viernes, 5 de diciembre de 2025

 PREPARACIÓN PARA VIAJAR A ROMA

A finales del 2001 mientras nos preparábamos para celebrar el centenario del Fundador del Opus Dei, que en ese año era el Beato Josemaría, nos anuncian su próxima canonización para el 6 de octubre del año siguiente en la Plaza San Pedro.

Cuando fue la beatificación el año 92 me quedé en Chiclayo y no pude viajar a Roma. Ahora tenía que hacer todos los méritos para estar presente en la canonización. Con mucha anticipación me propuse llevar sacerdotes y algún seminarista para que asistan conmigo a la canonización. Primero averigüé los precios, sabía que si se compraban antes saldría todo más barato.

El objetivo que me había propuesto no era fácil. Los sacerdotes estaban muy ocupados en sus parroquias, pero la mayoría quería estar presente en la canonización del Beato Josemaría. Con ellos hubo que hacer malabares para que consiguieran permiso y sobre todo la financiación. Todos nos alegramos mucho cuando el obispo dijo que el que arreglara bien las cosas para no dejar abandonada su parroquia podría ir. Con tiempo varios se buscaron el reemplazo sobre todo para los días de precepto y ajustaron bien sus horarios para estar fuera el menor tiempo posible. Cada sacerdote se organizó como pudo. Las compañías aéreas nos facilitaron los procedimientos. Yo traté directamente con Lufthansa y, como les presenté una lista de 25 viajeros, me cobraban por pasaje Lima-Frankfurt-Roma-Frankfurt- Lima: $ 760.00 y me daban dos pasajes gratis. Separé los pasajes y me dieron un plazo para empezar a pagarlos.

Con los sacerdotes no fue fácil, ellos, al menos la mayoría, querían organizarse por su cuenta. Entonces propuse mi proyecto en el seminario. Me miraban con asombro y yo les tenía que asegurar que sí se podría conseguir el dinero para que viajen sacerdotes y seminaristas. Gracias a Dios me dieron el ok para que organizara eventos y viera la forma de conseguir pasajes para ellos.

En ese primero momento solo veía conseguir el importe de los pasajes. En una primera reunión con todos los seminaristas se apuntaron los que querían ir. Me asusté porque la mayoría quería viajar y eran más de 20.  Era una locura. ¿Cómo podría hacer para que 20 seminaristas, que no tenían recursos económicos, viajen a Roma?

Cerré los ojos y les pregunté a los que querían viajar cuanto dinero podrían conseguir… me miraron como diciéndome, “¡Ud padre tendrá que conseguirnos el dinero!”  Salí de esa reunión con un reto inmenso y bastante preocupado. Volví a cerrar los ojos y empecé a organizar eventos. Lo primero que se me ocurrió es decirle al Padre Federico Bustamante, que es pariente mío, para que sus padres nos presten su casa de Lima para hacer un almuerzo benéfico y que su familia prepare el almuerzo y no nos cobre, de tal modo que podamos invitar a comensales limeños a que paguen una buena suma por plato.

Eran días de verano del año 2002, se organizó un gran almuerzo, algunos seminaristas hicieron de anfitriones y otros presentaron números musicales. Con el dinero que se obtuvo pude comprar tres pasajes, más el mío y de algún otro sacerdote que se apuntó y dos laicos de Valle Grande. Le pagué a Lufthansa los 7 primeros pasajes.

¿A quienes les tocaría esos tres primeros pasajes? Hicimos un concurso sobre la vida de San Josemaría entre los que querían viajar y a los 6 primeros ganadores se les entregaba medio pasaje y el resto se lo tenían que conseguir de sus familias. Se hizo así y alguno vendió a otro el suyo porque todavía no podía conseguir el resto de su familia, otro partió su parte en dos y le dio opción a otro más y así poco a poco fueron completando su pasaje. El dinero que obtenían me lo daban y con eso yo podía comprar más pasajes. Para todas estas operaciones había que dedicar algunos meses y teníamos que organizar otro evento para ir más de prisa. Hicimos una pollada y una tómbola en Cañete. Conseguimos de muchas familias de Lima regalos para la tómbola. Y de allí sacamos para más pasajes. Luego pedimos donativos, que también llegaron.

Pensando que había que conseguir más dinero viajé a la sierra para comprar muchas chompas de Alpaca para venderlas en Italia, los seminaristas vendieron imágenes de la Virgen y del Beato Josemaría. Otro capital lo conseguí vendiendo algunos libros que había publicado. Todo fue una carrera contra reloj que duró varios meses. A medio año ya teníamos comprados los pasajes de 23 seminaristas que son los que fueron conmigo a Roma. Los sacerdotes también ayudaron a los seminaristas para que pudieran viajar.

Todo el mundo estaba ilusionado, había un gran ambiente de expectativa en el seminario. La mayoría no había salido nunca del país y era la primera vez que viajaban en avión.

Llegó el día de la salida. La municipalidad de Lunahuaná puso un ómnibus para llevarnos al aeropuerto desde Cañete sin costo alguno. Viajaron con nosotros Andrés Álvarez Calderón Rey (ingeniero de Valle Grande) y Rigoberto Alvarado (director de la Escuela agraria). Todos viajamos elegantemente vestidos y una emoción increíble. (P. Manuel Tamayo. Página Web Alpakana.org).

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