jueves, 20 de noviembre de 2025

 2001, MI SOBRINO JOSÉ LUIS ENTRA AL SEMINARIO

Me llamó mi hermana Teresa para decirme que su menor hijo José Luis que había terminado el colegio quería ser músico y que ella le había animado a seguir una carrera que pudiera ser más rentable para él. Me pidió que conversara con él sobre su futuro profesional.

Le conté que unos meses antes le había tomado unos Test de orientación profesional y que salía apto para cualquier carrera que quisiera seguir. José Luis estudió en el colegio Alpamayo y por lo tanto había recibido una buena formación religiosa. Eso me tranquilizaba bastante y además estaba dispuesto a conversar.

Como yo estaba en Cañete pasaron algunas semanas sin que lo haya visto todavía y mi hermana me volvió a llamar para contarme que José Luis había estado trabajando en un Snack y que lo encontraba un poco desorientado. De inmediato me fui a Lima y conversé con él. Grande fue mi sorpresa cuando me dice que pensaba tener vocación para ser sacerdote. Me contó que con un amigo habían estado visitando algunos conventos pero que nunca concretaron nada.

Como yo estaba en Cañete le pregunté si quería venir conmigo para que vea el Seminario Mayor y pueda participar de un almuerzo con los seminaristas. Me dijo que sí le gustaría. Le conté que se trataba de un seminario de provincia con seminaristas del lugar y de la sierra de Yauyos y de Huarochirí. Que allí no encontraría el ambiente que tuvo en el colegio Alpamayo. Me escuchaba atento y decidió acompañarme hasta Cañete.

Llamé por teléfono a Mons. Josemaría Ortega, que era el rector del seminario mayor y le dije que estaba yendo con mi sobrino José Luis para almorzar con los seminaristas.

José Luis se subió a mi carro y nos fuimos para Cañete. Le avisé a mi hermana que vendría conmigo para conversar más detenidamente con él sobre lo que me había pedido. En el camino José Luis no dejaba de hacer preguntas, hablamos sobre el clero diocesano y de cómo era la vida de un seminarista de provincia. Como los conocía bien le hablé de algunos para que él se sintiera cómodo en las conversaciones que iba a tener en la mesa, a la hora del almuerzo, y tal vez después, en la tertulia que se suele organizar después de las comidas.

Notaba que José Luis estaba contento con todo lo que le decía y veía que iba ponderando en su interioridad, con los argumentos que había acumulado, su posible vocación al sacerdocio. Quería conseguir algo seguro, en la línea de la vocación, que le diera más tranquilidad.

Llegamos a Cañete justo a la hora del almuerzo, pasamos al comedor. Le llamó la atención ver que algunos seminaristas se desplazaban camino al comedor leyendo un libro. Se sentó en una mesa con los chicos y yo estuve en la mesa del rector, mirando de reojo cómo se desenvolvía mi sobrino. Al rector le conté brevemente sobre las inquietudes de José Luis con respecto al sacerdocio, y que por eso lo había traído al seminario.

Al terminar el almuerzo pasamos a la tertulia, como ese día era el invitado, los seminaristas me acribillaron con preguntas. Como ya me conocían me pidieron que les cantara una canción, aproveché para incluir a José Luis que es un buen cantor y un buen guitarrista. Gracias a Dios cayó muy bien en el ambiente del seminario.

Al final el rector le alcanzó los programas de verano que incluyen las convivencias de discernimiento para los chicos que tengan inquietud vocacional. José Luis me miraba como diciéndome que no tendría que pasar por esas pruebas porque ya tenía una decisión firme. Cuando salíamos me dijo que sí le había gustado el ambiente del seminario y como lo veía bastante seguro le propuse algo que le iba a gustar: “solo nos queda visitar al obispo para contarle todo esto”  A José Luis le pareció genial.

Cogí el teléfono y llamé a Mons. Juan Antonio para pedirle si podía pasar unos minutos por el obispado antes de regresar a Lima. Era las 3.00 pm, me dijo que vaya enseguida. Salimos José Luis y yo del seminario y fuimos a la plaza de armas donde se encuentra el obispado de la Prelatura. Está muy cerca, a un par de cuadras. Al llegar esperamos unos minutos en la salita y llegó Mons. Juan Antonio Ugarte. Le presenté a mi sobrino y le dije que tenía inquietud sacerdotal y que le gustaría ingresar en el seminario de Cañete. Mirándolo a José Luis me dice Monseñor: “¿en qué colegio estudió?”, en el Alpamayo, contesté enseguida y “¿es pariente tuyo?” sí es mi sobrino, hijo de mi hermana Teresa. Y enseguida añadió: “¡si ha estudiado en el Alpamayo y si es familia tuya, debe tener las condiciones y la formación adecuada para entrar en el seminario!” y dirigiéndose a él le dijo: ¿aquí no te vas a encontrar a los pituquitos de Lima?, los chicos que hay en el seminario son muy buenos, pero son todos de provincia. José Luis asentía como diciéndole que el sabía bien donde venía.

Salimos del obispado y veía a José Luis muy contento. En unos días más estaba ingresando en el seminario de Cañete.  Mi familia se sorprendió mucho. Yo les tuve que decir que la decisión la tomó José Luis, que yo no le había convencido. (P. Manuel Tamayo. Página Wed: alpakana.org).

 

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