viernes, 29 de agosto de 2025

 VALLE GRANDE Y LOS PASEOS DEL CLUB AZOR

Las labores de Cañete me absolvieron enseguida, la Escuela Agraria, que llevaba Rigoberto Alvarado, con chicos de la región que se quedaban a dormir una semana, con el sistema de la alternancia.

David Bauman se había iniciado en su proyecto pro-rural y viajaba por el Perú conectando con los pobladores de la sierra para fundar escuelas. Tenía una labor intensa que le exigía tener reuniones con las autoridades para sacar también los permisos correspondientes.

Mario Acosta estaba con el Instituto Agropecuario. Surgieron varias iniciativas. Se compró un terreno para sembrar y se empezó una actividad que con los años se tuvo que dejar, la llevaba Julio Céspedes Javier Sabaté había llegado de España y trataba a gente mayor de Cañete. Muchas veces acudía a Misa temprano a la Catedral porque había invitado a algún amigo.

Fueron pasando los años y los trabajos se intensificaron. Para Valle Grande y para la Escuela Agraria llegaban donativos. El gobierno de Japón hizo un donativo importante que permitió la construcción de nuevas aulas y la instalación de un centro de cómputo. Se arregló la cancha de fútbol que estaba en un terreno que llamábamos “costo cero” era más o menos prestado del municipio, pero estaba cerrado y pusimos unas mallas en el contorno para que la pelota no saliera a la calle. Los de Valle Grande también se dedicaron a sacar infusiones para vender, pero duraron poco.

En esos años se dejaron los galpones, ya no se iba a tener el negocio de las gallinas. José Alberto Lasunción construyó un nuevo pabellón de tres pisos para la residencia de alumnos de la escuela agraria. Esas instalaciones se usaban los fines de semana para organizar convivencias o cursos de retiro para chicos y para mayores.

Paco Col tenía al frente de Valle Grande las instalaciones de Radio Estrella del Sur y consiguió otro local donde colocó una gran antena. La radio era de onda media y llegaba a toda la región con programas culturales y educativos. También trabajaba en Caritas ayudando a Mons. Juan Antonio Ugarte.

 

EL CLUB AZOR

El azor es un ave cazadora que va a grandes velocidades. El club tomó ese nombre para dar a entender que los chicos que sean socios debían formarse bien para ir a grandes velocidades y conseguir que el mundo sea mejor. Jorge Gandolfo diseño un bonito escudo para el club y en la cancha de fulbito se pintó un azor con las alas extendidas.

El club Azor existía para los chicos de colegio. Venían fundamentalmente del Sepúlveda y de Cerro Alegre, todos los sábados se predicaba la meditación en el oratorio y luego había un rato de tertulia. Los domingos no podía faltar el partido de fulbito, o de fútbol si había más gente, algunas veces se jugaba los sábados antes de la meditación, o después, de noche con los reflectores encendidos.

Al poco tiempo de estar allí, vino, para ayudar en las labores de Valle Grande, Guillermo Cáceres, que también estuvo encargado del club.

En semana Santa hicimos un paseo a Ayacucho con chicos del Azor, fuimos en una combi, repleta de escolares, entre ellos estaban André y Andretti Luis, sobrinos de Ángel Luis, agregado que estaba en Lima, ellos vivían frente a Valle Grande.

El paseo fue sensacional, fuimos por la carretera de Los Libertadores, que estaba nueva, paramos en Huaytará para ver un pequeño museo incaico y luego continuamos a Rumichaca donde está el desvío a Huancavelica. Tuvimos que atravesar los cuatro mil metros de altura. Alguno se mareó un poco pero pronto se le pasó.

En Ayacucho nos contaban lo que tuvo que vivir, en esas tierras, Mons. Juan Luis Cipriani, en las épocas del terrorismo, cuando muchos lugares de Ayacucho eran zona roja, por la presencia de Sendero Luminoso. Mons. Cipriani tenía que esconderse muchas veces para evitar algún posible secuestro.

Una noche tuvimos una tertulia impresionante con el P. Nemesio Villacrés que fue rondero antes de ordenarse sacerdote y nos contaba lo que pasaba él y su familia cuando se enfrentaba Sendero con los ronderos o con soldados del ejército. Algunas familias tenían hijos en el ejercito y en sendero luminoso. Los enfrentamientos fueron duros y crueles. Algunas veces los senderistas ajusticiaban con pena de muerte a las autoridades, en las plazas de los pueblos, en presencia de sus propias familias.

En Ayacucho vimos la imponente procesión de semana santa con el fervor de la gente del lugar mezcladas con una multitud de turistas que estaban más por turismo que por peregrinación. En otro sector de la ciudad también había turistas libando licor en unos festejos que no eran propios de esos días que se recuerda la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

Después de los oficios de Semana santa, ya en la Pascua fuimos a la pampa de la Quinua, allí donde está el obelisco que recuerda la batalla de Ayacucho, camino a Huanta. Los chicos se bajaron a corretear y a subirse en unos ponys que alquilaban sobre todo para hacerse una foto.

Regresamos a Cañete felices de haber disfrutado del viaje y de haber vivido una semana santa en la ciudad que tiene 33 templos coloniales de mucho nivel. Pensaba que, así como en tierra santa se había instalado la violencia por el conflicto entre judíos y palestinos, así también, en una ciudad con tanta presencia religiosa, como Ayacucho, se había instalado sendero luminoso para destruir el fervor y la vida cristiana de sus habitantes. El demonio ataca los lugares más sagrados con persecuciones y matanzas. El príncipe de la mentira quiere destruirlo todo y conseguir que los hombres se pierdan. (P. Manuel Tamayo)

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