PREPARACIÓN PARA VIAJAR A ROMA
A finales del 2001 mientras nos preparábamos para
celebrar el centenario del Fundador del Opus Dei, que en ese año era el Beato
Josemaría, nos anuncian su próxima canonización para el 6 de octubre del año
siguiente en la Plaza San Pedro.
Cuando fue la beatificación el año 92 me quedé en
Chiclayo y no pude viajar a Roma. Ahora tenía que hacer todos los méritos para
estar presente en la canonización. Con mucha anticipación me propuse llevar
sacerdotes y algún seminarista para que asistan conmigo a la canonización.
Primero averigüé los precios, sabía que si se compraban antes saldría todo más
barato.
El objetivo que me había propuesto no era fácil. Los
sacerdotes estaban muy ocupados en sus parroquias, pero la mayoría quería estar
presente en la canonización del Beato Josemaría. Con ellos hubo que hacer
malabares para que consiguieran permiso y sobre todo la financiación. Todos nos
alegramos mucho cuando el obispo dijo que el que arreglara bien las cosas para
no dejar abandonada su parroquia podría ir. Con tiempo varios se buscaron el
reemplazo sobre todo para los días de precepto y ajustaron bien sus horarios
para estar fuera el menor tiempo posible. Cada sacerdote se organizó como pudo.
Las compañías aéreas nos facilitaron los procedimientos. Yo traté directamente
con Lufthansa y, como les presenté una lista de 25 viajeros, me cobraban por
pasaje Lima-Frankfurt-Roma-Frankfurt- Lima: $ 760.00 y me daban dos pasajes
gratis. Separé los pasajes y me dieron un plazo para empezar a pagarlos.
En ese primero momento solo veía conseguir el
importe de los pasajes. En una primera reunión con todos los seminaristas se apuntaron
los que querían ir. Me asusté porque la mayoría quería viajar y eran más de
20. Era una locura. ¿Cómo podría hacer
para que 20 seminaristas, que no tenían recursos económicos, viajen a Roma?
Cerré los ojos y les pregunté a los que querían
viajar cuanto dinero podrían conseguir… me miraron como diciéndome, “¡Ud padre
tendrá que conseguirnos el dinero!” Salí
de esa reunión con un reto inmenso y bastante preocupado. Volví a cerrar los
ojos y empecé a organizar eventos. Lo primero que se me ocurrió es decirle al
Padre Federico Bustamante, que es pariente mío, para que sus padres nos presten
su casa de Lima para hacer un almuerzo benéfico y que su familia prepare el
almuerzo y no nos cobre, de tal modo que podamos invitar a comensales limeños a
que paguen una buena suma por plato.
Eran días de verano del año 2002, se organizó un
gran almuerzo, algunos seminaristas hicieron de anfitriones y otros presentaron
números musicales. Con el dinero que se obtuvo pude comprar tres pasajes, más
el mío y de algún otro sacerdote que se apuntó y dos laicos de Valle Grande. Le
pagué a Lufthansa los 7 primeros pasajes.
¿A quienes les tocaría esos tres primeros pasajes?
Hicimos un concurso sobre la vida de San Josemaría entre los que querían viajar
y a los 6 primeros ganadores se les entregaba medio pasaje y el resto se lo
tenían que conseguir de sus familias. Se hizo así y alguno vendió a otro el
suyo porque todavía no podía conseguir el resto de su familia, otro partió su
parte en dos y le dio opción a otro más y así poco a poco fueron completando su
pasaje. El dinero que obtenían me lo daban y con eso yo podía comprar más
pasajes. Para todas estas operaciones había que dedicar algunos meses y
teníamos que organizar otro evento para ir más
Pensando que había que conseguir más dinero viajé a
la sierra para comprar muchas chompas de Alpaca para venderlas en Italia, los
seminaristas vendieron imágenes de la Virgen y del Beato Josemaría. Otro
capital lo conseguí vendiendo algunos libros que había publicado. Todo fue una
carrera contra reloj que duró varios meses. A medio año ya teníamos comprados
los pasajes de 23 seminaristas que son los que fueron conmigo a Roma. Los
sacerdotes también ayudaron a los seminaristas para que pudieran viajar.
Todo el mundo estaba ilusionado, había un gran
ambiente de expectativa en el seminario. La mayoría no había salido nunca del
país y era la primera vez que viajaban en avión.
Llegó el día de la salida. La municipalidad de
Lunahuaná puso un ómnibus para llevarnos al aeropuerto desde Cañete sin costo
alguno. Viajaron con nosotros Andrés Álvarez Calderón Rey (ingeniero de Valle
Grande) y Rigoberto Alvarado (director de la Escuela agraria). Todos viajamos
elegantemente vestidos y una emoción increíble. (P. Manuel Tamayo. Página
Web Alpakana.org).
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