miércoles, 3 de diciembre de 2025

 

MIS VIAJES A AYACUCHO Y A HUANCAVELICA

Desde Cañete me tocó hacer viajes periódicos a Ayacucho y a Huancavelica. Iba manejando una camioneta que me prestaban los ingenieros de Valle Grande. Unos días antes buscaba un acompañante, que era habitualmente un seminarista o un sacerdote de la Prelatura de Yauyos.

Salía después del almuerzo por la carretera Panamericana sur hasta el desvío de la carretera hacia Ayacucho que estaba a la altura de San Clemente. La carretera libertadores estaba nueva, la había construido Alberto Fujimori. De San Clemente seguía a Independencia y pasaba por Humay, un distrito de la provincia de Pisco que es además la tierra de la beatita famosa, Luisa de la Torre Rojas, la beatita de Humay, que murió a los 50 años en 1969 y dejó el recuerdo de una persona caritativa que daba su casa para atender a los enfermos y a los pobres, ahora es Sierva de Dios.  Por la carretera seguía subiendo hasta Huaytará.

 

Subiendo Por Huaytará

Huaytará significa en quechua y en Aimara: lugar de muchas flores. Allí parábamos para pasar la noche, algunas veces en la parroquia, cuando estaba el párroco y nos podía hospedar y otras veces alquilaba una habitación de un hotelito que estaba bastante bien puesto.

Entre los atractivos destaca la Iglesia de San Juan Bautista de Huaytará construida en el siglo XVI sobre la base de un templo inca y que ha sido declarada patrimonio cultural de la nación y el museo que alberga piezas textiles y artesanales.

Huaytará es una zona de turismo, tiene construcciones incaicas y un museo bastante interesante. Para mi era un sitio ideal para acostumbrarnos a la altura, está a 2,600 mts sobre el nivel del mar. Descansar allí era importante para seguir subiendo a lugares de más altura, Ayacucho está a 2,791 mts. sobre el nivel del mar. En la misma carretera de Libertadores, después de Huaytará había que pasar por Rumichaca que está a 3,957.00 mts sobre el nivel del mar y pertenece, igual que Huaytará al departamento de Huancavelica.

 

De Rumichaca hasta Huamanga

La vía Libertadores cruza Rumichaca y continúa para Ayacucho, antes de llegar hay una prolongada bajada en un bellísimo pasaje que combina el verdor de enormes árboles con las aguas cristalinas del río Cachis, hasta lograr visualizar desde arriba la ciudad de Huamanga que está en una especie de olla, la carretera desciende varios metros hasta llegar a la ciudad.

Solía llegar a Ayacucho a la hora del almuerzo, el Padre Javier Obón, párroco de la Iglesia de Santa Rosa nos esperaba con un suculento almuerzo. Después de almorzar teníamos un círculo al que venía también Yoni y Julian, dos sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. Por la tarde había tiempo para salir de paseo por la ciudad y visitar a otros sacerdotes amigos; alguna vez visité al obispo Mons. Luis Sebastiani. En Ayacucho pude organizar algunas reuniones para dar a conocer la vida de San Josemaría que había sido canonizado el 2002.

De Huamanga a Huancavelica

De regreso por la Libertadores subía hasta Rumichaca para agarrar el desvío a Huancavelica. Era una carretea que iba bordeando la cordillera a más de 4,000 mts de altura, sin asfalto pero bien afirmada, en el recorrido se cruzaban vizcachas y se veían constantemente Llamas y Alpacas. Era un paisaje que impresionaba por su grandeza, grandes picos que se perdían en el horizonte, lagunas que llevaban el color del cielo y en los bordes de la carretera cuando el cerro dibujaba una cueva se asomaban estalactitas que brillaban cuando un rayo de sol o la luz de la camioneta las alumbraba.

En esas alturas hacía un viento helado que a veces era recio y había que agarrar bien el volante. No se podía ir de prisa. Era una carretera de muy poca circulación.

Durante el viaje de Rumichaca a Huancavelica que era como 4 horas nos cruzábamos solo con dos o tres movilidades, fundamentalmente camiones.

Un día iba viajando por esa carretera en una camioneta Kia, de los primeros modelos, que me habían prestado en Valle Grande. Ya en altura, después de Rumichaqua perdí totalmente el embrague. Hice todo el recorrido en primera encomendando para no encontrarme con nadie en el camino. Si algo me hacía parar la camioneta quedaría varada. Menos mal que no me cruce con nadie y pude llegar a Huancavelica. Allí trate de que arreglaran el embrague y nadie sabía. Llamé a Valle Grande y vinieron desde allí para remolcarla. Yo me regresé en el tren macho y fue otra aventura.

Cuando llegaba a Huancavelica me alojaba en el seminario mayor. Después de dejar mis cosas en la habitación me dirigía al obispado para saludar a Mons. Demetrio Molloy, un obispo irlandés, muy santo, enamorado de Huancavelica, hizo allí una labor de evangelización impresionante y consiguió llenar el seminario con seminaristas nativos y poco a poco creció el número de sacerdotes. Fui testigo de ese crecimiento y estuve presente en algunas ordenaciones sacerdotales que se realizaban en la catedral.

 

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