viernes, 15 de agosto de 2025

VIAJE AL CURSO TEOLÓGICO DE BOGOTÁ

En Julio de 1996 viajé a Bogotá para asistir a un curso teológico en la Universidad de La Sabana. El curso lo dirigía el Padre Antonio Aranda  Doctor en Teología y estaba dirigido a sacerdotes colombianos de distintas diócesis ya a algunos laicos que también se inscribieron. Me alojé en una residencia de la Obra y todos los días después de la Santa Misa salía, con cierta prisa, para llegar puntual a las clases. Bogotá era una ciudad de un tráfico infernal y llegar hasta La Sabana , que estaba en las afueras, costaba su tiempo en medio de atolladeros. Recuerdo que se sumaron para dictar unas clases un grupo de empresarios que nos hablaron de la situación económica de Colombia y nos explicaban que casí el 50% de la economía estaba apoyada en el narcotráfico, que se había infiltrado fundamentalmente en la construcción. El problema de las guerrillas era bastante grande y de difícil solución. 

Conversando con el Padre Antonio Aranda me decía que la iniciativa de los Cursos Teológicos partía de D. Álvaro del Portillo y que estaba pensada inicialmente para los sacerdotes numerarios y que luego se hizo extensiva a otros sacerdotes diocesanos, de distintas circunscripciones eclesiásticas. Me dijo que en el Perú, donde hay tanto clero relacionado con la sss+ deberían organizarse estos cursos. Me animó a conversar con la universidad de Piura, para que así como La Sabana pueda organizarlos en el futuro.

Cuando fuí a Lima y planteé esta posibilidad me dijeron que era difícil porque la universidad de Piura no tenía facultad de Teología y teníamos que esperar unos años para poder realizar un curso internacional como el de Colombia. 

 

Visita de Mons. Javier Echevarría al Perú

En Agosto de 1996, llega al Perú el Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría. En Chiclayo hicimos todos los preparativos con la plena convicción de que vendría a visitarnos al colegio Algarrobos. Elegimos el lugar de la tertulia y mandamos a imprimir las entradas. Todo estaba bien organizado hasta que recibimos una noticia que nos dejó helados: el Padre solo vendría a Chiclayo para visitar a Mons. Ignacio Orbegozo. 

Tuvimos que cambiar de planes y trasladar las entradas a Piura. El Padre iba a tener una tertulia general en el campus de la Universidad.

 

El conjunto musical “Más”

En Chiclayo había organizado un pequeño coro, que era más bien un conjunto musical con profesores y padres de familia del colegio. Ensayábamos en la oficina de comunicaciones de la diócesis que llevaba el P. Fidel Purisaca. En el set de grabaciones estaba Marco Casaró, que se encargaba de ensayarnos y grabar canciones de amor humano para cantárselas al Prelado del Opus Dei antes dela tertulia general de Piura. 

Salió un bonito cancionero que se tituló: “Canciones del Recuerdo” estaban allí las canciones que le gustaban a San Josemaría y especialmente las que le cantaron a la Virgen en la Villa de Guadalupe el año 1970: “Gracias  por haberte conocido” “Morenita mía” “Solamente una vez” y otras que le habían cantado al Padre después de las tertulias como “Chapala”, una canción mexicana que le gustó mucho a San Josemaría y que se la cantábamos cada vez que podíamos. En el cancionero añadimos “A mi manera” una canción que le gustaba mucho a Mons. Ignacio Orbegozo.

Las otras canciones eran las clásicas de los años 60 ó 70 y varios valses peruanos como: “alma corazón y vida” que también se la habíamos cantado, en distintas ocasiones, a San Josemaría y otras muy conocidas como: “Amigo” que le encantaba al Papa Juan Pablo II. 

Al grupo coral de los profesores y padres de familia que reunimos esa vez para la visita de Mons. Javier Echevarría le pusimos: “el conjunto musical más” y grabamos un cassette (que era lo que había en esa época) con las canciones que más nos gustaban. El grupo estaba integrado por: Jorge Albujar, Julio Espinoza, Élida Valencia, Luz de Rivera, Yolanda de la Rosa, José Monteza, Alicia Calambrogio, Daniel García y yo.

Llegó Mons. Echevarría en un avioncito pequeño, fuímos a recibirlo al aeropuerto. Le dio un gran abrazo a Mons. Ignacio Orbegozo, que estaba muy contento de tener al Padre en su territorio. Fuímos a Las Eras donde se iba a alojar, le habíamos preparado una hermosa habitación en el segundo piso y en escritorio dejamos una carpeta para que el Padre escribiera allí un saludo, también habían unos regalos que habían traído algunos chiclayanos. 

El viaje estaba pensado solo para que el Padre visite al obispo, pero fue imposible impedir que la gente se entere. A la salida de Las Eras ya habían numerosas personas haciendo hurras y adioses al Padre. 

Antes del almuerzo Mons. Orbegoso llevo al Padre al obispado, le enseñó el edificio y conversaron un poco. A la vuelta almorzamos con el Padre en el comedor de Las Eras  y después hubo una tertulia en la sala de estar del local de la universidad de Piura que estaba contiguo a Las Eras. 

A la tertulia asistieron algunos chicos de la Obra numerarios, agregados y supernumerarios. Al terminar, el Padre me cogió, entramos en una salita y me dijo que había notado que en el Perú, la gente estaba muy cerca y que era fácil llegar a ellos, a diferencia de otros países donde veía que la gente estaba más distante. Mi hizo ver la responsabilidad que tenía en acercar a mucha gente a Dios a través de la labor apostólica que la obra ofrecía en Chiclayo, también me dijo que había que hacer una labor social con los más necesitados. 

A eso de las 3.00 pm, el Padre salió con Mons. Orbegoso hacia el Santuario de Nuestra Señora de la paz; al llegar entraron al convento de las carmelitas, que está pegado al Santuario. Ellas rezar por los sacerdotes y por el apostoldado del Opus Dei en Chiclayo, el Padre les dio mucho ánimo y las bendijo. En el santuario había un libro de visitas, allí escribió el Padre un largo saludo, que ha quedado para el recuerdo.

Del Santuario pasamos al Seminario. Los seminaristas estaban en el patio para recibir al Padre y un grupo salió a darles en encuentro, venía el consiliario del Opus Dei y Mons. Orbegoso, el Rector del Seminario y el grupo de anfitriones los hizo pasar al living de uan de las casas, detrás entramos todos, junto a los seminaristas y nos sentamos en el suelo. Se armó una simpática tertulia. Un seminarista grabó todo con una máquina VHS, que había en esos tiempos; la grabación no salió bien porque la hizo contra luz. 

Saliendo del seminario volvimos a Las Eras para que el Padre tomara algún refresco, en unas horas debía partir para Piura. Ya terminando la tarde sale de Las Eras para el aeropuerto, le acompañan Don Joaquín Alonso y Don Fernando Ocáriz. Nosotros seguíamos detrás. El Padre se detiene en el Alcorce, allí le esperaban hermanas nuestras con canciones y bienvenidas, para recibir al Padre en los escasos minutos que iba a permanecer allí. El Padre les deja unas palabras subrayando la unidad y fidelidad que vivimos en el Opus Dei unidos al Padre y al Santo Padre. 

Del Alcorce salimos para el aeropuerto, ya era de noche y allí estaba el avioncito que lo iba a llevar a Piura. Todos nos avalanzamos hacia él intentando darle un fuerte abrazo. El Padre se despidió de todos y el avión despegó. En ese pequeño avión se podía llegar a Piura en una hora más o menos, contando el decoláge y el aterrizaje. 

Llegué a Piura en la víspera de la tertulia general del campus, viajamos una pequeña delegación de Chiclayo con el P. Jaime Payeras, en carro, por tierra, tardamos unas tres horas en llegar, nos alojamos en la casa de la familia Venegas, donde nos atendieron muy bien.  

Al día siguiente temprano fuímos al campus de la universidad y me instalé con el “conjunto musical más” al lado de la orquesta de “Joselito”: al llegar nos pusimos a cantar, para que todos nos oigan; el campus estaba repleto de personas de todas las edades,  hasta que llegó el Padre, grandes aplausos y hurras de oían. Mientras el Padre entraba nosotros cantábamos a todo pulmón y cuando el padre llegó a prosenio y le pusieron el micro, se hizo un gran silencio y el Padre empezó la tertulia. Mucho entusiasmo, mucha emoción y varias preguntas que el Padre contestaba dando esperanza con sus respuestas. 

Cuando acabó la tertulia las multitudes se dispersaron. Nos fuímos corriendo para almorzar porque nos esperaba otra tertulia, con gente de la Obra el Phuirá, la casa donde vivían varios catedráticos de la universidad. Era el 15 der Agosto, fiesta de la Asunción de la Virgen. En la tertulia Jonny le cantó unos valses peruanos al Padre y Gustavo Llave hizo unos trocos de magia. El Padre la pasó bien y nos habló del compromiso que teníamos con el Señor y que ese día de fiesta era una buena ocasión para renovar nuestra entrega. Al terminar la tertulia pasamos al oratorio y el Padre renovó la consagración al Corazón Dulcísimo de María que hizo San Josemaría en la casa de Loreto, en el centro de Italia, en la década de los años 50 del siglo pasado.

Fueron días intensos que quedaron grabados en nuestra memoria y que motivan una acción de gracias contínua al ver a Mons. Javier Echevarría volcarse con nosotros y animándonos a decirle que sí a Dios en nuestro camino de lucha por ser santos. Antes de salir de Piura el Padre pudo ver desde el portal de Phuirá unos castillos de fuegos artificiales, en el cielo junto a las luces multicolores apareció: ¨viva el Padre”. (P. Manuel Tamayo).

 

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