miércoles, 9 de abril de 2025

 Viajes a Santa Cruz, Chota y Cutervo

Cada dos meses viajaba en la camioneta Land Crusier, a Chota y Cutervo, algunas veces iba por Santa Cruz y otras veces por Llama.

Acostumbraba ir con algunos chicos que me acompañaban y solía aprovechar esos viajes para conversar con ellos, darles alguna charla formativa y hacer deporte.

En esos años las carreteras no estaban asfaltadas, había mucho polvo y en tiempos de lluvia, que en esa zona del país eran constantes, todo se llenaba de lodo.

Era difícil avanzar porque en la pista se formaban unas huellas cuando se endurecía la tierra y las llantas trataban de montarse en ellas y había que tener el timón firme para que las llantas vayan sobre las huellas. Yo terminaba con las manos encalladas por la dureza del timón.

Cuando llovía tenía que parar y bajar del carro para limpiar las llantas que estaban enfangadas, y en las curvas cuando pasaba el agua que caía de las quebradas, también tenía que bajar del carro para colocar piedras y no permitir que la camioneta resbalara. Estos eran los inconvenientes del viaje que lo hacían demasiado largo.

Lo fantástico era el majestuoso paisaje de la sierra norte de Cajamarca. No había mucha altura, el horizonte era amplio y verde, cuando salía el sol, sus rayos reflejaban el esplendor de un magnifico colorido, entre el verdor de los campos sembrados y el de los cerros, que era más oscuro y parecía que se escondía entre las rocas, creando un paisaje de una belleza impresionante.

Nos divertíamos mucho con los chicos en la camioneta cantando las canciones de moda, las de Queen, que estaban de moda, de Freddie Mercury, “I wan to Break free”.

Todavía no existían los celulares. Yo llevaba una máquina de fotos con rollo y en un viaje no hacíamos más de 5 ó 6 fotografías, luego había que revelarlas y algunas no estaban bien. Tengo muy pocos recuerdos fotográficos de esas travesías.

Cuando el viaje era por Santa Cruz pasaba por Chongoyape, Tinajones, y Catache.

En Catache parábamos para comer unas deliciosas Limas que se cultivan allí y luego preparábamos la camioneta; para mayor seguridad le ponía las 4 tracciones. En los modelos de esos años, había que bajarse del carro y mover el disco de la tracción en cada rueda.

La carretera de Catache a Santa Cruz era muy estrecha y empinada. Estaba al borde del cerro y el carro cuando pasaba se inclinaba hacia el precipicio. Había una disposición para que determinados días de la semana la carretera sea de un solo sentido, así no se corría el riesgo de encontrarse con otra movilidad en sentido contrario cuando el camino era demasiado estrecho. En algunos tramos, se hacía muy difícil y hasta imposible retroceder para darle paso al otro carro.

Existían en esa carretera los camiones llamados mixtos que llevaban animales y pasajeros. Cuando se viajaba en ellos, el olor era espantoso y además el camión cuando corría se balanceaba. Los que subían por primera vez la pasaban mal, pero después llegaban a acostumbrarse. El hombre es un ser de costumbre.

Fue muy divertido cuando vinieron los irlandeses a un campamento de trabajo. Al llegar pensaban que bus que hacía el recorrido de Chiclayo a Santa Cruz tenía un paradero. El bus partía de una acequia donde todo era tierra alrededor. Para facilitarles el viaje me adelanté para pedirle al chofer que los recogiera de “Las Eras” Los irlandeses se quedaron asombrados de que vaya a recogerles el ómnibus de línea a la casa. A mi no me costó nada convencer al chofer que con los irlandeses aseguró un buen número de pasajeros.

A la ida fueron asustados por la precariedad de los medios y la velocidad de ese carro entre los precipicios y cerros de la sierra. En cambio, de vuelta, al terminar el campamento de trabajo, se regresaron en el mixto, cantando balanceándose trepados en la tolva.

A Santa Cruz habían llegado, siglos atrás, unos españoles que formaron una colonia en medio del campo. Esto dio lugar a que sus descendientes, las siguientes generaciones sean blancos y no mestizos como el resto de la población. Cuando uno llega a la sierra de Cajamarca le llama la atención esa originalidad. De chico había oído una cantaleta que decía: “Dale posada al peregrino, menos al cajamarquino y como dijo Baquedano al chotano ni la mano” (1). Ahora que conozco bien esta zona, esa cantaleta es irreal, la gente de esta zona es muy buena y generosa, además piadosa. De estas tierras han salido muchas vocaciones sacerdotales y religiosas.

La Prelatura de Chota llevada por los Agustinos recoletos hicieron unas misiones y formaron grupos de catequistas en las familias. Una labor realmente formidable.

La santidad de Mons. José Arana

En aquellos años estaba de obispo prelado Monseñor José Arana. Tuve la fortuna de alojarme varias veces en el obispado y poder conversar con él, era un santo varón, muy amigo de Mons. Ignacio Orbegozo. Tenía a sus seminaristas en el seminario de Chiclayo y estaba muy contento con la formación que recibían. Ya se habían ordenado varios sacerdotes chotanos que fui conociendo poco a poco. (2)

En una ocasión viajé a Santa Cruz en el ómnibus provincial, tal como lo hacía el Padre Plácido Olivares que viajaba todos los meses para predicarles en retiro a los sacerdotes. Esta vez viajé con una cámara VHS que me prestó el P. Fidel Purisaca que trabajaba en los medios de comunicación de la diócesis. Quería hacer algunas filmaciones sobre la labor de los sacerdotes en esos pueblos.

Cuando llegué a Santa Cruz me puse a caminar por las calles, era realmente grato, era al atardecer y con un clima primaveral, me llamó la atención que en muchas casas estaban rezando el Santo Rosario, era como las 6.00 pm, seguramente la hora del Rosario.

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(1) Se dice que esta frase surgió durante la guerra con Chile, donde los soldados del país sureño, que ya habían invadido el norte peruano, solían decirse entre sí: “Como dijo Baquedano, al chotano ni la mano”. Esto porque su máximo jefe, Manuel Baquedano, solía expresar esta frase debido a que los chotanos participaban de manera aguerrida en la contienda, lo que significó un buen número de bajas en el ejército chileno. Por tal razón los chilenos se propusieron castigarlos incendiando Chota el 29 de agosto 1882.Posteriormente siguió usándose entre los peruanos el ya famoso: “al chotano ni la mano”, a lo que los chotanos responden: "Las apariencias engañan, el chotano es un hermano "

(2) P. Fernando Vásquez, César Piedra, Castinaldo Mega, Abel Mego, Feliciano Altamirano, Guillermo Mego, Eleuterio Vásquez y Galvarino Taica, entre otros.

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La parroquia estaba construida con material noble de calidad, era elegante y me gustó mucho. Me contaban que el P. Juan Tomis, (3) es estuvo allí consiguió material de los Estados Unidos y logró hacer una Iglesia grande y moderna.

Me alojé en la parroquia. En esos años estaban los padres Eleuterio Vásquez, Mauro Gamonal, José Antonio Jacinto Fiestas y el Padre Onorato Altamirano, que me prestó un carro Datsum que le había regalado el presidente Alberto Fujimori, para visitar a otro sacerdote y en el camino se me incendió; aunque podía parecer una tragedia, resultó algo divertido porque querían deshacerse del auto.

Otras veces hacía el viaje por Llama, en aquellos años estaba allí de párroco el P. Abel Mego, me acuerdo que en el techo de su casa había paneles solares y funcionaban con una instalación eléctrica de 10 kilovatios.

Llama es conocida como “el balcón de Chiclayo” las nubes descansan allí creando un paisaje bucólico, propio de un cuento de miedo. Continuaba mi viaje hacia Huambos, allí visité al P. Felizardo, es un lugar bastante frío pero de bellos paisajes andinos.

Un día viajando de Huambos hacia Cutervo me agarró una lluvia. Iba en la camioneta pero no tenía la doble tracción puesta. Pensé que no era necesario porque la lluvia no era tan fuerte y más bien aceleré para llegar antes y así no me agarraría ninguna tormenta. Esa decisión casi me cuesta la vida porque en la pista, que era de arcilla, el carro patinó y dio una vuelta en trompo. Me pegué el susto de mi vida. Bajé del carro, le puse la doble tracción y continué mi viaje despacio, llegué primero a Cochabamba, gracias a Dios se había pasado la lluvia y pude continuar mi viaje a Cutervo mirando un paisaje primaveral a ambos lados de la carretera, unas pampas amarillas y verdes, toros y vacas lucían en los corrales de los ranchos y espléndidos caballos.

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(3)  fue un sacerdote católico destacado por la diócesis de Bridgeport, Connecticut, como misionero en el norte peruano. Se le reconoce como el gran impulsor de la Parroquia San Juan María Vianney de Chiclayo (SJMV), Perú (1967-1986). Su labor pastoral excedió los límites de su parroquia para llegar a sectores vulnerables donde hubieran enfermos, presos, discapacitados, o desplazados, que respondieron a su mensaje incondicionalmente, porque supo utilizar el lenguaje “de corazón a corazón,” de un pastor que hablaba más con el ejemplo de su trabajo que por la fluidez de un idioma que no era el suyo.

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La carretera se perdía dentro del hermoso paisaje hasta llegar a Cutervo. La antigua Iglesia parecía una pintura dentro del paisaje serrano, al lado la casa parroquial donde me alojé una noche, estaba en P. Feliciano que era el párroco, en la noche nos pegamos una conversada de “padre y Señor mío”, muy simpático e ilustrativo. Al día siguiente, temprano, después de un suculento desayuno partí para Sócota (4)

Llegué a la casa parroquial que era toda de madera, cuando se caminaba por los pasillos la madera crujía. A diferencia de Cutervo el Sócota hacía calor, estaba a 1,800 mts de altura sobre el nivel del mar, la carretera seguía bajando y se podía llegar, en poco tiempo, hasta el río Marañón, para ingresar en la selva alta.

En Sócota estaba el P. Galvarino Taica que tocaba muy bien la guitarra y cantaba, hicimos migas y nos quedamos cantando hasta horas avanzadas, la pasamos en grande. El Padre agradecía mucho que le haya ido a visitar.

La visita a esos pueblos era muy corta, cuatro ó cinco días de recorrido parando lo que sea necesario para estar un rato con los sacerdotes que vivían en esos lugares. Algunos estaban solos y agradecían mucho esas visitas. Yo ganaba en experiencia porque en los viajes no solo veía el paisaje, también recogía muchas historias interesantes del Perú profundo. Me hubiera gustado estar más tiempo en cada sitio, pero tenía que volver a Chiclayo, donde tenía más trabajo.

Al regresar a Chiclayo pasaba por pueblos que olían a “Yonque” el licor típico de esas zonas de Cajamarca (Manuel Tamayo).

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(4)  Sócota es uno de los distritos más importantes de la Provincia de Cutervo en la Región Cajamarca república del Perú. Ubicado en un hermoso valle en la que confluyen el río Sucse y el río Socotino, con una altitud a 1750 m s. n. m. y una extensión territorial de 34.82 km, presenta un clima templado lo que hace de este lugar un sitio acogedor y cálido como su gente.

 

 

 

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