EDUCACIÓN EN CIERNES
La vuelta al colegio era estar nuevamente en los temas educativos y volver a repasar todo lo que había estudiado en la Universidad de Navarra en la carrera de Ciencias de la educación, que me especializaba más bien en ser profesor de profesores.
El tema de la educación lo tenía desde la infancia en mi época de escolar. Siempre me fijé en los profesores y con admiración. Me llevaba bien con la mayoría y me gustaba el afán de los que querían que seamos buenas personas.
A diferencia de otros compañeros a mi me gustaban los lunes. Estaba esperando ese día para ir al colegio y todas las tardes me quedaba para las actividades extracurriculares y si había que venir un fin de semana al colegio era de los que estaba siempre dispuesto.
A mi me gustó mucho el colegio donde estudié y toda la vida he conservado el cariño y la gratitud para los sacerdotes y profesores que me enseñaron. Este mismo sentimiento lo llevé a la universidad de San Marcos, donde ingresé para estudiar letras, pero lamentablemente lo perdí. Los catedráticos estaban lejos y el exceso de alumnos perjudicaba el hacer amigos, ir a la universidad era como ir a un estadio lleno para ver un partido.
Unos años después, cuando tuve la oportunidad de estudiar en la
Universidad de Navarra, recuperé por completo ese sentimiento de alegría y
cercanía con los profesores, porque allí también se preocupaban de que seas
buena persona. Ellos también lo eran.
Cuando regresé al Perú, ya ordenado sacerdote, sabía perfectamente lo que tenía que ser la educación de los niños en los hogares y en el colegio. Cuando funciona bien la casa y el colegio la universidad camina de maravilla.
Al entrar al Colegio Los Álamos como capellán veía lo importante que era el trato con los padres de familia y los profesores y entonces puse mi afán en tratarlos y así pude hacer muchos amigos. Junto al trato amical llevaba los criterios pedagógicos, los que había aprendido en la universidad y otros que llegan cuando se sigue estudiando para actualizarse con los nuevos criterios que van apareciendo gracias al estudio y la experiencia de los educadores contemporáneos.
De las conversaciones con los padres de familia y los profesores salieron algunos artículos que empecé a enviarlos por correo electrónico a mis amigos y después los fui colocando en un blog que inauguré con el nombre de “Adeamus” y que empezó a funcionar el 2007.
La educación pasó de ser una pasión a ser una preocupación. Veía con claridad la crisis educativa en varios países, que se iniciaba en las mismas familias por la desorientación de los padres. Si no funciona bien la familia todo se puede perder.
Sin embargo, veía que había muchos maestros muy buenos, pero que estaban algo desconectados, como si estuvieran aislados haciendo su trabajo con un grupito pequeño de alumnos. La percepción de esta realidad motivó el libro que escribí el año 2006: “Educación en ciernes” que era como un canto de esperanza en muchas personas buenas que podrían ayudar a superar la crisis. Habría que lograr que estén comunicadas para apuntalar a los mismos objetivos, con el alumnado.
El libro lo fui escribiendo durante el año. Me asesoré bien con algunos amigos expertos en temas educativos, como Edistio Cámere, Carlo Rainuso, Alan Patroni y otros que, aunque no sean pedagogos, también les interesa los temas educativos y tienen muy buenas ideas, como Luis Giusti, Paulina Giusti, Raúl Cantella, Carlos Espá, Fernando Málaga, entre otros.
Cuando ya tenía todo listo le pedí a Carlo Rainuso y a Edistio Cámere que lo revisen. Cuando me dieron su aprobación le pedí a Carlo que me haga el prólogo y a Edistio que me preste su editorial para publicarlo allí. Ambos accedieron. Le pedí a Julio Calixtro que lo imprimiera y me dijo que estaría listo el 2007. Así nació “Educación en Ciernes”.
Mientras se trabajaba el libro, eran unos cuantos meses, yo seguía en mis actividades en el colegio. Los alumnos acudían a mi oficina para conversar. Un día vino Giancarlo Jiménez para decirme que su papá había tenido un grave accidente automovilístico. Fuimos enseguida a darle la noticia al director del colegio. Quedamos con Lucho Padilla en visitar a Benjamín, que así se llamaba en papá de Giancarlo. Fuimos a su casa cuando recién había salido de la clínica, estaba con muletas y tuvimos una simpática conversación con toda la familia. Benjamín era un buen deportista. Cuando recuperó del accidente, varios meses después, me invitó a jugar tenis; hicimos una buena amistad y seguimos jugando tenis en muchas otras ocasiones.
En aquellos años decidí jugar más tenis que fulbito. Tenía varios amigos tenistas que me ayudaron a mejorar, Víctor Valera, que era militar, nos invitaba al Padre Juan Buendía y a mi, al centro de esparcimiento de los militares, Humberto Olachea, era de las fuerzas policiales, me invitaba al Centro de esparcimiento de la policía, ACENESPAR, Benjamín Jiménez, me invitaba al Club Lawn Tennis; otras veces jugaba con chicos más jóvenes en el campo de marte. Cada día me gustaba más el tenis y pude mejorar mi estilo.
Cuando ya estaba el libro en la imprenta me llama Julio y me dice si había pensado en una carátula. Me sorprendió porque creía que bastaba que el libro llevara solo el título fuera; pero con esa llamada me di cuenta que el diseño de una carátula podría hacer al libro más atractivo. Le di vueltas al tema y decidí poner la foto de un niño pequeño. Le pedí a mi sobrino Gerardo una buena foto de su hijo pequeño y me la mandó enseguida. Esa fue la carátula perfecta para el libro.
Ahora había que buscar la fecha y el lugar de presentación y hacer las invitaciones respectivas. Conversando con mi primo Augusto me contó que su papá regaló sus libros al Instituto Ricardo Palma que queda en Miraflores y que la biblioteca lleva el nombre de Augusto Tamayo Vargas. Me dijo además que allí había un auditorio y que todo dependía de la Municipalidad de Miraflores.
En ese año Manolo Masías era el alcalde de Miraflores y yo lo conocía años atrás. Lo llamé por teléfono y le conté de mi intención de presentar el libro. Me dijo que encantado y que busque de su parte a Miguel Molinari que era encargado de ese instituto.
Pedí una cita y me recibió en su despacho Miguel Molinari, me contó sobre los eventos que se hacían en ese auditorio y me dio una fecha para la presentación del libro.
Cuando llegó el día de presentación, se puso en la entrada un lote de libros para la venta. Me ayudaron los profesores del colegio Los Álamos que también asistieron. También fue Edistio Cámere como representante de la editorial “Mar Adentro” del Colegio Santa Margarita, acompañado de algunos profesores. Asistieron mis hermanos y primos y algunos alumnos del colegio Los Álamos. Se llenó el auditorio.
Manolo Masías hizo una presentación, pero también hablaron Edistio Cámere, Carlos Rainuso y Carlos Espá. Al final nos tomamos unas fotografías y me tuve que quedar para escribir dedicatorias en los libros que habían comprado. (P. Manuel Tamayo, Página Web: Alpakana. org).
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