UN MILAGRO MÁS
El ómnibus de la municipalidad de Lunahuaná nos dejó
en el aeropuerto Jorge Chávez. Allí nos bajamos los 23 seminaristas y yo.
Algunos eran menores de edad y tenían que pasar a mi lado con su carta
notarial. Hicimos el vuelo en la compañía “Aero Postal” de Venezuela que nos
llegaría al aeropuerto de la Guaira a unos kilómetros de Caracas. Era la escala
obligatoria para poder tomar el Lufthansa que nos llevaría a Frankfort.
En el aeropuerto de la Guaira no había aire
acondicionado y hacía un calor infernal. Uno de los soldados se acercó a mi, me
pidió los papeles y después de hacerme algunas preguntas me dijo que le
acompañara al sótano. Bajé con él donde estaban nuestras maletas y me pidió que
abriera una. Al abrirla encontramos varias chompas de alpaca, bufandas e
imágenes de la Virgen de la Madre del Amor hermoso para vender. El soldado me
miró señalándome la maleta. No se qué cara le puse y me dijo que la cerrara.
Cerré la maleta y allí acabó todo. No dijo nada. La Providencia nos protegió de
un modo admirable.
Llegamos a Frankfort después de cruzar el
Atlántico. Teníamos que cambiar de
avión, a uno más pequeño, de la misma compañía, que nos llevaría a Roma.
Estuvimos unas horas en la sala de espera y los chicos, emocionados por estar
en Europa y ansiosos por conocer Frankfort. Les dije que no se podía salir
porque estábamos de tránsito. Mi miraban como si yo hubiera dado esa ley que no
les permitía salir del aeropuerto. Armando Caycho, un seminarista
Días antes habíamos coordinado los alojamientos de
los chicos en unos módulos que ofrecía la organización de la canonización. En
esos días el municipio italiano facilitó las movilidades para los desplazamientos
de los peregrinos en Roma. Los buses no cobraron pasajes y eso facilitó
nuestros desplazamientos con 23 seminaristas. Yo tuve la suerte de alojarme en
un hospicio frente al Vaticano, estuvo conmigo Mons. Ugarte y un periodista de
RPP que se juntó a nosotros: Miguel Humberto Aguirre, que falleció hace muy
poco a los 93 años de edad.
El primer día en Roma fuimos lógicamente a San
Pedro. En el camino apareció un sacerdote, el P. Aldo que se quedó como nuestro
guía y orientador. Después de recorrer la plaza San Pedro nos encontramos con
un seminarista de “Sedes Sapientiae” (Seminario internacional) y nos dijo que
nos esperaban para el almuerzo. Allí nos encontramos con Miguel Chumpitaz, un
seminarista peruano que estaba estudiando allí.
El 2 de octubre de ese año fuimos todos a conocer
Villa Tévere. Los que nos atendieron se emocionaron cuando les dijimos que
éramos de Yauyos. Cada seminarista llevaba el nombre de Yauyos prendido en la
solapa. Rezamos en la tumba del Padre después de visitar algunos ambientes de
Villa Tévere.
Participaron 500 obispos de todo el mundo. Se
encontraban cerca de 2,000 sacerdotes. Habían más de 1,000 chicos voluntarios,
37 agrupaciones corales, 1,200 voces, 15 cámaras de televisión. Estaban
presentes delegaciones de 14 gobiernos, habría unos 100 mil españoles y en la
plaza estarían 300,000.00 personas de todo el mundo.
La ceremonia de la canonización fue maravillosa.
Todo estaba muy bien cuidado: la liturgia, las lecturas, los cantos. A la hora
de la consagración hubo un silencio impresionante. Al final el Papa recorrió en
Papa Móvil la plaza San Pedro ante el saludo y la algarabía de la gente.
Los otros días también los disfrutamos. Estuvimos al
día siguiente en la acción de gracias. (P. Manuel Tamayo, Pagina Web: Alpakana.org).
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