SEMINARISTAS DE YAUYOS EN ROMA, MILÁN Y ALEMANIA
Ir a Roma era también ir a ver el fondo de mucha
gente buena. Era estar al lado de muchos santos. Al lado de mucha gente que ha
gastado su vida al servicio de Dios. Es más es estar cerca de gente que ha
rezado por nosotros.
Nos encontramos en Roma con Mons. Luís Sánchez
Moreno Lira, que fue obispo de la Prelatura de Yauyos durante muchos años, a él
le debemos la apertura del seminario mayor y el Santuario de la Madre del Amor
Hermoso. También tuvimos la oportunidad de estar con el Padre Flavio Capuci que
era el postulador de la causa del San Josemaría.
Qué alegría le dimos a
Don Manuel Botas, (el primero que vino para empezar la labor del Opus Dei en el
Perú), que celebraba sus bodas de oro sacerdotales. Los seminaristas de Yauyos
le ayudaron en la Santa Misa celebrada en la Basílica de San Eugenio, junto a
los restos de San Josemaría.
El viaje con los seminaristas no terminaba en Roma.
El P. Thomas había hecho coordinaciones con familias alemanas para que reciban
a los seminaristas, al menos un par de días. Resulta que esas familias ayudan
al seminario de Cañete y toman por ahijado a un seminarista.
Los 23 tenían sus
padrinos en distintas ciudades alemanas. Se me hacía muy difícil organizar esa
diáspora. Además ninguno sabía alemán. Primero había que ver el vuelo y nos
dimos cuenta que era más fácil salir de Milán. Le pedí a un sacerdote peruano
que llevaba tiempo en Italia que nos consiga alojamiento en alguna parroquia de
Milán para pasar al menos un día con los 23 seminaristas.
Al sacerdote peruano del
encargo no se le ocurrió otra cosa y llamó por teléfono directamente al
consiliario del Opus Dei para contarle que algunos sacerdotes y seminaristas de
Yauyos querían viajar a Alemania pasando por Milán. En consiliario llamó enseguida
a la Residencia Torrescala para que se encargaran de nosotros y pagó un bus
para que nos traiga de Roma. Me quedé asombrado de tanta generosidad. Todo
estaba saliendo sin que gastáramos nada. Cuando se enteraron unos sacerdotes de
Cañete se sumaron a nuestro plan porque el ómnibus que habían enviado tenía
suficiente capacidad. Viajamos de Roma a Milán alrededor de 42 entre sacerdotes
y seminaristas. El viaje fue de noche.
En la mañana siguiente en
la estación de Milán nos estaba esperando un sacerdote, el P. Salvatore. Nos
saludó, no llevó para que desayunemos en un snak y allí me enteré que era
sacerdote numerario del Opus Dei. Nos llevó a Torrescala donde nos pudimos
bañar, celebrar la Santa Misa y salir para almorzar a un restaurante conocido.
Por la tarde nos llevó a conocer la tumba de San Ambrosio y a pasear un poco
por la ciudad de Milán. Luego nos dejó en unos hospedajes muy bien puestos que
habían reservado para nosotros sin costo alguno. Allí descansamos; temprano por
la mañana, después de la Santa Misa desayunamos y un ómnibus nos esperaba para
llevarnos al aeropuerto y tomar el avión para Frankfurt.
En Lima había conversado
con mi primo Aurelio Pinto – Bazurco,
que era cónsul del Perú en esa ciudad, para contarle de nuestro viaje a Roma y
que íbamos a Al llegar al aeropuerto le llamé por teléfono para que me ayude a
resolver algo que para mi, en ese momento, resultaba imposible: había que
organizar el viaje por tren para cada uno de los seminaristas a distintas
ciudades de Alemania donde les esperaban sus padrinos. Mi primo Aurelio se
presentó de inmediato, agarró la lista donde estaban las ciudades y empezó a
decirles a los chicos: “súbete en este tren y te bajas a las 8.15 en punto”, a
otro le decía: “tú súbete a este tren y te bajas a las 6.30 pm en punto” y así
iba diciéndoles a cada uno dónde tenían que bajar. Los padrinos les esperaban
en la estación del tren para llevarlos a sus casas. Era una organización
alemana y salió perfecta. Cada chico llegó a su destino sin ningún problema. y se acercó enseguida para darnos el encuentro.
Mi sobrino José Luis y yo nos quedamos en Frankfurt
en casa de mi primo Aurelio con toda su familia, estaba también la mamá de Rosa
la esposa de Aurelio y dos sobrinos míos más hijos de Aurelio. Pasamos unos
días gratísimos que además fueron de descanso de todo el trajín de Roma que fue
realmente agotador. Mi primo Aurelio es un gran aficionado a los carros. Tenía
un Audi grande y confortable. Con él y por las autopistas alemanas íbamos a más
de 140 Km/h, visitamos la Universidad de Heidegger y la Catedral de Colonia.
Alemania nos parecía un jardín grande con autopistas. Todo estaba muy bien
conectado. Celebré Misa en una parroquia de Frakfurt y el párroco me presentó a
toda la feligresía. La Iglesia estaba llena de fieles y todos respondían
perfectamente a la liturgia. A los pocos días se organizo del mismo modo el
regreso de los chicos. Se aparecieron en el aeropuerto con puntualidad, pero la
visa se nos había vencido por unas horas. Aurelio tuvo que hablar para que no
nos pusieran una penalidad. Gracias a Dios no hubo ningún impase, subimos al
avión que nos llevó hasta Caracas, allí volvimos a tomar el Aero Postal de
Venezuela y notamos la diferencia. Habíamos subido a un avión viejo y bastante
destartalado que nos llevó hasta Lima, con ruidos, pero sin contratiempos. (P. Manuel Tamayo. Página wed: alpakana.org).
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