viernes, 24 de abril de 2026

VIAJES A ICA

Desde Cañete había ido varias veces a Ica para visitar a Monseñor Héctor Vera, algunos viajes los hice con el P. Juan Buendía, parábamos siempre para almorzar en la casa de la familia Cámere en Angostura, también aprovechábamos para visitar a un viejo amigo, Oscar Camino, en su hacienda Tacaraca y nos enfrascábamos con él en una larga conversación recordando viejos tiempos, los tiempos en que éramos estudiantes universitarios, cuando Oscar frecuentaba la residencia Los Andes.

En tenido la oportunidad de venir a Ica en distintas ocasiones y visitar sus atractivos turísticos como Huacachina y los viñedos de Ocucaje y Tacama donde nos explicaban cómo se hace el vino y nos daban a probar un sorbo de los más añejos. Son las empresas vinícolas más importantes del Perú y las que producen los mejores vinos.

En Ica no podía dejar de comprar las tejas originales, las primeras que existieron, que eran grandes, del tamaño de un huevo duro y estaban rellenas de manjar blanco y pecanas. En esos años todavía no existían las chocotejas.

Ica también me trae recuerdos de mi padre que tuvo sus primeros trabajos profesionales en esta ciudad como Juez y escribió unas poesías que tituló “Romancero iqueño”. Él siempre nos contaba de lo bien que la pasó en Ica, en sus años juveniles, cuando ya había terminado la universidad y después de las travesías que tuvo en la selva cuando el país había sido azotado por una fuerte crisis económica. De esos años, difíciles para mi padre, conservamos varias cartas. En cambio cuando llegó a Ica todo había mejorado y él empezaba allí su carrera judicial. 

El fuerte calor de Ica no se siente tanto cuando uno se resguarda a la sombra de los inmensos ficus que hay en la plaza de armas. Como el clima es seco la sombra es fresca. 

Como me gusta mucho el fútbol, no dejo de averiguar cuales son los mejores equipos de provincia y dónde juegan.  Esta afición la traigo desde que estaba en el colegio, siempre me jacté de saber de fútbol, aunque tenía compañeros de colegio que eran una verdadera enciclopedia, sabían los nombres y apellidos de todos los jugadores. Yo aprendí mucho coleccionando figuritas para llenar los álbumes de los mejores jugadores del mundo.  

Ica tiene un equipo conocido en Lima, el Octavio Espinoza, que tiene también su estadio que lleva el mismo nombre. Hace muchos años cuando yo era chico, iba con frecuencia al Estadio Nacional para ver los partidos del campeonato local;  existía, en la primera división del fútbol peruano un equipo que llevaba el nombre de “Centro Iqueño” ; era un buen equipo y muy competitivo, de allí salieron jugadores para la selección nacional.

Pero esta vez, el año 2012, hice un viaje a Ica para presentar un libro, el último que había escrito, “Educar para comunicar”, un pequeño ensayo sobre los sistemas educativos y los medios electrónicos de la actualidad y el efecto que tienen en los educandos.  

La presentación fue en el colegio inglés a un grupo de profesores, padres de familia y amistades. Quedó todo muy bien, gracias a los amigos iqueños que fueron muy generosos para organizar la presentación. 

Otro día, Monseñor Héctor me pidió que regrese para hacer una presentación en una sede del obispado para los profesores de los colegios de Ica. Él se encargaría de hacer las invitaciones. 

Unas semanas después regresé, para esa presentación, que tuvo lugar en un ambiente bastante grande donde estarían 100 profesores de colegio más o menos. Me presentaron como experto en educación; no lo era tanto, aunque mi carrera profesional es Ciencias de la educación; lo que pasaba es que, al ordenarme sacerdote, no pude tener una buena experiencia profesional en los ámbitos educativos. De todos modos dí la clase. Al terminar me hicieron varias preguntas y quedamos todos muy contentos. No faltaron los que me pidieron que escribiera algunas palabras en los libros que habían comprado.

En esos días, que fueron bastante intensos, el presidente regional de Lima me pidió que preparara una nueva edición de mi libro para regalarlo a sus profesores de Cañete y Huacho. Mandé hacer una edición especial, con la misma portada, pero con distinto color. La original era de color marrón y la nueva, color celeste.

Gracias a Dios la publicación tuvo buena acogida. Se pudieron vender varios libros y me alegra sobre todo porque pude transmitir algunos criterios para ayudar a los maestros en la educación con las nuevas técnicas electrónicas, que están en boga y  que están extendiéndose por todas partes.

Los alumnos deben aprender a manejar los teléfonos. Todavía existe un desorden, bastante grande y generalizado, que impide la comunicación en las relaciones humanas. Estar mirando todo el día el teléfono y en todo momento se ha convertido en un vicio que está haciendo daño en los ámbitos familiares y también en los laborales. 

Estamos dando clases para enseñar el uso virtuoso de los sistemas electrónicos de comunicación. Los aparatos son un gran invento que ayudan y facilitan la comunicación, pero hay que manejarlos con orden y prudencia. De allí que hay que educar para comunicar mejor y con gran eficacia. (P. Manuel Tamayo. Página Web: Alpakana. org).

 

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