MIS VIAJES A LIMA desde Chiclayo en 1994
El año 1994 viaje a
Lima con relativa frecuencia para asistir a convivencias y retiros y de paso
visitar a mi familia. Mis sobrinos estaban cada día más grandes. Para ellos era
la época del crecimiento. Me daba mucho gusto verlos y cada vez que podía los
llamaba para jugar algún partido de fulbito.
Ese año entró en
vigencia la constitución que se había elaborado el año 1993. En el mes de mayo
hubo un atentado terrorista en el hotel María Angola de Miraflores que dejó un
saldo de 4 muertos y 20 heridos. Ese año nos alegró mucho cuando la UNESCO
proclama a las líneas de Nazca como Patrimonio Cultural de la humanidad.
Curso de orientación profesional en Lima
En el Centro
Cultural “Las Eras” organizamos un curso de orientación profesional en Lima.
Los chicos estaban asombrados porque esos cursos los solíamos tener en Chiclayo
con charlas sobre las distintas carreras, pero esta vez les propusimos ir a
Lima y conseguimos que se apuntaran un buen número de chicos de 5to de media.
El curso consistía
en visitar las universidades a las que pensaban presentarse y algunos lugares
de trabajo de las especialidades que habían elegido. Era un curso de
orientación práctico que combinaba con paseos culturales y algunas charlas de
orientación.
El día de partida
tomamos el bus por la noche y al día siguiente por la mañana llegábamos a Lima.
Los chicos no tenían problema de dormir durante el viaje. Yo me conformaba con
dormitar un poco. Nos pudimos alojar en el colegio Los Álamos de Jesús María.
El recorrido lo
habíamos organizado con anticipación, fuimos a la universidad católica, allí
nos enseñaron la facultad de ingeniería civil y estuvimos en la plataforma
donde se simula un terremoto. A los chicos les divirtió mucho, de La Católica
nos pasamos a la fabrica de Chocolates D´Onofrio, que estaba muy cerca del
Fundo Pando en la Av. Venezuela. Disfrutaron mucho viendo el proceso de la
elaboración de los chocolates y más cuando pudieron llevarse bastantes
chocolates surtidos, algunos no aguantaron y se los comieron pronto.
La visita a casa de mi mamá
Al día siguiente se
me ocurrió visitar a mi familia de sangre y llevar a todos los chicos a casa de
mi madre para que la conozcan. Mi mamá estaba feliz de ver a los chicos
jóvenes, que todavía estaban en su etapa escolar, y al final nos hicimos una
foto con ella.
Otro día fuimos a la
facultad de medicina de la Universidad Mayor de San Marcos, que se llama San
Fernando, y está en la Av. Grau en pleno centro de Lima.
Un buen grupo de los
chicos que vinieron con nosotros quería estudiar medicina. Cuando ingresamos a
San Fernando había un fuerte olor a formol. Nos decían que era para conservar
los cadáveres que los alumnos debían estudiar. Eso no les gustó mucho y peor
cuando pasamos a la morgue. Ese día algunos decidieron cambiar de carrera, se
habían asustado con lo que les esperaba si querían ser médicos.
Al día siguiente
fuimos al Palacio de Justicia y asistimos a un juicio en una de las salas de la
corte superior. Los que querían seguir Derecho vieron por primera vez el
desarrollo de un juicio. Menos mal que nos dejaron entrar cuando les explicamos
que era un curso de orientación familiar.
Yo recordé, con
cierta nostalgia, los años que estuve trabajando allí, antes de mi viaje a
Roma.
Del Palacio de
Justicia caminamos por el jirón Lampa hasta el diario “El Comercio”, vimos cómo
se elaboraba el periódico. Estaban imprimiendo “el suplemento” para el día
domingo. Pudimos ver a Pocho Rospigliosi, que escribía para la página deportiva
y a Alfredo Kato que comentaba sobre los programas de televisión. Diez años
antes “El Comercio” de los Miro Quesada competía con “La Prensa de Don Pedro
Beltrán Espantoso, que cerró en 1974.
El Centro de Lima
estaba prácticamente igual que los años anteriores. Nos sorprendía que en el
jirón Azángaro seguían existiendo establecimientos que elaboraban tesis para
universitarios y los documentos que hicieran falta para el que los solicitaba.
Todos falsos, desde luego, lo sorprendente es que nadie hacía nada. Todo
funcionaba a vista y paciencia de los clientes.
En el curso nos
veíamos con la obligación de hablarle a los chicos de honestidad y de ética
profesional, haciéndoles ver que esos establecimientos deberían cerrarse y que era
la autoridad la que tendría que intervenir rápidamente y si no lo hacían, era
porque existirían intereses oscuros de corrupción.
El curso terminó y
regresamos todos a Chiclayo. Fue una experiencia inolvidable para cada uno que
recordamos con nostalgia y con mucho cariño. (P. Manuel Tamayo)
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