MIS AMIGOS LIMEÑOS EN CHICLAYO Y PIURA, 1994
Cuando tenía que
viajar a Lima para asistir a una convivencia o a algún retiro, procuraba
encontrar tiempo para llamar o verme con mis amigos.
Antes de venir a
Chiclayo, como lo hemos recordado, había formado en Lima el grupo PROMAR, que
fue nen realidad una asociación para difundir programas doctrinales de moral
cristiana.
En esos años hice
amistad con el Dr. Luis Giusti La Rosa, que fue congresista de la Nación, con
el Dr. Raúl Cantella, que tenía el mejor laboratorio clínico de Lima, (años
después fue alcalde de San Isidro), con el profesor Alan Patroni y con el
publicista Fernando Málaga.
En Chiclayo
organizamos un evento en el Cultural Peruano Norteamericano para resaltar a la
familia cristiana con la exhortación apostólica “Familiaris consortio”. Le pusimos el nombre de una expresión que
usaba San Juan Pablo II: “¡Familia se
tú!”
Para ese evento
vinieron mis amigos de Lima. También tuvimos una presentación en el CEO de
Santo Toribio de Mogrovejo. Todo fue un éxito y mis amigos quedaron contentos.
Ese mismo año animé
a Alan Patroni Jr. para que fuera a Piura para echar una mano en el colegio
Turicará. Allí se quedó, se casó y continúa con su familia hasta ahora.
El CEO de Santo Toribio en Chiclayo
El año 93 llegó a Chiclayo un joven vasco, Manolo Alcazar, miembro agregado del Opus Dei. Mons. Ignacio Orbegozo lo contrató para que sacara adelante un Centro de ocupación institucional, CEO, en la sede del pedagógico de Chiclayo. Se instaló allí con algunas carreras técnicas como corte y confección, imprenta y computación. Lo iba a visitar con frecuencia y por esas coincidencias de la vida pude imprimir allí una nueva edición de los folletos de PROMAR y mi segundo libre: “La inteligencia de la Sencillez”, que me había prologado Nicanor La fuente.
El libro lo pude
presentar en la casa de la Cultura. Hizo el saludo protocolar de bienvenida el
director Oscar Vílchez y presentó el libro el mismo Nicanor La Fuente (NIXA).
Estuvo también presente Marco Antonio Corcuera que me había prologado mi primer
libro: “Los Cantos del Sí a Dios”. Me acompañaron mi mamá y varias familias
amigas.
Manolo en el CEO
hizo una buena labor, se construyeron nuevos edificios y se fue preparando el
camino para lo que luego fue la Universidad Santo Toribio, que era uno de los
sueños de Mons. Ignacio Orbegoso.
Gracias a Dios todo
fue creciendo en Chiclayo, la labor que teníamos en “Las Eras” y en “El Cañal”
con chicos era conocida en los principales colegios y universidades.
Teníamos actividades
como Técnicas de estudio y charlas de orientación profesional para ayudar a los
estudiantes a encontrar la universidad o instituto donde podrían continuar con
sus estudios profesionales. También ayudaba mucho el CEPU de la Universidad de
Piura que siempre estaba lleno de alumnos.
Teníamos que multiplicar
nuestro tiempo para atender a todos. Al lado de “las Eras” funcionaba el
Programa de Dirección de empresas para los egresados de las universidades.
Venían catedráticos desde Piura para dictar las clases.
En las diversas
actividades con los muchachos, no faltaba la ayuda de la dirección espiritual
por parte del sacerdote. Se les invitaba, a los que quisieran, a los retiros
que se celebraban periódicamente en “Las Eras” y algunas veces en “El Cañal”
Los ambientes que se
formaban en torno a las actividades eran muy gratos. La gente la pasaba bien y
nosotros felices con ellos. En esos años hicimos muchos amigos y gracias a
Dios, el prestigio de esas labores se extendió por toda la ciudad. La finalidad
era formar a la gente para que crezcan en virtudes humanas y cristianas y todos
puedan ser, en sus casas y en sus trabajos, sembradores de paz y de alegría,
como decía San Josemaría. (P. Manuel Tamayo).
No hay comentarios:
Publicar un comentario