viernes, 13 de junio de 2025

 MIS VIAJES A LIMA  desde Chiclayo en 1994

El año 1994 viaje a Lima con relativa frecuencia para asistir a convivencias y retiros y de paso visitar a mi familia. Mis sobrinos estaban cada día más grandes. Para ellos era la época del crecimiento. Me daba mucho gusto verlos y cada vez que podía los llamaba para jugar algún partido de fulbito.

Ese año entró en vigencia la constitución que se había elaborado el año 1993. En el mes de mayo hubo un atentado terrorista en el hotel María Angola de Miraflores que dejó un saldo de 4 muertos y 20 heridos. Ese año nos alegró mucho cuando la UNESCO proclama a las líneas de Nazca como Patrimonio Cultural de la humanidad.

Curso de orientación profesional en Lima

En el Centro Cultural “Las Eras” organizamos un curso de orientación profesional en Lima. Los chicos estaban asombrados porque esos cursos los solíamos tener en Chiclayo con charlas sobre las distintas carreras, pero esta vez les propusimos ir a Lima y conseguimos que se apuntaran un buen número de chicos de 5to de media.

El curso consistía en visitar las universidades a las que pensaban presentarse y algunos lugares de trabajo de las especialidades que habían elegido. Era un curso de orientación práctico que combinaba con paseos culturales y algunas charlas de orientación.

El día de partida tomamos el bus por la noche y al día siguiente por la mañana llegábamos a Lima. Los chicos no tenían problema de dormir durante el viaje. Yo me conformaba con dormitar un poco. Nos pudimos alojar en el colegio Los Álamos de Jesús María.

El recorrido lo habíamos organizado con anticipación, fuimos a la universidad católica, allí nos enseñaron la facultad de ingeniería civil y estuvimos en la plataforma donde se simula un terremoto. A los chicos les divirtió mucho, de La Católica nos pasamos a la fabrica de Chocolates D´Onofrio, que estaba muy cerca del Fundo Pando en la Av. Venezuela. Disfrutaron mucho viendo el proceso de la elaboración de los chocolates y más cuando pudieron llevarse bastantes chocolates surtidos, algunos no aguantaron y se los comieron pronto.

La visita a casa de mi mamá

Al día siguiente se me ocurrió visitar a mi familia de sangre y llevar a todos los chicos a casa de mi madre para que la conozcan. Mi mamá estaba feliz de ver a los chicos jóvenes, que todavía estaban en su etapa escolar, y al final nos hicimos una foto con ella.

Otro día fuimos a la facultad de medicina de la Universidad Mayor de San Marcos, que se llama San Fernando, y está en la Av. Grau en pleno centro de Lima.

Un buen grupo de los chicos que vinieron con nosotros quería estudiar medicina. Cuando ingresamos a San Fernando había un fuerte olor a formol. Nos decían que era para conservar los cadáveres que los alumnos debían estudiar. Eso no les gustó mucho y peor cuando pasamos a la morgue. Ese día algunos decidieron cambiar de carrera, se habían asustado con lo que les esperaba si querían ser médicos.

Al día siguiente fuimos al Palacio de Justicia y asistimos a un juicio en una de las salas de la corte superior. Los que querían seguir Derecho vieron por primera vez el desarrollo de un juicio. Menos mal que nos dejaron entrar cuando les explicamos que era un curso de orientación familiar.

Yo recordé, con cierta nostalgia, los años que estuve trabajando allí, antes de mi viaje a Roma.

Del Palacio de Justicia caminamos por el jirón Lampa hasta el diario “El Comercio”, vimos cómo se elaboraba el periódico. Estaban imprimiendo “el suplemento” para el día domingo. Pudimos ver a Pocho Rospigliosi, que escribía para la página deportiva y a Alfredo Kato que comentaba sobre los programas de televisión. Diez años antes “El Comercio” de los Miro Quesada competía con “La Prensa de Don Pedro Beltrán Espantoso, que cerró en 1974.

El Centro de Lima estaba prácticamente igual que los años anteriores. Nos sorprendía que en el jirón Azángaro seguían existiendo establecimientos que elaboraban tesis para universitarios y los documentos que hicieran falta para el que los solicitaba. Todos falsos, desde luego, lo sorprendente es que nadie hacía nada. Todo funcionaba a vista y paciencia de los clientes.

En el curso nos veíamos con la obligación de hablarle a los chicos de honestidad y de ética profesional, haciéndoles ver que esos establecimientos deberían cerrarse y que era la autoridad la que tendría que intervenir rápidamente y si no lo hacían, era porque existirían intereses oscuros de corrupción.

El curso terminó y regresamos todos a Chiclayo. Fue una experiencia inolvidable para cada uno que recordamos con nostalgia y con mucho cariño. (P. Manuel Tamayo)

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