viernes, 17 de octubre de 2025

 LA ERMITA DE CANCHARÍ

Cancharí son unas ruinas que estuvieron dominadas por los Huarcos, una población indígena que, en su tiempo, fueron rivales de los Incas. Tiene un territorio extenso entre Cerro Azul y San Vicente.

En una de las colinas, pasando San Luis y muy cerca de San Vicente, luce una simpática ermita que desde hace unos años lleva el nombre de “la Virgen de Cancharí”

José Alberto Lasunción, (ahora está muy mayor y retirado de todas sus actividades) era un ingeniero muy versátil, tenía varias empresas en Cañete y en los alrededores: desmotadoras, construcción, carpintería y ordenaba su tiempo para poder estar en todo. Construyó algunas casas y con las desmotadoras consiguió máquinas y muchos recursos para sacar adelante sus proyectos. En Valle Grande hacía los arreglos en la casa de los ingenieros y en la de retiros, que también la usaban los alumnos de la escuela agraria. José Alberto era un hombre que tenía capacidad para darle trabajo a muchas personas. El día que tocaba pagar a sus empleados iba al banco, sacaba el dinero y con una lista en mano le pagaba a cada uno, su sueldo, en metálico. Gracias a Dios nunca lo asaltaron.

Un buen día decidió hacerle una ermita a la Virgen en una pequeña colina situada al lado de la hacienda Arona y pegada a la carretera Panamericana. Yendo en auto por la carretera se alcanzaba a verla.

Como la ermita estaba en la cima de la colina había que construir también un camino, que subía desde la carretera. Serían unos 100 metros más o menos.

Todos los años en la fiesta de la Inmaculada se celebraba allí la Santa Misa con una asistencia numerosa de peregrinos. Los demás días del año se organizaban romerías. Era agradable estar en la pequeña explanada rezando el Santo Rosario o conversando con algún amigo.

 

La Hacienda Arona

Muy cerca de Cancharí está la hacienda Arona, de Luis Alayza. Se entra desde la carretera por una pista llena de árboles hasta la casa hacienda, un poco más al fondo se encuentra una cancha de fútbol, que fue siempre muy solicitada.

Recuerdo entrañablemente los partidos que jugamos allí con los chicos de Valle Grande o con los sacerdotes. Un día organizamos un equipo con Juan Luís Cipriani y Andrés Álvarez Calderón, que eran buenos futbolistas, y nos fuimos a jugar con un equipo de la hacienda. No recuerdo quien ganó, pero sí recuerdo que al final del partido había que tomar cerveza con un solo vaso para todos. Esa era la costumbre.

Cerca también estaba “Milquito” una empresa que vendía leche y quesos, que en esos tiempos tuvo fama y prestigio en todo el Perú. La llevaba Germán Echecopar, que era amigo nuestro, cuando íbamos a visitarla nos atendía muy bien y nos invitaba a probar sus productos.


La hacienda Montalbán

La hacienda Montalbán también estaba cerca, pero en esos años se encontraba un poco abandonada. Pedro Beltrán ya había fallecido y al menos yo no conocía a nadie de la hacienda y tampoco veía que alguien fuera a visitarla. Paco Coll nos contaba de las invitaciones que le hacía el mismo Pedro Beltrán en los primeros años de Vallegrande, cuando todo era Radio ERPA, Escuelas Radiofónicas, Populares, Americanas.

Con Pedro Beltrán sólo llegaron a tener amistad los ingenieros de Valle Grande, que aún no llegaban a los 40 años de edad. Eso ocurría en los años 67 del siglo 20.

Ahora en los terrenos de Pedro Beltrán están Valle Grande, Condoray, El Santuario de la Madre del Amor Hermoso y la empresa de ómnibus “Perú Bus” tiene ahora, en un espacio, cerca de la carretera, su terminal de buses y han construido además un grifo para el abastecimiento de sus unidades y para los que quieran utilizarlo. (P. Manuel Tamayo, Página Web: alpakana.org).

 

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