MIS
VIAJES A AYACUCHO Y A HUANCAVELICA
Desde Cañete me tocó hacer viajes periódicos a
Ayacucho y a Huancavelica. Iba manejando una camioneta que me prestaban los
ingenieros de Valle Grande. Unos días antes buscaba un acompañante, que era
habitualmente un seminarista o un sacerdote de la Prelatura de Yauyos.
Salía después del almuerzo por la carretera
Panamericana sur hasta el desvío de la carretera hacia Ayacucho que estaba a la
altura de San Clemente. La carretera libertadores estaba nueva, la había
construido Alberto Fujimori. De
San Clemente seguía a
Independencia y pasaba por Humay, un distrito de la provincia de Pisco que es
además la tierra de la beatita
famosa, Luisa de la Torre
Rojas, la beatita de Humay, que murió
a los 50 años en 1969 y dejó el recuerdo de una persona caritativa que daba su
casa para atender a los enfermos y a los pobres, ahora es Sierva de Dios. Por la carretera seguía subiendo hasta
Huaytará.
Subiendo
Por Huaytará
Huaytará significa en
quechua y en Aimara: lugar de muchas flores. Allí parábamos para pasar la
noche, algunas veces en la parroquia, cuando estaba el párroco y nos podía
hospedar y otras veces alquilaba una habitación de un hotelito que estaba
bastante bien puesto.
Entre los atractivos destaca la Iglesia de San Juan Bautista
de Huaytará construida en el siglo XVI sobre
la base de un templo inca y que ha sido declarada patrimonio cultural de la nación
y el museo que alberga piezas textiles y artesanales.
Huaytará es una zona de
turismo, tiene construcciones incaicas y un museo bastante interesante. Para mi
era un sitio ideal para acostumbrarnos a la altura, está a 2,600 mts sobre el
nivel del mar. Descansar allí era importante para seguir subiendo a lugares de
más altura, Ayacucho está a 2,791 mts. sobre el nivel del mar. En la misma
carretera de Libertadores, después de Huaytará había que pasar por Rumichaca
que está a 3,957.00 mts sobre el nivel del mar y pertenece, igual que Huaytará
al departamento de Huancavelica.
De
Rumichaca hasta Huamanga
La vía Libertadores cruza
Rumichaca y continúa para Ayacucho, antes de llegar hay una prolongada bajada
en un bellísimo pasaje que combina el verdor de enormes árboles con las aguas
cristalinas del río Cachis, hasta lograr visualizar desde arriba la ciudad de
Huamanga que está en una especie de olla, la carretera desciende varios metros
hasta llegar a la ciudad.
Solía llegar a Ayacucho a
la hora del almuerzo, el Padre Javier Obón, párroco de la Iglesia de Santa Rosa
nos esperaba con un suculento almuerzo. Después de almorzar teníamos un círculo
al que venía también Yoni y Julian, dos sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de
la Santa Cruz. Por la tarde había tiempo para salir de paseo por la ciudad y
visitar a otros sacerdotes amigos; alguna vez visité al obispo Mons. Luis
Sebastiani. En Ayacucho pude organizar algunas reuniones para dar a conocer la
vida de San Josemaría que había sido canonizado el 2002.
De
Huamanga a Huancavelica
De regreso por la Libertadores subía hasta Rumichaca
para agarrar el desvío a Huancavelica. Era una carretea que iba bordeando la
cordillera a más de 4,000 mts de altura, sin asfalto pero bien afirmada, en el
recorrido se cruzaban vizcachas y se veían constantemente Llamas y Alpacas. Era
un paisaje que impresionaba por su grandeza, grandes picos que se perdían en el
horizonte, lagunas que llevaban el color del cielo y en los bordes de la
carretera cuando el cerro dibujaba una cueva se asomaban estalactitas que
brillaban cuando un rayo de sol o la luz de la camioneta las alumbraba.
En esas alturas hacía un
viento helado que a veces era recio y había que agarrar bien el volante. No se
podía ir de prisa. Era una carretera de muy poca circulación.
Durante el viaje de Rumichaca a Huancavelica que era
como 4 horas nos cruzábamos solo con dos o tres movilidades, fundamentalmente
camiones.
Un día iba viajando por
esa carretera en una camioneta Kia, de los primeros modelos, que me habían
prestado en Valle Grande. Ya en altura, después de Rumichaqua perdí totalmente
el embrague. Hice todo el recorrido en primera encomendando para no encontrarme
con nadie en el camino. Si algo me hacía parar la camioneta quedaría varada.
Menos mal que no me cruce con nadie y pude llegar a Huancavelica. Allí trate de
que arreglaran el embrague y nadie sabía. Llamé a Valle Grande y vinieron desde
allí para remolcarla. Yo me regresé en el tren macho y fue otra aventura.
Cuando llegaba a
Huancavelica me alojaba en el seminario mayor. Después de dejar mis cosas en la
habitación me dirigía al obispado para saludar a Mons. Demetrio Molloy, un
obispo irlandés, muy santo, enamorado de Huancavelica, hizo allí una labor de
evangelización impresionante y consiguió llenar el seminario con seminaristas
nativos y poco a poco creció el número de sacerdotes. Fui testigo de ese
crecimiento y estuve presente en algunas ordenaciones sacerdotales que se
realizaban en la catedral.
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