LAS FAMILIAS CHICLAYANAS 1991
En mi agenda traía el nombre de varias familias chiclayanas, unas las había visto antes en Lima y otras no. En aquellos años vivían en Chiclayo muchas familias numerosas que eran dueñas de haciendas, o de grandes negocios.
No podemos olvidar que en Chiclayo existían varias haciendas azucareras que fueron fincas (generalmente de gran extensión) dedicadas a la siembra y procesamiento de la caña de azúcar.
Las haciendas azucareras en el Perú existieron desde el siglo XVI. En Chicalyo estaban Tumán (familia Pardo), Cayaltí (familia Aspillaga), Pomalca (familia De la Piedra), Batán Grande (familia Aurich), entre otras.
Chiclayo también se caracterizaba por el comercio. Era una ciudad llena de negocios y de famosas tiendas como las galerías Cuglievan, “La Selecta”, pastelería “Mela”, “La Predilecta”, y una gran variedad de tiendas y mercados que ocupaban las principales calles de Chiclayo, como Luis González, Pedro Ruiz, Elías Aguirre, San José y la Av. Balta que nos conducía hasta “Mochoqueque”, inmenso barrio comercial en Leonardo Ortiz.
Las historias de las familias chiclayanas
Chiclayo no era una ciudad tan chica sin embargo todos se conocían y sabían las historias de cada uno. Algunos frecuentaban el Jockey Club, para ir con toda la familia y pasar un día agradable en la piscina o en las instalaciones deportivas. Otros, personas mayores, y fundamentalmente varones, como era la costumbre en aquellos años, frecuentaban el Club de la Unión para hablar de negocios o de política.
En el barrio de Patazca, vecinos a Las Eras, vivían varias familias amigas, que empecé a tratar poco a poco.
A media cuadra de mi casa y frente al parque de Patazca vivían los Barandiarán, una familia bastante numerosa y bulliciosa. Resultaba fácil visitarlos y ellos se alegraban mucho, porque veían en mi un sacerdote joven que podría ayudar a los hijos adolescentes de Isabel y Hugo que eran los papás.
Hugo, trabajó en el Banco Popular y luego se quedó en una casa de cambio que él mismo llevaba en la calle Balta, su esposa Isabel, una magnífica ama de casa y extraordinaria madre de familia, la llamaban “la bebe” de cariño y así la conocía todo el mundo. Ellos tuvieron 8 hijos. Cuando llegué a Chiclayo, todos, menos los dos mayores, eran adolescentes.
Las visitas de mi
mamá
Cuando mi madre me vino a visitar, algunas veces se quedaba hospedada en casa de los Barandiarán. Muchas reuniones las tuvimos allí, donde participaban también otros familiares.
A la hermana de “la bebe” le decían “la pico”, había sido una excelente basquetbolista, estaba casada con un Fiscal, Nicanor La Fuente que era hijo de un extraordinario poeta muy reconocido en Chiclayo, llamado también Nicanor La Fuente, el famoso NIXA; en Patazca ha quedado un monumento de él. Tuve el privilegio de que me escribiera el prólogo de uno de mis libros: “La inteligencia de la sencillez”, que pude publicar el Chiclayo en el CEO de Santo Toribio de Mogrovejo, más adelante, en el año 1993.
A Milka Salcedo la había conocido en Lima, era realmente una institución; cristiana cien por ciento, muy generosa y caritativa, tenía veneración por los sacerdotes y los ayudaba como podía. En Chiclayo conocí a su esposo Jorge que había sido marino, en esos años era el dueño de un grifo que estaba a una cuadra de “Cañal” un centro del Opus Dei donde no vivía nadie y era dedicado fundamentalmente a la labor con universitarios y trabajadores.
Jorge Salcedo les ayudó en distintas ocasiones, sobre todo en la fiesta del Corpus Christi pagado la alfombra que se armaba frente al cañal para que pase el Santísimo.
Mi madre también disfruto con Jorge y Milka Salcedo Cujlivang. Con ellos fuimos a Tinajones de paseo. Fueron momentos que se recuerdan con mucha gratitud (P. Manuel Tamayo).
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