BEATIFICACIÓN DEL FUNDADOR DEL OPUS DEI, 1992
Mons. Álvaro del Portillo nos dio la noticia de la próxima beatificación de Mons. Escrivá, que sería en la plaza San Pedro, a cargo del Papa Juan Pablo II.
Al escribir estos recuerdos me llena de emoción pensar que ahora Mons. Escrivá y el Papa Juan Pablo II ya están canonizados y Mons. Álvaro del Portillo es Beato.
Unos años antes, el 6 de enero de 1991, el Papa Juan Pablo II había conferido a don Álvaro la ordenación episcopal, como Obispo Prelado del Opus Dei.
Todo fue muy rápido hasta que llegó el día de la beatificación del Fundador del Opus Dei.
El 17 de mayo de 1992 era cumpleaños de mi hermana Teresa que falleció el 2008 por un cáncer incurable. Yo estaba en Chiclayo y la llamé por teléfono para felicitarla. En esos años todavía no había los celulares, era una llamada de larga distancia.
En la víspera, si se tiene en cuenta la diferencia de hora con Europa, nos habíamos quedado por la noche para ver en la televisión la ceremonia de beatificación de Mons. Escrivá desde la plaza San Pedro.
Conseguimos, una antena parabólica, (algo extraordinario en aquella época), que captase la señal del satélite. Había que mover la antena continuamente. Nos habían dicho que un canal español iba a transmitir la ceremonia de beatificación. Nos costó mucho conectar la señal y cuando lo conseguimos ese canal estaba transmitiendo la celebración de San Juan Pascual Bailón en una ceremonia protocolar con la asistencia de los reyes de España. Pensábamos que el canal cambiaría en algún momento su transmisión a la plaza de San Pedro, pero no ocurrió. No pudimos ver por televisión en directo la beatificación de Mons. Escrivá.
Nos comunicamos con Lima y nos contaban que habían tenido el mismo problema, pero al amanecer lo habían arreglado. Muchos estaban en un hotel y pudieron ver la ceremonia en directo.
Nosotros tuvimos que contentarnos con verla en diferido. Para todos era tremendamente emocionante e impactante.
La plaza San Pedro estaba abarrotada con 300 mil asistentes. Fue un día de acción de gracias inolvidable.
A Chiclayo empezaron a llegar varias ediciones de la beatificación con la repercusión que había tenido en todo el mundo. Mons. Álvaro del Portillo, que era el Prelado del Opus Dei, nos transmitía su alegría. Era justo que el Fundador del Opus Dei, que tuvo que pasar por muchas penurias para sacar la Obra adelante, y que dio su vida por la Iglesia, sea beatificado y llevado a los altares.
La gratitud al Papa Juan Pablo II, estaba en nuestros corazones. Un Papa santo que cambió el mundo, viajando y dejando muchos testimonios de vida cristiana por todos los lugares por donde pasaba. Todos querían ver al Papa y salían a las calles para pararse en una esquina tan solo para verlo pasar, eso ya era una gracia de Dios.
Mons. Álvaro del Portillo se ponía muy contento cuando veía a personas del Opus Dei acercarse al Papa y manifestarles su cariño. Siempre nos pedía oraciones para el Papa. Era muy amigo de San Juan Pablo II.
Alguna vez el Papa lo llamó por teléfono, Don Álvaro se ponía de rodillas para hablar con él. El Santo Padre llamaba para pedir la oración del Opus Dei por un tema determinado. Don Álvaro nos transmitía enseguida el encargo del Papa y todo el Opus Dei estaba rezando por una intención del Santo Padre.
En Chiclayo celebramos por todo lo alto la beatificación de Mons. Escrivá. Ahora había que imprimir las estampas para pedir por su canonización. En “Las Eras” aprovechamos para pasar las tertulias filmadas del Beato Josemaría.
Fallecimiento de mi tío y padrino
Estaba en Chiclayo cuando falleció Augusto Tamayo Vargas, Académico de la Lengua y literato. Escribió “La historia de la Literatura peruana” y muchas novelas y poemas. Era mi tío y padrino, hermano de mi papá. Estaba muy delicado con diálisis casi a diario. Fue catedrático y decano de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la UNMSM, así como rector y profesor emérito de la misma casa de estudios.
Mi tío Augusto era un hombre muy ocupado, metido siempre en su literatura, aunque en alguna etapa se dedicó a la política, fue ministro de educación por un día en el último gabinete de Fernando Belaunde que fue interrumpido por el golpe del General Juan Velazco Alvarado. En los tiempos de Velazco fue director del diario La Crónica, allí pude publicar algunos artículos doctrinales de mi autoría. (P. Manuel Tamayo)
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