miércoles, 10 de septiembre de 2025

CONDORAY Y LA PROMOCIÓN DE LA MUJER, 1998

Mi labor sacerdotal en Cañete era bastante extensa. En las tardes salía de Valle Grande a pie y bajaba por la carretera unos 200 metros para atender las labores de Condoray. Las instalaciones eran bastante grandes, en la calle contigua y perpendicular a la carretera estaban las puertas, del instituto y de la casa, y en la calle del fondo, paralela a la carretera, estaba la entrada de Villa Blanca, que era la casa de retiros, a la que iba con relativa frecuencia para atender convivencias o cursos de retiro.

 

Una magnífica promoción de la mujer

Me impresionó mucho ver la labor que hacían las mujeres en Condoray. No conocía nada y me había imaginado que era algo más pequeño, pero al ir atendiendo, casi día a día, me iba enterando de todo lo que allí se hacía y de la repercusión que tenía en todo el valle de Cañete. Las alumnas del instituto provenían de distintos lugares, algunas del valle de Yauyos y otras venían de otros departamentos: Abancay, Cuzco, Huancavelica, etc.

Condoray, como instituto de educación superior para la mujer, Ofrecía formación profesional técnica de calidad, con un enfoque humanístico en Gestión Administrativa, Contabilidad, Administración de Servicios, Hostelería y Restaurantes.

 

Buscaban inspirar a la mujer para que, a través de la formación profesional y personal, consiga ser responsable en su propio desarrollo y también, en la mejora de su entorno.

Con la formación espiritual que se imparte en Condoray, respetando siempre la libertad de las conciencias, se pretende ayudar a las personas a ser conscientes de su papel en el mundo, para poder lograr la ansiada “civilización del amor” que tanto predicaba el Papa San Juan Pablo II.

 

El deber de querer a todas las personas

 

Desde que ingresé al Opus Dei, en el año 1963, he oído siempre decir que tenemos que querer a todas las personas sin excepción porque Cristo a muerto por todos y que debemos dar prioridad al que lo necesita más.

 

Hoy se habla mucho de la inclusión de la mujer, para que ocupe los mismos o mejores puestos que los hombres, en cualquier estamento de la sociedad.

 

En el Opus Dei la promoción de la mujer ha sido constante. Hay miles de iniciativas en todos los continentes, y Condoray es una de ellas.

 

Por el Instituto han pasado ciento de chicas que han llegado de sus tierras y de sus casas sin mayores conocimientos y casi, diría yo, sin ninguna, o muy escasa formación cristiana.

 

En Condoray han descubierto lo que significa vivir cerca de Dios y la repercusión que pueda tener, esa cercanía, para los hogares y para la sociedad en general. Vivir juntas en un instituto de capacitación les ayuda, junto al aprendizaje de las materias de cada profesión, a relacionarse entre ellas con las virtudes humanas y cristianas que apuntan a la unidad y al buen trato, al espíritu de servicio y a la generosidad constante.

 

Las chicas que han salido de Condoray han llevado a las casas y a los lugares de trabajo un ambiente cristiano de esfuerzo personal, colaboración y servicio desinteresado a los demás, que va unida a una vida de piedad con prácticas cristianas habituales. Es algo que necesita con urgencia nuestra sociedad.

 

Las labores de formación espiritual en Condoray

 

Como sacerdote en Condoray, las atendía dando meditaciones, retiros y un acompañamiento espiritual, de acuerdo a la voluntad de cada persona, que incluía también el sacramento de la confesión.

 

Solía quedarme en el confesionario por las tardes unas dos ó tres horas porque pasaba mucha gente, alumnas del instituto, sus amigas y muchas madres de familia que asistían a los retiros mensuales que se organizaban para ellas.

 

Todos los días celebraba la Santa Misa y alguna vez deba clases de doctrina católica. Nunca tuve problemas, el ambiente era acogedor y respetuoso 100 por 100.

 

En muchas ocasiones, desde Condoray, las chicas salían para dar catequesis a los pueblos de la costa y de la sierra; también organizaban actividades para las familias, que venían felices para aprender algo que podría mejorar sus vidas en los ámbitos familiares o laborales.

 

Con la promoción de la mujer se daba calidad y valor a las profesiones del hogar que enriquecen a la familia. San Josemaría decía que era el apostolado de los apostolados.

 

Es una pena ver en la época actual el deterioro de muchos hogares y la falta de valoración de la familia. La mujer en la familia es esencial. Una ama de casa debe sentirse orgullosa de estar sirviendo y atendiendo a la familia.

 

Hoy se quiere alejar a la mujer del hogar, como si trabajar en casa fuera una esclavitud. Esclaviza la mala vida, el pecado, los vicios y desde luego los abusos, que pueden ocurrir en cualquier lugar y en cualquier trabajo.

 

Todo trabajo bien hecho es digno y noble y más el que está dedicado directamente al servicio de los demás, como es específicamente el que se da en los hogares.

 

El Papa Juan Pablo II acuñó la expresión "Genio Femenino" para describir las cualidades y dones únicos que la mujer posee y que son esenciales para la sociedad y la Iglesia. 

 

Este genio se manifiesta en la receptividad, sensibilidad, generosidad y maternidad (tanto natural como espiritual), cualidades que, inspiradas en la Virgen María, permiten a la mujer amar de manera ilimitada y transformar positivamente el mundo.  (P. Manuel Tamayo. Página Web: alpakana.org)

 

 

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