxitos o fracasos sino a razones apostólicas que siempre tienen que ver con el crecimiento y la expansión.

Esta vez me pidieron que viva en Tradiciones, un Centro Cultural del Opus Dei en el distrito de San Isidro. No era la primera vez, había vivido allí en otras ocasiones y además fue el Centro que frecuentaba cuando era escolar.

Tradiciones me trae siempre muy gratos recuerdos, y ese año 2008 me pidieron que atienda allí la labor con chicos escolares y universitarios que frecuentaban el Centro, y que además sea capellán y enseñe unos cursos de teología a los alumnos de administración de empresas de la Universidad de Piura, Campus Lima. Me pareció genial la propuesta y me alisté.

Hice la maleta rápidamente, puse en el maletín unos videos, unos apuntes y unos pocos libros. Cuando estuve listo me fui para Tradiciones. Estaban allí Alejandro Fontana, Pablo Ferreiro, el Padre Juan Buendía, Lucho Eguiguren, Miguel Pérez, Lorenzo de la Puente, entre otros.

Me colocaron en el dormitorio que está junto a la terraza que da al jardín. Era la habitación del sacerdote. El año 1964, cuando empezó Tradiciones ocupaba esa habitación el P. Antonio Ducay. Recorriendo la casa cada esquina era una emoción, recordando todo lo que había vivido allí en los años anteriores, de chico, de joven y después de sacerdote.

En la habitación que estaba al lado de la pérgola, en el Jardín, estaba todavía la inscripción: “Duc in altum!” que había dibujado el P. Alfonso Rodríguez Vidal, que fue muchos años vicario de Chile, después obispo y ahora está en el Cielo. La pérgola adornada con una red, unos remos y en el suelo, junto a las bancas y en el borde de la escalera había un ancla de adorno.

Entrando en esa habitación, donde se daban las charlas y círculos vi la lámpara que traje de casa de mis padres y que todavía estaba allí funcionando muy bien. En los anaqueles encontré la Biblia gigante de color rojo, con muchas láminas, y unos tomos de vida de santos, empastada y de buena calidad. Esa colección estaba en casa de mi familia de sangre. Recuerdo cuando mi papá compró esos libros que estuvieron, unos años, en la casa de mi familia, cuando éramos chicos.                                 

En Tradiciones continué con mis actividades de Cine Forum que tenía en Los Álamos. El número de gente había crecido y tuvimos sesiones en el auditorio del Colegio Santa Rosa de Lince, en el colegio Casuarinas de Surco y luego, unos años después, en el auditorio de la biblioteca de la municipalidad de San Isidro.

Me seguían ayudando mis amigos Fernando Málaga, Alan Patroni, Raúl Cantella, Carlos Barreda y mis compañeros de colegio Félix Álvarez, Guillermo Ratto, Fernando Viale, entre otros.

Estaba de presidente del Perú Alan García. En noviembre del 2008 fue la reunión del APEC en Lima. Se crea el ministerio del Ambiente.

La violencia todavía continuaba en algunos sectores de la sierra. En Octubre, una emboscada narcoterrorista perpetrada por Sendero Luminoso dejó 19 personas muertas y tres heridos graves en Tintay PuncuHuancavelica. Entre las víctimas se encontraban 12 soldados y 7 civiles, y el ataque se dirigió contra una patrulla del Comando Especial que regresaba de una fiesta, al transitar por la “Curva Sajona” en el VRAEM

En noviembre, un ataque narcoterrorista contra una patrulla que llevaba a cabo operaciones contra el contrabando en la provincia de Leoncio PradoHuánuco, dejó 5 efectivos de la PNP muertos (3 agentes de DINOES y 2 de la División Policial Leoncio Prado), y varios quedaron heridos. 

 

El 2008 fue un año de mucho movimiento y de acontecimientos que marcaron huellas en lo personal y en mi familia de sangre. Gracias a Dios todo pudo llevarse con serenidad y al final todo fue para bien. (P. Manuel Tamayo. Página Web Alpakana. org)

 

 

jueves, 19 de marzo de 2026

CON EL CLERO DE LIMA, 2007, 2008

En el centro Cultural Costa vivía con el P. Javier Chesman. Entre los dos procurábamos atender las actividades de la Prelatura del Opus Dei que teníamos por esas zonas de Jesús María.

Cada mes nos reuníamos los sacerdotes del Opus Dei, que estábamos en Lima, en una collatio para repasar algún curso de teología o de moral, era además la oportunidad para vernos y poder intercambiar experiencias.

También me tocó atender a sacerdotes que eran socios la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. Una vez a la semana iba a la casa de “la tía Lily” (así se llamaba la benefactora que prestaba su casa para que los sacerdotes se reúnan), para darles en círculo y conversar con ellos.

Eran reuniones simpatiquísimas, algunas veces asistían los obispos como Mons. Enrique Pélach, obispo de Abancay y su Obispo coadjutor Isidro Sala, Mons. Demetrio Molloy de Huancavelica. Eran los que más frecuentaban junto a sacerdotes de la diócesis de Lima, como el P. Eulogio Erran, y el P. Javier Pereda, entre otros. De vez en cuando aparecían de la Prelatura de Yauyos, o de las diócesis de Abancay y Huancavelica.

Les atendíamos a los sacerdotes los Padres Juan Buendía, Marcos D´Angelo y yo. Se armaba un ambiente muy simpático de fraternidad sacerdotal que todos recordamos con mucho cariño. La casa, muy elegante y bien atendida se prestaba para eso.

Yo, además, tenía el encargo de darles un círculo a seminaristas de la diócesis de Lima que querían conocer el Opus Dei. El círculo lo daba primero en el colegio Los Álamos y luego en el seminario de Santo Toribio.  Alguna vez les poníamos algún video de las tertulias de San Josemaría. En el seminario hacíamos deporte, partidos de fulbito con los chicos o partidos de tenis con el rector y los formadores. El Padre Juan Buendía y yo hacíamos buen tándem para enfrentar a los de Santo Toribio.

En otras ocasiones visitábamos a los sacerdotes en sus parroquias y procurábamos ayudarles en lo que podíamos. Del colegio Los Álamos íbamos a la parroquia del Padre Richard Córdova en Pachacutec. Aprovechaba para conversar con él y armamos un pequeño círculo con sacerdotes de la diócesis del Callao.

De los chicos que jugaban fulbito con nosotros entró al seminario de Santo Toribio, Tomás Garvan que ahora es sacerdote. También entraron dos alumnos de la Universidad de Piura Diego Ordoñez y José Luis Álvarez.

El seminario iba para adelante con muchos chicos jóvenes que a lo largo de esos años unos fueron a estudiar a Roma y a Pamplona y después, gracias a Dios, han venido, una tras otra, las ordenaciones de diáconos y de sacerdotes.

En esos años las convivencias que organizábamos para los seminaristas de todo el Perú, eran multitudinarias. Venían chicos de diversas diócesis y prelaturas. Las teníamos en el colegio Alpamayo. La atendíamos entre 7 sacerdotes del Opus Dei, venían también sacerdotes recién ordenados para ayudar.

Se contaban alrededor de 100 asistentes. En las tertulias había que usar micrófono para que se escuchara bien. Se organizaba un torneo de fútbol con equipos muy variados de la costa y de la sierra. Se lograba un ambiente de solidaridad muy bueno. Los sacerdotes que estuvieron en esas convivencias de seminaristas las recuerdan con bastante cariño.

Esas convivencias eran un servicio que el Opus Dei prestaba a las distintas circunscripciones eclesiásticas para ayudar en la formación de los seminaristas y que puedan ser en el futuro sacerdotes fieles y santos.

Los chicos, con mucha ilusión, esperaban los días de convivencia para intercambiar experiencias con seminaristas de otros lugares, y sobre todo para hace muchos amigos. Con estas convivencias se motivaba la unidad de los seminaristas con sus superiores y la unidad entre todos ellos, que además regresaban con el propósito de ser sacerdotes santos. Ellos pagaban una cuota y lo demás era subvencionado.

Gracias a Dios se pudo conectar con varios seminaristas; algunos son ahora sacerdotes y recuerdan con gratitud los días que pasaron de convivencia con nosotros. Es un apostolado magnífico que deja siempre mucho fruto.

En 2007, Lima vivió el inicio del segundo gobierno de Alan García (iniciado en julio 2006), marcado por un giro a la derecha, alta aprobación inicial y conflictos sociales. Se denominó el «Año del Deber Ciudadano». A pesar del crecimiento económico, hubo protestas sindicales y tensión política, destacando la marcha de la CGT y Ollanta Humala en septiembre.

Mi familia de sangre vivía feliz por la ordenación diaconal de José Luis, que tuvo lugar en el Santuario de la Madre del Amor Hermoso. Los papás de José Luis (que ahora están en el Cielo) eran los más felices, vinieron también los hermanos Gerardo y Manuel, los tíos y los primos.

Después de las ordenaciones tuvimos una cena de celebración en un hotel campestre de Imperial. (P. Manuel Tamayo), pag web: Alpakana.org.

miércoles, 11 de marzo de 2026

EL ÉXITO DE COLLACOCHA

La obra de teatro más exitosa del siglo XX en el Perú, según mi opinión, fue Collacocha  de Enrique Solari Swayne, fue puesta en escena por primera vez en mayo de 1956 por el conjunto teatral de la Asociación de Artistas Aficionados.

Entre los actores figuraban Luís Álvarez y Ricardo Blume, que eran los artistas principales. En un papel secundario estaba el que ahora es el Padre Jesús Alfaro Peñafiel, que actuaba con el mismo elenco en los años 1965 y 1966, cuando la obra se presentaba en el Colegio de Guadalupe y en la Universidad de San Marcos.

Tuve la oportunidad de asistir con mis amigos del colegio. La obra me gustó tanto que pensé que, en el futuro, si se me daba la oportunidad, podría organizarla.

No pasó mucho tiempo y con Jesús Alfaro, Marcos D´Angelo, Jaime Cabrera, Hugo Garavito y Ronald Escobedo, organizamos una función en la casa de retiros Larboleda, en Chosica. Antes hubo varios ensayos, nos aprendimos de memoria el papel que nos tocaba y nos lanzamos, ¡dos horas de actuación! Estuvieron presentes, entre otros, Mons. Ignacio Orbegozo y Mons. Luis Sánchez Moreno Lira.


Collacocha en Los Álamos

Con esa experiencia del siglo pasado impulsé la organización de “Collacocha” en el Colegio Los Álamos. Al principio hubo cierto temor porque esa obra podría demandar demasiado tiempo para los alumnos que serían los artistas, pero logré convencerlos porque para esos chicos, seleccionados, sería una gran experiencia para toda su vida.

Empezaron los ensayos, al terminar el horario de clases y los sábados por la mañana. Los chicos estaban entusiasmados y el profesor César Salas también. La escenografía era fácil de conseguir, bastaba una cabaña y unas cuantas sillas.

Los chicos se aprendieron sus parlamentos de memoria, César los corregía en la actuación: los desplazamientos por el escenario, el tono de voz y la vocalización. Entre ellos y con nosotros creció una amistad que perdura con los años. Ellos eran menores de edad y tenían que representar una obra cuyos personajes eran adultos. Hubo que maquillarlos bien para que parezcan mayores. En la obra intervinieron los que estaban detrás del telón, para los sonidos y los cambios de luces.

Cuando la obra estuvo lista se anunció el día de estreno. Conseguimos el auditorio del colegio Juan XXIII, que era prácticamente un teatro, con tramoya, escenario grande y una platea para más de 500 personas. Se hicieron tres presentaciones seguidas, todas exitosas. El público se paraba para aplaudir.


Collacocha el Chiclayo

Todos quedaron tan contentos que montamos enseguida dos sesiones más, pero esta vez en la ciudad de Chiclayo. Fue en el teatro municipal de Leonardo Ortiz, que había sido inaugurado hace poco. Fuimos con más alumnos del colegio Los Álamos que tenían unas competencias con los alumnos del colegio Algarrobos de Chiclayo. Aprovechamos esos días para hacer paseos a Pimentel y al Señor de Sipán. Las presentaciones de “Collacocha” fueron en la noche con un nutrido público de la ciudad de la amistad. Muchos aplausos y éxito total.


Collacocha el Chilca

Al regresar a Lima mi amigo Hernán Torres, que se había enterado del éxito de la obra de teatro, me pidió si la podíamos pasar el Chilca, como una obra benéfica para la parroquia de ese pueblo. Él mismo puso el escenario y el local y en un ómnibus nos fuimos hasta Chilca para presentar la obra. Todos quedaron muy contentos y más los papás de los chicos, que estaban orgullosos de ver actuar a sus hijos con una soltura increíble. Parecían verdaderos artistas profesionales.

Otro día, con el profesor César Salas y otros profesores, fuimos con los chicos del teatro a ver la representación de “Collacocha” en el teatro Dos de Mayo del Callao. Los artistas eran integrantes del Teatro Nacional.

“Collacocha” es una obra de personas virtuosas y con amor al Perú, que dedican sus vidas a la construcción de caminos y túneles para que puedan pasar los camiones que llevan alimentos a los que están más alejados en las alturas de Los Andes. Los chicos también aprenden a ser mejores personas para dar lo mejor de sí a los demás. (P. Manuel Tamayo. Página Web: Alpakana. org).

miércoles, 4 de marzo de 2026

CON ALGUNAS FAMILIAS DE LOS ÁLAMOS

San Josemaría nos decía que en un colegio lo primero son las familias. Desde que entré de capellán tenía el propósito de acercarme a los papás y en distintas circunstancias pude hacerlo.

Así sucedió con los Esquivel, que tenían a Jaime todavía en primaria, me invitaron un día su casa y hablamos de las cualidades artísticas de Jaime Porque lo había visto tocar el órgano en una actuación y luego tomó clases de guitarra con el profesor de música del colegio, Miguel Perdomo, y empezó a aprender un poco más de música. La amistad con los Esquivel continúa hasta ahora. No dejamos de vernos con bastante frecuencia. Además, se han convertido en muy buenos colaboradores de las actividades que organizo con las familias, los cines fórum y almuerzos benéficos.

Mi afición a la guitarra me daba la oportunidad de acercarme a los chicos organizando alguna tertulia musical con canciones criollas, de la nueva ola o italianas, que son las que se interpretar. Así conocí a Víctor Valera que se tomó muy en serio aprender a tocar guitarra y al poco tiempo se convirtió en un guitarrista de primera. Unos años después tocó varias piezas en una presentación de libro que hice en la municipalidad de Miraflores, a través de él conocí a sus papás, nos hicimos amigos. Víctor papá era militar y un buen deportista, tuve la oportunidad de jugar tenis varias veces con él, hasta ahora de vez en cuando nos escapamos para jugar un partido. Los años han pasado y la amistad continúa.

Otro tenista impresionante, papá del colegio Los Álamos era Benjamín Giménez. Sus hijos Giancarlo y Renzo también eran buenos jugadores. Conocí a Benjamín por un accidente de carro que tuvo y que lo dejó en silla de ruedas, fui a verlo a su casa con el director del colegio que en ese año era Luis Padilla. Con Benjamín hemos jugado varios partidos en el club Law tenis.

Siempre me encantó el cine y el teatro como medios de formación para transmitir valores. La afición por el teatro me acercó bastante al profesor César Salas que estaba a cargo de los talleres de teatro del colegio. Todos los años presentaban una obra en tres funciones que tenían el nombre de  Talent Night, También, como es lógico, tuve acercamiento con los chicos que tenían mejor talento artístico. Así conocí a Mariano Luque, Alejandro Núñez, Alejandro Barreda, Javier Santa Cruz.

Mariano era un chico muy versátil para la actuación, con una voz adecuada para el liderazgo, me presentó a sus papás, que se convirtieron en seguidores de las actividades de “cine Fórum” que empecé a organizarlas en el colegio.

Alejandro Nuñes tenía varios hermanos, varias veces fui a su casa, hice amistad con toda la familia. Su mamá hacía movilidad para los chicos del colegio y no faltaba a las actividades donde actuaban sus hijos. Un año viajé a Tacna para asistir a una celebración de sus abuelos. Tuvimos una Misa y un almuerzo, mi hermano Augusto, que era Fiscal en Tacna y su esposa Zoila, participaron en esa celebración. Luego me pidieron que diera una conferencia de ética profesional a los Magistrados del Ministerio Público. Mi estancia en Tacna fue corta pero muy intensa. Aproveché para saludar a Mons. Marco Cortez que acababa de ser nombrado obispo coadjutor de Tacna y Moquegua.

Con Carlos Barreda, otro papá del colegio Los Álamos, enganché desde el primer momento porque somos parientes, su hijo Alejandro era uno de los artistas de más prestigio, también lo era Mariano Luque y me acerqué mucho a su familia, eran “caseritos” de los “cine fórum” tanto como los papás de Juan Carlos Peláez, que me invitaron a su casa varias veces; otro artista renombrado era Javier Santa Cruz, su mamá participaba de los retiros mensuales que daba en los centros femeninos del Opus Dei.

Con Juan Carlos Peláez y su familia hice una buena amistad. El papá era colombiano y un día me invitó a su casa a comer arepas. Juan Carlos participó de los medios de formación del Club Costa con otros chicos del colegio Los Álamos.

Conocí a los Rodríguez a través de un amigo que conocí en Cañete: Walson Ruíz que tenía un colegio en Chilca y San Josemaría era el patrono. En todo el colegio había una gran devoción por el santo de lo ordinario fomentada por Walson y Martha, su esposa. Resulta que Raúl Rodríguez, que era aviador fue destacado a un cuartel de Chilca y puso a sus hijos en el Mater Admirabilis” de Walson, pero cuando lo cambiaron a Lima, le recomendamos el colegio Los Álamos, allí terminaron sus dos hijos, Marko y Miguel.

Traté también a la familia Pineda y a los orientales Tomita, Kohatsu, Yong, sus familias estaban siembre en el colegio como buenos colaboradores en los eventos y reuniones del colegio.

Muchas otras fueron las familias que traté en esos años. Si tuviera que incluirlas a todas, en estas narraciones, llenaríamos muchas más páginas y tampoco acabaríamos (P. Manuel Tamayo. Página Web: Alpakana. org).

 

 

LA VISITA DEL PRELADO DEL OPUS DEI Estaba en Tradiciones cuando recibimos la noticia de la visita del Prelado del Opus Dei, Mons. Javier E...