DEL ANÁLISIS A LA PARÁLISIS, Chiclayo 1996
En agosto de 1996
estaba haciendo una convivencia en la casa de retiros Larboleda en Chosica,
cuando llegó el P. Miguel Ángel Serna, me llamó a parte y me dijo que habían
pensado que yo regresara a Lima y me preguntaba si estaría de acuerdo y
dispuesto.
Mi respuesta fue
igual a la que hice en Lima para venir a Chiclayo: disposición plena para ir a
donde sea necesario. También estaba muy contento el Chiclayo en la labor con
sacerdotes y chicos jóvenes, pero si el Señor quería otra cosa, yo también la
quería.
Esta vez tenía que
dejar Chiclayo y a muchas amistades que cultivé en la “ciudad de la amistad”,
realmente eran muchos y veía que se quedarían apenados por mi traslado. Es lo
que ocurre siempre, la gente que te quiere no quiere que te vayas y hacen lo
posible para retenerte.
Yo lo tenía muy
claro, si me pedían cambiar de lugar, era algo bueno para mi y para muchas más
personas, que son las que el Señor pondría en mi camino.
¿En qué tendría que mejorar Chiclayo?
Cuando uno se va de
un lugar siempre se pregunta que es lo que hay que arreglar para hacerlo de
inmediato o advertirlo para que se haga.
¿Qué es lo que
habría que hacer en Chiclayo? La gente es muy buena, pero en muchas zonas de la
ciudad había que construir pistas, como en Leonardo Ortiz, por ejemplo. Me
apenaba pasar por sus calles llenas de tierra, muchas veces enlodadas cuando
llovía. Daba la impresión de que en ese distrito nadie se preocupaba
por embellecerlo y modernizarlo.
Las otras calles de
la ciudad estaban llenas de baches, se quedaban así años enteros y nadie las
arreglaba. Mi preocupación era por la dejadez de las autoridades que no ponían
los medios; parecía que no les importaba tener las calles sin asfalto o sucias,
porque tampoco recogían la basura, que lucía horrible en los bordes de las
avenidas dando un aspecto desagradable y nauseabundo al que pasaba por allí,
además era un grave peligro la salud de los pobladores.
Políticas que impiden las buenas iniciativas
Para resolver esos
problemas no faltaban las iniciativas de particulares con proyectos
interesantes, incluso con inversiones extranjeras, como la de los suizos que
estaban dispuestos a invertir 60 millones de soles para cerrar el botadero de
Reque, que es el más grande del Perú, y construir una planta de gestión
ambiental de residuos sólidos y así resolver el problema de la basura.
Las autoridades
peruanas empezaron a reunirse para ver ese proyecto y en vez de aceptarlo
rápidamente se llenaron de teorías, no se ponían de acuerdo, se demoraban un
siglo para resolver; consiguieron con esas negligencias que los suizos se hartaran y se retiraran
del proyecto. Se perdió esa oportunidad, el problema de la basura no se
resolvió y continúa hasta ahora.
Es increíble, da
mucha pena, ver a las autoridades reunirse, discutir, argumentar distintos planteamientos y no resolver para que las cosas se hagan enseguida.
Da la impresión que
todos los que se reúnen están buscando sacar provecho de cada proyecto, y así, por las confrontaciones o desacuerdos, las cosas se quedan sin resolver y los proyectos, si es que los hay, duran años sin ejecutarse, o no
se hacen nunca.
En Chiclayo el
problema de las calles rotas y de la basura tirada en las pistas y carreteras es algo
que clama al Cielo.
Exceso de reuniones y ausencia de decisiones coherentes y rápidas
No se entiende porque no se aceptan iniciativas que podrían resolver el problema de inmediato.
Parece que
en nuestro país hay destructores de las iniciativas buenas que inventan
argumentos que los presentan como coherentes y de acuerdo a leyes y reglamentos que son usados para demostrar que esas iniciativas no son viables. Dan a pensar que el rechazo de esas iniciativas es porque no les beneficia a ellos.
Estamos viendo que,
en el Perú, no son pocas las autoridades, que, al reunirse para analizar los
proyectos, ponen trabas burocráticas, no sabemos si es por cortedad humana, por
envidia, por razones políticas, o por las tres a la vez.
Cae como anillo al
dedo la clásica expresión: “del análisis a la parálisis”, mucho bla bla bla, mucha teoría y todo
paralizado. Da la impresión que esas trabas se dan porque hay un negociado de fondo.
Me preocupaba tener
que irme de Chiclayo con esa pena, las calles rotas, la basura sin recoger;
pero sabía que me iría con la alegría de haber conocido mucha gente buena, que
han sido para mí, buenos amigos, de esas amistades que perduran y nunca se
olvidan. (P. Manuel Tamayo).
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