CONDORAY Y LA PROMOCIÓN DE LA MUJER, 1998
Mi labor sacerdotal en Cañete era bastante extensa.
En las tardes salía de Valle Grande a pie y bajaba por la carretera unos 200
metros para atender las labores de Condoray. Las instalaciones eran bastante
grandes, en la calle contigua y perpendicular a la carretera estaban las
puertas, del instituto y de la casa, y en la calle del fondo, paralela a la
carretera, estaba la entrada de Villa Blanca, que era la casa de retiros, a la
que iba con relativa frecuencia para atender convivencias o cursos de retiro.
Una
magnífica promoción de la mujer
Me impresionó mucho ver la labor que hacían las
mujeres en Condoray. No conocía nada y me había imaginado que era algo más
pequeño, pero al ir atendiendo, casi día a día, me iba enterando de todo lo que
allí se hacía y de la repercusión que tenía en todo el valle de Cañete. Las
alumnas del instituto provenían de distintos lugares, algunas del valle de
Yauyos y otras venían de otros departamentos: Abancay, Cuzco, Huancavelica, etc.
Condoray, como instituto de educación superior para la mujer, Ofrecía
formación profesional técnica de calidad, con un enfoque humanístico en Gestión
Administrativa, Contabilidad, Administración de Servicios, Hostelería y
Restaurantes.
Buscaban inspirar a la mujer para que, a través de
la formación profesional y personal, consiga ser responsable en su propio
desarrollo y también, en la mejora de su entorno.
Con la formación espiritual que se imparte en Condoray, respetando
siempre la libertad de las conciencias, se pretende ayudar a las personas a ser
conscientes de su papel en el mundo, para poder lograr la ansiada “civilización
del amor” que tanto predicaba el Papa San Juan Pablo II.
El deber de querer a todas las
personas
Desde que ingresé al Opus Dei, en el año 1963, he oído siempre decir que
tenemos que querer a todas las personas sin excepción porque Cristo a muerto
por todos y que debemos dar prioridad al que lo necesita más.
Hoy se habla mucho de la inclusión de la mujer, para que ocupe los
mismos o mejores puestos que los hombres, en cualquier estamento de la
sociedad.
En el Opus Dei la promoción de la mujer ha sido constante. Hay miles de
iniciativas en todos los continentes, y Condoray es una de ellas.
Por el Instituto han pasado ciento de chicas que han llegado de sus
tierras y de sus casas sin mayores conocimientos y casi, diría yo, sin ninguna,
o muy escasa formación cristiana.
En Condoray han descubierto lo que significa vivir cerca de Dios y la
repercusión que pueda tener, esa cercanía, para los hogares y para la sociedad
en general. Vivir juntas en un instituto de capacitación les ayuda, junto al
aprendizaje de las materias de cada profesión, a relacionarse entre ellas con
las virtudes humanas y cristianas que apuntan a la unidad y al buen trato, al
espíritu de servicio y a la generosidad constante.
Las chicas que han salido de Condoray han llevado a las casas y a los
lugares de trabajo un ambiente cristiano de esfuerzo personal, colaboración y
servicio desinteresado a los demás, que va unida a una vida de piedad con
prácticas cristianas habituales. Es algo que necesita con urgencia nuestra
sociedad.
Las labores de formación
espiritual en Condoray
Como sacerdote en Condoray, las atendía dando meditaciones, retiros y un
acompañamiento espiritual, de acuerdo a
la voluntad de cada persona, que incluía también el sacramento de la
confesión.
Solía quedarme en el confesionario por las tardes unas dos ó tres horas
porque pasaba mucha gente, alumnas del instituto, sus amigas y muchas madres de
familia que asistían a los retiros mensuales que se organizaban para ellas.
Todos los días celebraba la Santa Misa y alguna vez deba clases de
doctrina católica. Nunca tuve problemas, el ambiente era acogedor y respetuoso
100 por 100.
En muchas ocasiones, desde Condoray, las chicas salían para dar
catequesis a los pueblos de la costa y de la sierra; también organizaban
actividades para las familias, que venían felices para aprender algo que podría
mejorar sus vidas en los ámbitos familiares o laborales.
Con la promoción de la mujer se daba calidad y valor a las profesiones
del hogar que enriquecen a la familia. San Josemaría decía que era el
apostolado de los apostolados.
Es una pena ver en la época actual el deterioro de muchos hogares y la
falta de valoración de la familia. La mujer en la familia es esencial. Una ama
de casa debe sentirse orgullosa de estar sirviendo y atendiendo a la familia.
Hoy se quiere alejar a la mujer del hogar, como si trabajar en casa
fuera una esclavitud. Esclaviza la mala vida, el pecado, los vicios y desde
luego los abusos, que pueden ocurrir en cualquier lugar y en cualquier trabajo.
Todo trabajo bien hecho es digno y noble y más el que está dedicado
directamente al servicio de los demás, como es específicamente el que se da en
los hogares.
El Papa Juan Pablo II acuñó la expresión
"Genio Femenino" para describir las cualidades y dones únicos que la
mujer posee y que son esenciales para la sociedad y la Iglesia.
Este genio se manifiesta en la receptividad,
sensibilidad, generosidad y maternidad (tanto
natural como espiritual), cualidades que, inspiradas en la Virgen María,
permiten a la mujer amar de manera ilimitada y transformar positivamente el
mundo. (P. Manuel Tamayo. Página Web: alpakana.org)
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