2001, MI SOBRINO JOSÉ LUIS ENTRA AL SEMINARIO
Me llamó mi hermana Teresa para decirme que su menor
hijo José Luis que había terminado el colegio quería ser músico y que ella le
había animado a seguir una carrera que pudiera ser más rentable para él. Me
pidió que conversara con él sobre su futuro profesional.
Le conté que unos meses antes le había tomado unos
Test de orientación profesional y que salía apto para cualquier carrera que
quisiera seguir. José Luis estudió en el colegio Alpamayo y por lo tanto había
recibido una buena formación religiosa. Eso me tranquilizaba bastante y además
estaba dispuesto a conversar.
Como yo estaba en Cañete pasaron algunas semanas sin
que lo haya visto todavía y mi hermana me volvió a llamar para contarme que
José Luis había estado trabajando en un Snack y que lo encontraba un poco
desorientado. De inmediato me fui a Lima y conversé con él. Grande fue mi
sorpresa cuando me dice que pensaba tener vocación para ser sacerdote. Me contó
que con un amigo habían estado visitando algunos conventos pero que nunca
concretaron nada.
Como yo estaba en Cañete le pregunté si quería venir
conmigo para que vea el Seminario Mayor y pueda participar de un almuerzo con
los seminaristas. Me dijo que sí le gustaría. Le conté que se trataba de un
seminario de provincia con seminaristas del lugar y de la sierra de Yauyos y de
Huarochirí. Que allí no encontraría el ambiente que tuvo en el colegio
Alpamayo. Me escuchaba atento y decidió acompañarme hasta Cañete.
Llamé por teléfono a Mons. Josemaría Ortega, que era
el rector del seminario mayor y le dije que estaba yendo con mi sobrino José
Luis para almorzar con los seminaristas.
José Luis se subió a mi carro y nos fuimos para
Cañete. Le avisé a mi hermana que vendría conmigo para conversar más
detenidamente con él sobre lo que me había pedido. En el camino José Luis no
dejaba de hacer preguntas, hablamos sobre el clero diocesano y de cómo era la
vida de un seminarista de provincia. Como los conocía bien le hablé de algunos
para que él se sintiera cómodo en las conversaciones que iba a tener en la mesa,
a la hora del almuerzo, y tal vez después, en la tertulia que se suele organizar
después de las comidas.
Notaba que José Luis estaba contento con todo lo que
le decía y veía que iba ponderando en su interioridad, con los argumentos que
había acumulado, su posible vocación al sacerdocio. Quería conseguir algo
seguro, en la línea de la vocación, que le diera más tranquilidad.
Llegamos a Cañete justo a la hora del almuerzo,
pasamos al comedor. Le llamó la atención ver que algunos seminaristas se
desplazaban camino al comedor leyendo un libro. Se sentó en una mesa con los
chicos y yo estuve en la mesa del rector, mirando de reojo cómo se desenvolvía
mi sobrino. Al rector le conté brevemente sobre las inquietudes de José Luis
con respecto al sacerdocio, y que por eso lo había traído al seminario.
Al terminar el almuerzo pasamos a la tertulia, como
ese día era el invitado, los seminaristas me acribillaron con preguntas. Como
ya me conocían me pidieron que les cantara una canción, aproveché para incluir
a José Luis que es un buen cantor y un buen guitarrista. Gracias a Dios cayó
muy bien en el ambiente del seminario.
Al final el rector le alcanzó los programas de
verano que incluyen las convivencias de discernimiento para los chicos que
tengan inquietud vocacional. José Luis me miraba como diciéndome que no tendría
que pasar por esas pruebas porque ya tenía una decisión firme. Cuando salíamos
me dijo que sí le había gustado el ambiente del seminario y como lo veía
bastante seguro le propuse algo que le iba a gustar: “solo nos queda visitar al
obispo para contarle todo esto” A José
Luis le pareció genial.
Cogí el teléfono y llamé a Mons. Juan Antonio para
pedirle si podía pasar unos minutos por el obispado antes de regresar a Lima.
Era las 3.00 pm, me dijo que vaya enseguida. Salimos José Luis y yo del
seminario y fuimos a la plaza de armas donde se encuentra el obispado de la
Prelatura. Está muy cerca, a un par de cuadras. Al llegar esperamos unos
minutos en la salita y llegó Mons. Juan Antonio Ugarte. Le presenté a mi
sobrino y le dije que tenía inquietud sacerdotal y que le gustaría ingresar en
el seminario de Cañete. Mirándolo a José Luis me dice Monseñor: “¿en qué
colegio estudió?”, en el Alpamayo, contesté enseguida y “¿es pariente tuyo?” sí
es mi sobrino, hijo de mi hermana Teresa. Y enseguida añadió: “¡si ha estudiado
en el Alpamayo y si es familia tuya, debe tener las condiciones y la formación
adecuada para entrar en el seminario!” y dirigiéndose a él le dijo: ¿aquí no te
vas a encontrar a los pituquitos de Lima?, los chicos que hay en el seminario
son muy buenos, pero son todos de provincia. José Luis asentía como diciéndole
que el sabía bien donde venía.
Salimos del obispado y veía a José Luis muy
contento. En unos días más estaba ingresando en el seminario de Cañete. Mi familia se sorprendió mucho. Yo les tuve
que decir que la decisión la tomó José Luis, que yo no le había convencido. (P. Manuel
Tamayo. Página Wed: alpakana.org).
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