miércoles, 18 de junio de 2025

 MIS AMIGOS LIMEÑOS EN CHICLAYO Y PIURA, 1994

Cuando tenía que viajar a Lima para asistir a una convivencia o a algún retiro, procuraba encontrar tiempo para llamar o verme con mis amigos.

Antes de venir a Chiclayo, como lo hemos recordado, había formado en Lima el grupo PROMAR, que fue nen realidad una asociación para difundir programas doctrinales de moral cristiana.

En esos años hice amistad con el Dr. Luis Giusti La Rosa, que fue congresista de la Nación, con el Dr. Raúl Cantella, que tenía el mejor laboratorio clínico de Lima, (años después fue alcalde de San Isidro), con el profesor Alan Patroni y con el publicista Fernando Málaga.

En Chiclayo organizamos un evento en el Cultural Peruano Norteamericano para resaltar a la familia cristiana con la exhortación apostólica “Familiaris consortio”. Le pusimos el nombre de una expresión que usaba San Juan Pablo II: “¡Familia se tú!”

Para ese evento vinieron mis amigos de Lima. También tuvimos una presentación en el CEO de Santo Toribio de Mogrovejo. Todo fue un éxito y mis amigos quedaron contentos.

Ese mismo año animé a Alan Patroni Jr. para que fuera a Piura para echar una mano en el colegio Turicará. Allí se quedó, se casó y continúa con su familia hasta ahora.


El CEO de Santo Toribio en Chiclayo

El año 93 llegó a Chiclayo un joven vasco, Manolo Alcazar, miembro agregado del Opus Dei. Mons. Ignacio Orbegozo lo contrató para que sacara adelante un Centro de ocupación institucional, CEO, en la sede del pedagógico de Chiclayo. Se instaló allí con algunas carreras técnicas como corte y confección, imprenta y computación. Lo iba a visitar con frecuencia y por esas coincidencias de la vida pude imprimir allí una nueva edición de los folletos de PROMAR y mi segundo libre: “La inteligencia de la Sencillez”, que me había prologado Nicanor La fuente.

El libro lo pude presentar en la casa de la Cultura. Hizo el saludo protocolar de bienvenida el director Oscar Vílchez y presentó el libro el mismo Nicanor La Fuente (NIXA). Estuvo también presente Marco Antonio Corcuera que me había prologado mi primer libro: “Los Cantos del Sí a Dios”. Me acompañaron mi mamá y varias familias amigas.

Manolo en el CEO hizo una buena labor, se construyeron nuevos edificios y se fue preparando el camino para lo que luego fue la Universidad Santo Toribio, que era uno de los sueños de Mons. Ignacio Orbegoso.

Gracias a Dios todo fue creciendo en Chiclayo, la labor que teníamos en “Las Eras” y en “El Cañal” con chicos era conocida en los principales colegios y universidades.

Teníamos actividades como Técnicas de estudio y charlas de orientación profesional para ayudar a los estudiantes a encontrar la universidad o instituto donde podrían continuar con sus estudios profesionales. También ayudaba mucho el CEPU de la Universidad de Piura que siempre estaba lleno de alumnos.

Teníamos que multiplicar nuestro tiempo para atender a todos. Al lado de “las Eras” funcionaba el Programa de Dirección de empresas para los egresados de las universidades. Venían catedráticos desde Piura para dictar las clases.

En las diversas actividades con los muchachos, no faltaba la ayuda de la dirección espiritual por parte del sacerdote. Se les invitaba, a los que quisieran, a los retiros que se celebraban periódicamente en “Las Eras” y algunas veces en “El Cañal”

Los ambientes que se formaban en torno a las actividades eran muy gratos. La gente la pasaba bien y nosotros felices con ellos. En esos años hicimos muchos amigos y gracias a Dios, el prestigio de esas labores se extendió por toda la ciudad. La finalidad era formar a la gente para que crezcan en virtudes humanas y cristianas y todos puedan ser, en sus casas y en sus trabajos, sembradores de paz y de alegría, como decía San Josemaría. (P. Manuel Tamayo).

 

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