EL MATRIMONIO DE JUAN DIEGO
Estaba en el Centro Cultural Tradiciones cuando me llamó el Cardenal
Juan Luis Cipriani para pedirme que le ayudara en la preparación del tenor Juan
Diego Flores y su novia que iban a contraer matrimonio en Lima.
A Juan Diego no lo conocía personalmente. Sabía quien era por el prestigio y la fama que ya había alcanzado y que había estudiado en el colegio Santa Margarita. Sabía también que le gustaba mucho cantar valses peruanos y que alguna vez había participado en una peña criolla familiar.
El Cardenal me pidió si le podría dar alguna clase de preparación, pero sobre todo que conversara con él y si era posible con su novia. Yo no sabía si la novia hablaba castellano.
Llegó la fecha indicada y el lugar era el colegio Montealto que estaba situado en San Isidro. Llegue temprano y al poco rato llegó la movilidad con los novios. El carro ingresó al patio del colegio y allí tuvimos el encuentro. Después de los saludos les hablé un poco del matrimonio y de la gran oportunidad que tenían de recibir el sacramento. Después hable a solas con Juan Diego paseando por el patio. Estaba muy bien dispuesto y consciente del paso importante que daba en su vida. También pude conversar con Julia, su novia, que estaba bastante entusiasmada y feliz de haber venido al Perú para su boda.
Al terminar la preparación, que no duró más de una hora, nos hicimos
unas fotografías. Debo añadir que ellos ya venían preparados para la boda. Aquí
era solo ver algunos detalles complementarios.
Cuando ya estaba todo listo Juan Diego se casó en la Catedral de Lima con Julia Trappe (Austriaca). El cardenal Juan Luis Cipriani, realizó el sacramento. El tenor escogió personalmente la música que se tocaría en su boda, donde la pieza más destacada fue la Misa en do Mayor de Beethoven, tema que interpretó en la Basílica Catedral de Ayacucho en 1993. Todo estaba muy bien pensado y la ceremonia fue realmente bella y grandiosa.
Los principales invitados fueron el presidente Alan García y su esposa Pilar Nores; el cantante canadiense Bryan Adams y los embajadores de Alemania, Austria e Italia.
Ésta ha sido
una de las contadas veces que la Catedral de Lima abrió sus puertas para
celebrar una boda. La última vez fue el 12 de febrero de 1949, cuando la
princesa Hilda Marie Gabrielle de Baviera y Luxemburgo y el limeño Juan
Bradstock Lockett de Loayza contrajeron nupcias.
El Estado, por
su parte, justificó el uso de la televisora nacional basándose en que esta boda
era un acontecimiento que promovía la cultura musical y la peruanidad, pues
Juan Diego siempre manifiesta públicamente su orgullo de ser peruano.
El viernes previo a la boda se realizó un ensayo
general con el coro donde se ultimaron los detalles. El sábado, el novio llegó,
apenas pasadas las cinco de la tarde, junto con su madre, María Teresa Salom.
La novia arribó pocos minutos después en un Cadillac blanco y de la mano de su
padre, Wilhelm Trappe. La emotiva ceremonia oficiada por el cardenal Juan Luis
Cipriani destacó por la decoración y por la cuidada selección de las canciones
que interpretó el coro, realizada por Juan Diego y su primer maestro Andrés
Santa María.
Al finalizar la misa, que duró una
hora y diez minutos, el tenor y su esposa se dirigieron a las afueras de la
Catedral y ambos, entre pétalos de papel de seda, agradecieron al público y a
la prensa. Luego, siguieron camino a pie, y con dificultad, dados los seis
metros de cola que tenía el vestido de Julia, hasta la Municipalidad de Lima,
donde los esperaba el alcalde Luis Castañeda Lossio. Allí se realizó el cóctel de
saludo a los recién casados. Cabe destacar la imponente cantidad de flores
blancas que adornaron el recinto.
Para nosotros fue un acontecimiento muy grato de
recordar por la valía de esta prestigiosa pareja que eran magníficos
profesionales y magníficas personas (P. Manuel Tamayo. Página web: alpakana.org).
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