Viajes a Santa Cruz, Chota y Cutervo
Cada dos meses viajaba en
la camioneta Land Crusier, a Chota y Cutervo, algunas veces iba por Santa Cruz y otras veces por
Llama.
Acostumbraba ir con algunos
chicos que me acompañaban y solía aprovechar esos viajes para conversar con
ellos, darles alguna charla formativa y hacer deporte.
En esos años las carreteras no
estaban asfaltadas, había mucho polvo y en tiempos de lluvia, que en esa zona
del país eran constantes, todo se llenaba de lodo.
Era difícil avanzar porque en la
pista se formaban unas huellas cuando se endurecía la tierra y las llantas
trataban de montarse en ellas y había que tener el timón firme para que las
llantas vayan sobre las huellas. Yo terminaba con las manos encalladas por la
dureza del timón.
Cuando llovía tenía que parar y
bajar del carro para limpiar las llantas que estaban enfangadas, y en las
curvas cuando pasaba el agua que caía de las quebradas, también tenía que bajar
del carro para colocar piedras y no permitir que la camioneta resbalara. Estos
eran los inconvenientes del viaje que lo hacían demasiado largo.
Lo fantástico era el majestuoso
paisaje de la sierra norte de Cajamarca. No había mucha altura, el horizonte
era amplio y verde, cuando salía el sol, sus rayos reflejaban el esplendor de
un magnifico colorido, entre el verdor de los campos sembrados y el de los
cerros, que era más oscuro y parecía que se escondía entre las rocas, creando
un paisaje de una belleza impresionante.
Nos divertíamos mucho con los
chicos en la camioneta cantando las canciones de moda, las de Queen, que estaban de moda, de Freddie
Mercury, “I wan to Break free”.
Todavía no existían los
celulares. Yo llevaba una máquina de fotos con rollo y en un viaje no hacíamos
más de 5 ó 6 fotografías, luego había que revelarlas y algunas no estaban bien.
Tengo muy pocos recuerdos fotográficos de esas travesías.
Cuando el viaje era por Santa
Cruz pasaba por Chongoyape, Tinajones, y Catache.
En Catache parábamos para comer
unas deliciosas Limas que se cultivan allí y luego preparábamos la camioneta;
para mayor seguridad le ponía las 4 tracciones. En los modelos de esos años,
había que bajarse del carro y mover el disco de la tracción en cada rueda.
La carretera de Catache a Santa
Cruz era muy estrecha y empinada. Estaba al borde del cerro y el carro cuando
pasaba se inclinaba hacia el precipicio. Había una disposición para que
determinados días de la semana la carretera sea de un solo sentido, así no se corría
el riesgo de encontrarse con otra movilidad en sentido contrario cuando el
camino era demasiado estrecho. En algunos tramos, se hacía muy difícil y hasta
imposible retroceder para darle paso al otro carro.
Existían en esa carretera los
camiones llamados mixtos que llevaban animales y pasajeros. Cuando se viajaba
en ellos, el olor era espantoso y además el camión cuando corría se balanceaba.
Los que subían por primera vez la pasaban mal, pero después llegaban a
acostumbrarse. El hombre es un ser de costumbre.
Fue muy divertido cuando vinieron
los irlandeses a un campamento de trabajo. Al llegar pensaban que bus que hacía
el recorrido de Chiclayo a Santa Cruz tenía un paradero. El bus partía de una
acequia donde todo era tierra alrededor. Para facilitarles el viaje me adelanté
para pedirle al chofer que los recogiera de “Las Eras” Los irlandeses se
quedaron asombrados de que vaya a recogerles el ómnibus de línea a la casa. A
mi no me costó nada convencer al chofer que con los irlandeses aseguró un buen
número de pasajeros.
A la ida fueron asustados por la
precariedad de los medios y la velocidad de ese carro entre los precipicios y
cerros de la sierra. En cambio, de vuelta, al terminar el campamento de
trabajo, se regresaron en el mixto,
cantando balanceándose trepados en la tolva.
A Santa Cruz habían llegado,
siglos atrás, unos españoles que formaron una colonia en medio del campo. Esto
dio lugar a que sus descendientes, las siguientes generaciones sean blancos y
no mestizos como el resto de la población. Cuando uno llega a la sierra de
Cajamarca le llama la atención esa originalidad. De chico había oído una
cantaleta que decía: “Dale posada al
peregrino, menos al cajamarquino y como dijo Baquedano al chotano ni la mano” (1).
Ahora que conozco bien esta zona, esa cantaleta es irreal, la gente de esta zona
es muy buena y generosa, además piadosa. De estas tierras han salido muchas
vocaciones sacerdotales y religiosas.
La Prelatura de Chota llevada por
los Agustinos recoletos hicieron unas misiones y formaron grupos de catequistas
en las familias. Una labor realmente formidable.
La santidad de Mons. José Arana
En aquellos años estaba de obispo
prelado Monseñor José Arana. Tuve la fortuna de alojarme varias veces en el
obispado y poder conversar con él, era un santo varón, muy amigo de Mons.
Ignacio Orbegozo. Tenía a sus seminaristas en el seminario de Chiclayo y estaba
muy contento con la formación que recibían. Ya se habían ordenado varios
sacerdotes chotanos que fui conociendo poco a poco. (2)
En una ocasión viajé a Santa Cruz
en el ómnibus provincial, tal como lo hacía el Padre Plácido Olivares que
viajaba todos los meses para predicarles en retiro a los sacerdotes. Esta vez
viajé con una cámara VHS que me prestó el P. Fidel Purisaca que trabajaba en
los medios de comunicación de la diócesis. Quería hacer algunas filmaciones
sobre la labor de los sacerdotes en esos pueblos.
Cuando llegué a Santa Cruz me
puse a caminar por las calles, era realmente grato, era al atardecer y con un
clima primaveral, me llamó la atención que en muchas casas estaban rezando el
Santo Rosario, era como las 6.00 pm, seguramente la hora del Rosario.
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(1) Se dice que esta frase surgió durante la guerra
con Chile, donde los soldados del país sureño, que ya habían invadido el norte
peruano, solían decirse entre sí: “Como dijo Baquedano, al chotano ni la mano”.
Esto porque su máximo jefe, Manuel Baquedano, solía expresar esta frase debido
a que los chotanos participaban de manera aguerrida en la contienda, lo que
significó un buen número de bajas en el ejército chileno. Por tal razón los
chilenos se propusieron castigarlos incendiando Chota el 29 de agosto 1882.Posteriormente
siguió usándose entre los peruanos el ya famoso: “al chotano ni la mano”, a lo
que los chotanos responden: "Las apariencias engañan, el chotano es un
hermano "
(2) P. Fernando Vásquez, César
Piedra, Castinaldo Mega, Abel Mego, Feliciano Altamirano, Guillermo Mego,
Eleuterio Vásquez y Galvarino Taica, entre otros.
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La parroquia estaba construida
con material noble de calidad, era elegante y me gustó mucho. Me contaban que
el P. Juan Tomis, (3) es estuvo allí consiguió material de los Estados Unidos y
logró hacer una Iglesia grande y moderna.
Me alojé en la parroquia. En esos
años estaban los padres Eleuterio Vásquez, Mauro Gamonal, José Antonio Jacinto
Fiestas y el Padre Onorato Altamirano, que me prestó un carro Datsum que le había regalado el
presidente Alberto Fujimori, para visitar a otro sacerdote y en el camino se me
incendió; aunque podía parecer una tragedia, resultó algo divertido porque
querían deshacerse del auto.
Otras veces hacía el viaje por
Llama, en aquellos años estaba allí de párroco el P. Abel Mego, me acuerdo que
en el techo de su casa había paneles solares y funcionaban con una instalación
eléctrica de 10 kilovatios.
Llama es conocida como “el balcón
de Chiclayo” las nubes descansan allí creando un paisaje bucólico, propio de un
cuento de miedo. Continuaba mi viaje hacia Huambos, allí visité al P.
Felizardo, es un lugar bastante frío pero de bellos paisajes andinos.
Un día viajando de Huambos hacia
Cutervo me agarró una lluvia. Iba en la camioneta pero no tenía la doble
tracción puesta. Pensé que no era necesario porque la lluvia no era tan fuerte
y más bien aceleré para llegar antes y así no me agarraría ninguna tormenta.
Esa decisión casi me cuesta la vida porque en la pista, que era de arcilla, el
carro patinó y dio una vuelta en trompo. Me pegué el susto de mi vida. Bajé del
carro, le puse la doble tracción y continué mi viaje despacio, llegué primero a
Cochabamba, gracias a Dios se había pasado la lluvia y pude continuar mi viaje
a Cutervo mirando un paisaje primaveral a ambos lados de la carretera, unas
pampas amarillas y verdes, toros y vacas lucían en los corrales de los ranchos
y espléndidos caballos.
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(3) fue un sacerdote católico destacado
por la diócesis de
Bridgeport, Connecticut, como misionero en el norte peruano. Se le reconoce
como el gran impulsor de la Parroquia San Juan María Vianney de Chiclayo (SJMV),
Perú (1967-1986). Su labor pastoral excedió los límites de su parroquia para
llegar a sectores vulnerables donde hubieran enfermos, presos, discapacitados,
o desplazados, que respondieron a su mensaje incondicionalmente, porque supo
utilizar el lenguaje “de corazón a corazón,” de un pastor que hablaba más con
el ejemplo de su trabajo que por la fluidez de un idioma que no era el suyo.
La carretera se perdía dentro del
hermoso paisaje hasta llegar a Cutervo. La antigua Iglesia parecía una pintura
dentro del paisaje serrano, al lado la casa parroquial donde me alojé una
noche, estaba en P. Feliciano que era el párroco, en la noche nos pegamos una
conversada de “padre y Señor mío”, muy simpático e ilustrativo. Al día
siguiente, temprano, después de un suculento desayuno partí para Sócota (4)
Llegué a la casa parroquial que
era toda de madera, cuando se caminaba por los pasillos la madera crujía. A
diferencia de Cutervo el Sócota hacía calor, estaba a 1,800 mts de altura sobre
el nivel del mar, la carretera seguía bajando y se podía llegar, en poco
tiempo, hasta el río Marañón, para ingresar en la selva alta.
En Sócota estaba el P. Galvarino
Taica que tocaba muy bien la guitarra y cantaba, hicimos migas y nos quedamos
cantando hasta horas avanzadas, la pasamos en grande. El Padre agradecía mucho
que le haya ido a visitar.
La visita a esos pueblos era muy
corta, cuatro ó cinco días de recorrido parando lo que sea necesario para estar
un rato con los sacerdotes que vivían en esos lugares. Algunos estaban solos y
agradecían mucho esas visitas. Yo ganaba en experiencia porque en los viajes no
solo veía el paisaje, también recogía muchas historias interesantes del Perú
profundo. Me hubiera gustado estar más tiempo en cada sitio, pero tenía que
volver a Chiclayo, donde tenía más trabajo.
Al regresar a Chiclayo pasaba por
pueblos que olían a “Yonque” el licor típico de esas zonas de Cajamarca (Manuel Tamayo).
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(4) Sócota es uno de los distritos
más importantes de la Provincia
de Cutervo en la Región Cajamarca república del Perú. Ubicado en
un hermoso valle en la que confluyen el río Sucse y el río Socotino, con una
altitud a 1750 m s. n. m. y una extensión territorial de 34.82 km,
presenta un clima templado lo que hace de este lugar un sitio acogedor y cálido
como su gente.
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