martes, 24 de junio de 2025

LOS OBISPOS DE CHICLAYO

Las visitas de Monseñor Ignacio Orbegozo, Chiclayo 1994

Mons. Orbegozo, que pertenecía al Opus Dei, venía todas las semanas a su círculo y almorzaba con nosotros. En las tertulias, después del almuerzo, era como un libro de historia abierto. Nos contaba anécdotas de los tiempos que vivió con San Josemaría en España y luego cuando lo hicieron Prelado de Yauyos, las aventuras a caballo por Los Andes para ir de pueblo en pueblo eran impresionantes. Nos hacía recordar a Santo Toribio de Mogrovejo, que recorrió medio Perú a lomo de mula llegando hasta los caseríos más apartados.

Mons. Orbegoso estaba muy contento porque le ayudábamos en la dirección espiritual con sus sacerdotes. Entre el P. Payeras y yo conversábamos con los sacerdotes de la diócesis que querían tener dirección espiritual con nosotros, algunos eran socios del Opus Dei y participaban en un medio de formación semanal, donde se les recordaba la llamada universal a la santidad, la obediencia al obispo y la unidad con todos los sacerdotes, el amor al Papa y el celo por las almas.

Todos los sacerdotes tenemos que estar unidos dentro de la Iglesia al Papa y a los Obispos para realizar en el mundo el mandato de Cristo: transmitir la Palabra de Dios a través del catecismo y las prédicas y llevar los sacramentos a las almas. Gracias a Dios y a nuestras oraciones de Chiclayo han salido muchas vocaciones fieles.


Las obras del obispo de Chiclayo

Con Mons. Ignacio Orbegozo se pusieron los principales cimientos de la diócesis de Chiclayo.

Gracias a la visita que hizo al Perú San Josemaría Escrivá el año 1974, algunas diócesis reforzaron la labor apostólica con los acólitos y los catequistas para encontrar vocaciones sacerdotales. 

En poco tiempo el Seminario mayor, que empezó el P. Hilarión Rubio, se llenó de chicos. Al cabo de pocos años empezaron las ordenaciones sacerdotales anuales, que solían ser alrededor de la fiesta de la Inmaculada. Salieron, gracias a Dios, muchas promociones de sacerdotes jóvenes.

También se puso mucho énfasis en organizar actividades para ayudar los padres de familia en su formación cristiana. En esta labor destacó el P. Agapito Muñoz por su entrega y dedicación. El pueblo chiclayano lo recuerda con cariño y reconoce el trabajo que hizo en favor de las familias.

Mons. Orbegozo tenía además una ilusión muy grande por la educación, Consiguió instalar en la diócesis una normal pedagógica y un colegio de aplicación. Con los años la normal se transformó en la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo, que hoy ha ganado un gran prestigio en Chiclayo y en toda la región norte del Perú.

Mons. Ignacio luchó también para que Chiclayo tenga un Santuario para agradecerle a la Virgen los frutos que nuestra Madre del Cielo había conseguido el Chiclayo con numerosas familias cristianas y también abundantes vocaciones. Al lado del Santuario de Nuestra Señora de la Paz hay un monasterio de religiosas carmelitas de clausura. Ellas rezan por la diócesis y por todo  el pueblo Chiclayano.


Los sucesores de Mons. Ignacio Orbegozo

Mons. Jesús Moliné continuó la obra de Mons, Orbegozo. La universidad pudo crecer y también el Colegio Santo Toribio de Mogrovejo. Mons. Moliné escribió un libro donde relata la gestión de Mons. Orbegozo en Chiclayo.

Realmente con los dos obispos la diócesis dio un gran estirón y las vocaciones sacerdotales y religiosas se multiplicaron. Todo estaba muy bien estructurado cuando llegó a Chiclayo Mons. Robert Prevost, el actual Papa León XIV. 

En el tiempo que estuvo como obispo de Chiclayo disfrutó mucho junto a los sacerdotes y a las familias chiclayanas. Chiclayo fue para él y para todas las personas que hemos pasado por allí, una verdadera ciudad de la amistad. Tenemos amigos chiclayanos para toda la vida. (P. Manuel Tamayo)

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