LAS VISITAS A MI TÍA BERTHA
Estando en Lima era fácil visitar a la familia de sangre. En medio de mis actividades me reservaba un espacio para hacerlo. Tenía además la intención de estar cerca de mis sobrinos que todavía eran adolescentes y ayudarles en la orientación de sus vidas.
Con relativa frecuencia organizaba partidos de fulbito para estar con ellos. Eran generalmente en las noches, alquilando alguna cancha, que ya las había de gras sintético. Los partidos eran en el estadio de San Isidro, a una cuadra de la casa de mis padres ó en el colegio Los Álamos, otras veces alquilamos una canchita simpática que está en el último piso de un edificio en el Moll de Caminos del Inca en Surco.
Venían con frecuencia a jugar los hijos de mi hermano Guillermo, Carlos Manuel, Pablo y Daniel; alguna vez jugó mi hermano Guillermo; también frecuentaban esos partidos los hijos de mi primo Hernán Bresani, Nancho y Mario; un sobrino hijo de Javier Mispireta, José Alonso que era acólito y me ayudaba a Misa de vez en cuando; se sumaban a los partidos los hijos de mi hermana Teresa, eran infaltables, Gerardo, Manuel y José Luis, que lo tenía más difícil porque ya estaba en el seminario de Cañete.
Solían acompañarnos en esos partidos algunos chicos que frecuentaban el Centro del Opus Dei, como Álvaro Garván y su hermano Tomás, que luego ingresó en el seminario de Lima y ahora es sacerdote. También llegué a frecuentar la casa de los Garvan y conocí a toda su familia super numerosa, eran 11 hermanos. Los varones eran acólitos en la parroquia de Santa Rosa de Lince. Venían a los partidos de fulbito con sus amigos del barrio.
En esos años frecuentaba todas las semanas la casa de mi tía Bertha que vivía en la av. Basadre de San Isidro, con mi primo hermano Hernán y sus hijos Lorena, Nancho, Jasmin y Mario, que todavía eran adolescentes. Conversé mucho con ellos y algunas veces teníamos alguna clase de ética, con la asistencia de mis primos Hernán y Carlos, los hijos de mi tía Bertha, eran reuniones muy simpáticas e instructivas. En esos años mis primo Hernán decidió agregar un piso más a la casa, como era ingeniero civil, él mismo se encargaba de la construcción y de los acabados.
Mi tía ya había entrado en la década de los 90 años de edad. Poco a poco se fue deteriorando. Estaba habitualmente en cama y ya no quería salir a ninguna parte. Le llevaba la comunión una vez a la semana. La recibía con gran piedad y mucho agradecimiento. Aprovechábamos esos momentos para conversar y era como un libro abierto para contarme la vida de la familia. Me ilustró mucho y me hizo quererla más.
A su edad me preguntaba si era bueno pedirle al Señor que se la llevara a la vida eterna porque todos sus contemporáneos ya habían fallecido. Procuraba darle ánimos y ella se apoyaba bastante en su amor a Dios y en el amor incondicional que tenía para sus hijos y nietos.
El 22 de marzo del 2006, el Señor se la llevó al Cielo. Dejó una herencia espiritual muy valiosa. Fue una magnifica esposa y madre de familia dedicada íntegramente a sus hijos y a su casa. De joven quería ser religiosa pero luego vio que su vocación era el matrimonio. Se caso con mi tío Hernán que también fue un esposo fiel y un padre ejemplar. A mi me daba muchos ánimos, era una persona muy optimista y alegre. (P. Manuel Tamayo. Página Web: Alpakana.org).
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