LOS ACONTECIMIENTOS EN EL PERÚ EL AÑO 1996
El 96 fue un año bastante agitado para todos y de sucesos inesperados e increíbles. Cuando Arequipa celebraba su fiesta el 15 de agosto, el día de la Asunción, una bombarda se estrelló en un cable de alta tensión que se vino al suelo matando a las personas que estaban cerca. Todo sucedió en un par de segundos y la celebración se convirtió en tragedia.
Los chicos de Andahua, el Centro del Opus Dei de Arequipa, gracias a Dios, no estuvieron allí, pero nos contaron cómo había sido todo. Algo increíble. Después de oír los relatos me quedé con la idea que la fiesta de la Asunción de Arequipa, que debía ser de un gran fervor religioso, no lo era tanto. Existían actividades descontroladas y frívolas que desvirtuaban completamente el sentido religioso. Está bien celebrar las fiestas, pero las celebraciones deben guardar el decoro y el orden que es propio de una fiesta en honor de la Santísima Virgen María.
Al margen de las fiestas, los del Andahua seguían en sus actividades con chicos de colegio y universitarios combinando las charlas y meditaciones con el deporte y numerosos paseos. El Padre Alberto Clavell, como buen alpinista, conocía los mejores lugares Arequipeños para hacer magníficos paseos y poder escalar un poco. Renzo Forlín se encargaba de los alimentos. Un día que fuimos de paseo a Arequipa nos llevó a una famosa picantería y luego a un parque donde se preparaban los mejore buñuelos que competían con los picarones limeños.
Les contaba más arriba que en Chiclayo acudí muchas veces a la casa de la familia Sotelo. Maruja, la esposa de Vicente, me contaba que habían vivido unos años en Arequipa y que guardaban gratos recuerdos de la blanca ciudad. Ella, al enterarse de mi viaje a Arequipa, me conectó con una familia amiga para que los visitara y saludara.
Llegué a la casa señalada vestido con mi sotana. En ese tiempo los sacerdotes íbamos a todos los sitios en sotana y a la casa de una familia no podía presentarme de otra manera. Me recibieron con mucho cariño, los arequipeños son bastante querendones y mucho más tratándose de un sacerdote. Me hicieron pasar al living y la señora anfitriona entró a la cocina y me trajo una saltaña. Nunca había escuchado ese nombre pero al mirarla, vi que era semejante a las empanadas de aire chiclayanas y pensé que eran iguales. Le dí un buen mordisco y estalló una "bomba" que manchó toda mi sotana. La señora se disculpaba porque no me había advertido, pensaba que yo, como mis abuelos paternos eran arequipeños, conocía perfectamente las saltañas, que además eran de origen boliviano.
Las saltañas son unas empanadas repletas de comida, hay que comerlas con mucho cuidado para que no ocurra lo que a mi me pasó. Tuve que quitarme la sotana para que la limpiaran. Cuando le conté esto a los Sotelo no paraban de reírse.
Fatídico accidente de un Aeroperú
En esos años funcionaban dos compañías aéreas para los vuelos nacionales, Faucett y Aeroperú. Los vuelos empezaban a ser seguros en relación a los anteriores. El historial de accidentes aéreos en los años precedentes dejaban un triste recuerdo y unas listas de fallecidos, casi semejante, a las que podrían surgir de una guerra cruenta.
No se queda atrás el accidente de Aero Perú en un vuelo que salió de Lima con destino a Chile. Los trabajadores que habían estado revisando el avión se olvidaron de retirar las cintas adhesivas de los instrumentos de vuelo.
El avión despegó en la noche, y cuando se encontraba entre las nubes, el piloto no podía ver en los instrumentos de vuelo la localización del avión, tampoco podían ver la altura en la que se encontraban. Todos los instrumentos estaban obstruidos y no daban los datos. El avión terminó estrellándose en el Océano Pacífico.
Al enterarnos, al día siguiente, de cómo habían sido los hechos, nos llenamos de indignación. Era algo insólito, que no debía ocurrir. Da mucha pena ver que en tu país reina la informalidad y que algunas personas piensen que eso, de acuerdo a nuestra indosincracia tenía que ser lo normal. La dejadez y los descuidos que son consecuencia de la informalidad son también un atentado contra las personas.
En nuestro país tenemos que luchar para combatir la indiferencia que tienen los que solo buscan su beneficio personal y lo de los demás les importa un bledo.
En nuestra sociedad lamentablemente falta cultura y virtudes humanas. El nivel necesario para que las personas sean responsables en su trabajo y se ocupen también de todo lo que hace noble, limpia y grande a una sociedad.
Es increíble que todavía se esté jugando al "gran bonetón" y nadie se sienta culpable o responsable de lo que le ocurre a los demás o a la sociedad en general.
La frecuencia de los temblores y terremotos
El Perú es una tierra de temblores y terremotos. Todos los peruanos hemos estado en muchísimos temblores. Cuando empieza a temblar la tierra solemos salir corriendo por si luego continúa un terremoto que podría tener consecuencia graves, con muertos, desaparecidos y heridos.
Gracias a Dios estuve solo en dos terremotos. Hubieron dos más cuando estaba estudiando en Europa. La experiencia es inolvidable, no se pasa bien. Hay personas que se desesperan, se arrodillan y le ruegan a Dios que pare el movimiento.
Defensa civil hace continuos simulacros y nos llenan de indicaciones de lo que tenemos que hacer en caso de un sismo o cuando se de el alerta de un Sunami.
En setiembre del 96 hubo un terremoto en Nazca, sin mayores consecuencias.
La incursión del terrorismo
El terrorismo es otro cáncer que tuvo nuestro país al final del siglo XX con Sendero Luminoso y los guerrilleros del MRTA que tomaron la embajada de Japón.
El martes 17 de diciembre de 1996, el embajador del Japón en el Perú Morihisa Aoki ofreció una recepción con motivo del cumpleaños del Emperador Akihito, en su residencia de la calle Tomás Edison N.º 210 en el distrito de San Isidro, Lima.
A las pocas horas de iniciada la celebración, se produjo una explosión e ingresaron 14 terroristas del MRTA que se encontraban en la casa vecina y tomaron como rehenes a los 800 invitados, entre los cuales se encontraban diplomáticos, ministros de Estado, altas autoridades y familiares del entonces presidente Alberto Fujimori.
La emboscada sorpresa y la toma de la residencia del embajador de Japón fue la operación de más alto perfil del MRTA en sus 15 años de historia. El ataque colocó al Perú en general y al MRTA en particular en el centro de atención mientras duró la crisis. Los invitados relataron que los terroristas hicieron un hoyo en la pared del jardín de la residencia del embajador, con una explosión, alrededor de las 8:20 p. m. del 17 de diciembre de 1996.
El complejo había estado custodiado por más de 300 oficiales de policías y guardaespaldas fuertemente armados.
La vivienda estaba rodeada por un muro de 3.50 metros y tenía rejas en todas las ventanas, vidrios a prueba de balas en muchas de ellas y puertas construidas para soportar el impacto de una granada. Por tanto, era un sitio fácil de defender desde el interior.
Las noticias del asalto del MRTA a la residencia del embajador causaron que la Bolsa de valores de Lima cerrara tres horas más temprano, dado que las acciones locales se desplomaron.
El sentimiento de la población peruana en general puede ser resumido con un comentario de un editorial del periódico peruano más importante: «Es un revés de al menos cuatro años. Hemos regresado a ser un país sujeto al terror».
Las noticias llegaron durante un período de baja popularidad del presidente Alberto Fujimori (cayó al 40% desde el 75% a inicios de 1996), quien había recibido hasta entonces el crédito por restaurar la paz en el país luego que la actividad terrorista había cesado en gran medida a lo largo del país durante su primer mandato presidencial.
Había que seguir rezando para que llegara La Paz a nuestro país. Fueron años duros de incertidumbre, con muertos en las calles por acción de los grupos terrorista que buscaban una escalada para dominar la ciudad. La oración es poderosa y el Señor siempre ha protegido a los peruanos. Sin embargo es necesario estar al lado De Dios siendo personas de bien, que buscan lo mejor para los demás y para el país entero.(P. Manuel Tamayo).
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